Dios y las razones de Freud

Merde!
Los actores Álvaro Guerrero y Luis de Tavira
Los actores Álvaro Guerrero y Luis de Tavira (Especial)

Hay ciertos momentos del teatro comercial sublimes frente a eso que llamamos teatro comprometido, experimental, independiente, de grupo, o alternativo. Cuando sucede deberíamos correr a ver la experiencia porque la escena necesita de esos alientos para su vigencia en las artes. La última sesión de Freud, de Mark St. Germain, dirigida por José Caballero e interpretada por Luis de Tavira y Álvaro Guerrero, es teatro con todas sus mayúsculas.

No solo es la actuación de Luis de Tavira, por generaciones el difusor del teatro serio, propositivo e innovador, con grandes autores y temas donde la profundidad es lo que importa y exige del público rigor y conocimiento para no dormirse en sus butacas porque al teatro se va a pensar. De Tavira interpreta a Freud gracias a Ortiz de Pinedo Producciones. De Tavira abandona la dirección para dejarse llevar por José Caballero, su discípulo. Los logros son relevantes.

Pero Álvaro Guerrero no queda atrás en la confrontación. C. S. Lewis, el autor de Lascrónicas de Narnia, católico (Tolkien, el autor de El señor de los anillos, fue en parte responsable de su retorno al cristianismo), visita al psicoanalista Sigmund Freud, agnóstico, en 1939. Por consigna, Dios y la religión fue el diálogo entre ellos. Y las chispas que salieron en la discusión, el ingrediente para que los espectadores quedaran paralizados con el encuentro. Actuaciones electrizantes. La duda sobre creer o no quedó como prueba de la inteligencia de los hombres para quienes la ciencia es primero.

He visto a Luis de Tavira interpretar El príncipe de Homburgo, de Von Kleist, dirigida por Julio Castillo; Esperando al zurdo, de Clifford Odets, por Germán Castillo; y ahora este Freud con Caballero parece encarnado, redivivo. Lewis-Guerrero se cimbra ante los razonamientos de Freud-De Tavira. ¿Darwin o Dios? Difícil. El público queda choqueado y se rinde ante las actuaciones, de pie. De Tavira y Guerrero son hechura de Stanislavski, Grotowski, Brecht, y desde luego del maestro Héctor Mendoza. Caballero supo hornear esos métodos de actuación para lograr sus objetivos.

Pocas veces el teatro comercial brinda posibilidades de creación colectiva, con calidad interpretativa, de dirección y la escenografía de un clásico: Alejandro Luna. Apuestan por el nombre de un famoso. El elenco que lleva al teatro a la gente. El lleno total. Pero no toman en cuenta el prestigio de una tradición teatral, en manos de quienes lograron que La última sesión de Freud fuera el éxito que es. Sí, es verdad que St. Germain es lotería ganada en Broadway; sí, Ortiz de Pinedo sabe de dinero y apuesta segura. Pero el talento creativo es un misterio que nadie esperaba en el Teatro López Tarso de San Ángel.

Si no va, se quedará sin entender las contradicciones de Dios y las razones de Freud.