Eduardo Quiroz: “Hablar del medio ambiente parece un acto romántico”

Una comunidad de Baja California es el escenario de “La tortuga primordial”, que aboga por una pesca amigable
(Especial)
(Especial)

La pesca es uno de los principales enemigos de la tortuga. Algunas, como la carey, laúd y amarilla, se encuentran en peligro de extinción. A pesar de la veda, en zonas como Baja California los resultados no son siempre óptimos debido al estilo de vida de los pescadores, quienes la incorporan a la fauna de su región como símbolo de identidad e incluso de dieta alimenticia. Con el fin de propiciar una reflexión al respecto, el documentalista Eduardo Quiroz presenta la película La tortuga primordial.   

¿Cómo nace su interés por hacer un documental como “La tortuga primordial”?

La ecología siempre me ha interesado. Antes de estudiar cine hice la carrera de comunicación y mi tesis tenía que ver con un análisis sobre el tratamiento de los temas ecológicos en la televisión. Después, a través de Gaby Kircher, conocí una ONG que nos planteó una serie de conflictos relacionados con la pesca incidental y el cuidado del medio ambiente. Fue así como comenzamos a desarrollar el proyecto.

¿Por qué ubicar el conflicto narrativo de la película en la oposición entre la forma de vida de los pescadores y la veda de especies como la tortuga?

Lo que más nos interesó fue la captura incidental. Al principio, había reticencia de la ONG porque los pobladores estaban en medio de un conflicto y no querían hacerlo más grande. Entramos poco a poco, hicimos entrevistas sobre los esfuerzos de conservación y se abrió el tema de la pesca incidental de la tortuga amarilla. En el mundo hay siete especies de tortugas marinas y cinco de ellas llegan a Baja California. Además, es el estado con más litoral de México y la relación de sus habitantes con el mar y con estos animales es muy profunda. La tortuga forma parte de su cultura, incluyendo la culinaria. Que de pronto hubiera una veda y obligara a cambiar este vínculo fue muy fuerte para la población.

Una veda que no se respeta, según consigna el filme.

Se han hecho esfuerzos que desde luego han tenido consecuencias. En los años noventa, la tortuga prieta se vendía muchísimo en el mercado negro porque se supone que es la más sabrosa. Tuvimos la suerte de encontrar y hablar con un personaje como el Gordo Fisher, quien narra su paso por la cárcel, aunque después se unió al grupo tortuguero. Hay un riesgo de extinción, sobre todo de las tortugas laúd, carey y amarilla.

Cuando uno hace un documental ambientalista se busca claramente incidir en la realidad. ¿Qué ha ocurrido a partir de su película?

Es interesante. Cuando abordas un tema vinculado al medio ambiente parece un acto de romanticismo. Sin embargo, quisimos ahondar en un conflicto como el de la pesca incidental. Intentamos ilustrar el conflicto que representa porque hay mucha gente que vive de la pesca y no es tan sencillo prohibirla. Nos propusimos plantear soluciones como una pesca con herramientas más amigables, pero en especial nos ocupamos de mostrar que la esperanza está en los niños porque tienen una relación con la naturaleza distinta a la nuestra: son más sensibles. Las futuras generaciones tienen mucha responsabilidad, pero también tienen muchas herramientas para enfrentar este fenómeno.