El detective, el escritor

La guarida del viento
Leonardo Padura
Leonardo Padura (EFE)

El escritor, como el detective, se obsesiona con descubrir la verdad, si existe alguna, detrás de las apariencias. Escribir es un acto subversivo. El criminal, en cambio, busca mantener el orden imperante. El escritor, como el detective, es un inconforme.

Todo lo anterior es especialmente cierto en las novelas policiales de Leonardo Padura, que esta semana visitó la Feria del Libro de Lima. Padura tiene una voz pausada y un lenguaje preciso para referirse a sus novelas (la más reciente, La transparencia del tiempo, con Conde como protagonista, aparecerá en unos meses). Una de sus frases es que como novelista policial necesita tener un muerto al comienzo del libro y un culpable al final. Pero lo que le interesa realmente es la exploración de la sociedad y los individuos que puede hacer en el medio. Mientras lo veía, pensaba que en sus investigaciones sobre el Inca Garcilaso y sobre Alejo Carpentier a lo mejor anida un impulso parecido al de su ficción, el de la búsqueda de los orígenes.

En las novelas de Padura siempre aparece un impulso original: ¿qué fue lo que pasó? Este impulso está en la raíz de Vientos de Cuaresma, donde no sabemos cómo murió Lisette, la profesora de costumbres licenciosas que aparece estrangulada en su apartamento. Ocurre en Pasado perfecto donde desaparece Morin, el hombre que está casado con Tamara, uno de los amores de la vida de Conde. Ocurre también en Herejes, donde el único recuerdo de la vida de la familia Kaminsky es ese cuadro de Rembrandt, una pista de la nostalgia para Elías Kaminsky, que quiere de sus antepasados.

Saber qué pasó es la pregunta que anima también a El hombre que amaba a los perros, donde se indaga en el misterio de la vida de Ramón Mercader. En esa novela lo sabemos todo sobre Trotsky pero poco sobre Ramón Mercader, quien perdió su nombre durante muchos años solo para recuperarlo sobre su tumba.

Las novelas de Padura se enfrentan a enigmas que se sintetizan en las preguntas sobre quiénes son sus personajes y quiénes somos nosotros. No en balde su detective Mario Conde es también un escritor.

En su discurso en la Universidad Católica del Perú, Padura se refirió a sus raíces en La Habana y, en especial, al barrio de Mantilla. Los novelistas son novelistas sobre ciudades, no sobre países, recuerda. En Padura vibran las luces y las sombras de una ciudad que mira al malecón. “Soy porque pertenezco”, resumió. La Habana está viva en sus novelas. Y allí vivimos también sus lectores.