Nada en el ahora

Poesía en segundos
Todo en el ahora (Conaculta/ Libros Magenta, 2014).
Todo en el ahora (Conaculta/ Libros Magenta, 2014). (Especial)

México

Al terminar la lectura del libro de Roberto Tejada nos queda una impresión contradictoria. A pesar de que Todo en el ahora (Conaculta/ Libros Magenta, 2014) tiene un evidente carácter lírico, la mayor parte de las composiciones son, en su forma huidiza y distante, una poesía que ya casi no parece poesía o que lo parece de un modo estereotipado. Entre el efecto de un lenguaje indudablemente literario y la divagación solipsista —de tan subjetiva— nos dejamos llevar, pero también nos perdemos.

Todo el tiempo intentamos penetrar la superficie de un lenguaje receloso, correlón, sincopado, persiguiendo quién sabe qué cosa en una pista resbaladiza llena de omisiones y rodeos deliberados, trazados con facilismo. No tenemos forma de bajar ni de subir y no podemos saber qué falta y tampoco adivinar qué sobra en este juego de representaciones comprimidas o arrugadas o incompletas. En ciertos momentos saltan chispas o resplandores y entonces una frase o incluso un texto nos revela un punto de entrada y sentimos que nace una ilusión, una intuición. Atisbamos un sendero, pero rápidamente lo perdemos en las siguientes líneas o poemas.

Lo fragmentario, sin más motivo que un sueño nebuloso o una fantasía individual intransferible —esos que todos tenemos cuando despertamos o nos quedamos pasmados—, dirige no el entendimiento o la conciencia, sino de manera literal los ojos sobre el papel. Nos vemos envueltos en una lectura "estética" que no alcanza a llegar a la otra orilla, más allá de la palabra o de la página. Los poemas no crean un diálogo y una comunión con nosotros mismos y con el otro y, por lo tanto, no nos permiten tirar un lazo hacia el texto. Quedamos aislados en esa isla de rodeos y omisiones. Estamos —así lo dice un verso del primer poema— en lo "elusivo puro mental absoluto".

Sin embargo, en Todo en el ahora hay algo muy interesante, algo que no es frecuente encontrar en esta clase de sinuoso ensayo poético. Encontramos una paráfrasis de los procedimientos esenciales de creación del propio libro y quizá —en esta dirección— la tentativa de exponer y justificar, más allá de la forma, una idea de escritura fracturada.

En el poema 5 de la sección "Cuerpo accidente", Tejada nos revela los cortes que realizó sobre las frases (principalmente en los elementos relativos al sujeto y sus cualidades) y nos muestra el resultado de la supresión de los nombres comunes: una síntesis quebrada y el predominio de la elipsis sobre cualquier otra figura del lenguaje. Al comenzar este texto nos dice: "El claro del bosque es así: el tejido verde afelpado en que los nombres de las cosas habían dejado de importar". En esa pieza podemos entender la configuración de no pocas de las composiciones del libro y nos enfrenta, si logramos finalmente entender algo, al ejercicio del vislumbre y a la plenitud perdida en la sintaxis recortada. En la ilustración de ese ejercicio, Todo en el ahora adquiere por un instante un por qué y una dimensión reflexiva, consciente y, aunque sea más una técnica que una visión verdadera, logra una pertinencia.

Es claro que el libro de Tejada quiere repetirnos el lema moderno de "Aquí y ahora", agregándole —algo también ya manido— la fragmentación. Es difícil estar de acuerdo con Tejada y la lectura de los poemas resulta vana. Sin embargo, es muy apreciable —e ilustrativo de lo que ocurre en una parte de la poesía actual— la exposición honesta y clara de uno de los procedimientos esenciales de su escritura.