Sin engaños

Opinión
Ilustración Juan Palomino
Ilustración Juan Palomino

La única forma de escribir para niños es la misma que para todo texto literario: sin engaños. Eso de “tomarle el pelo al joven lector” llenando las páginas con una sobrepoblación de diminutivos, exceso de signos tipográficos, desbordantes adjetivos y otras estrategias elementales no puede traer nada bueno. Eso no es escribir ni para niños ni para adultos. No es escribir, punto.

Me llama la atención que con frecuencia encuentro un notable descuido literario, estilístico, en los libros para jóvenes y niños, como si la historia en sí no necesitara de las palabas para ser contada o las ilustraciones fueran sustituto del texto. A mí lo que me llena de entusiasmo es la posibilidad de que tal vez como escritores podemos abrirle al lector una o muchas puertas por vez primera, como es probable que nos haya ocurrido en nuestra juventud con algún libro que nos acercó para siempre a la lectura. Esa curiosidad inexplorada, ese asombro inicial, muchas veces define el rumbo de una vida.

Al contar una historia es emocionante tratar de que aquello que parece lejano no lo sea; hacer del personaje alguien que, como  ocurre en la vida cotidiana, tiene preocupaciones, ideales, enemistades, logros. Esa lucha entre lo interior y el exterior me parece llena de ánimo. Los héroes son personas como nosotros que por algún motivo —tal vez tan sencillo como solo levantarse de la cama— un día deciden transformar su vida y la de los demás. La fantasía es, desde luego, un recurso maravilloso, pero si se abusa de ella la gravedad del fracaso la derriba.

Hace poco envié a una editorial un libro sobre animales en acrósticos rimados que describían alguna característica, a veces más humana que animal.

Con tacto y amabilidad la editorial me escribió para comentarme el dictamen: la lectura resultaba cansada y al no tener el libro un hilo conductor el texto se sentía forzado. Siempre agradezco la crítica constructiva y me di cuenta de que, por más que a mí me gustaran mis rimas, quizá no eran sino un divertimento. A veces se gana pero también hay que saber perder, retirarse a tiempo, por el bien de todos y para no engañar a nadie.