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Domingo , 21.10.2018 / 12:49 Hoy

La armonía de dos lenguajes

Reseña

Los proyectos fílmicos en los que trabajó Carlos Fuentes buscaban condensar el lenguaje cinematográfico y el lenguaje literario
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El cine de Carlos Fuentes (Ediciones B, 2018), de Iván Ríos Gascón, describe los momentos inaugurales del invento de los hermanos Lumiérè, recuerda el papel fundamental de Georges Meliés en la construcción del discurso cinematográfico, habla del surgimiento de la cinefilia en México y establece las coordenadas de la literatura mexicana en los años cincuenta, en la que se inscribe el autor de Zona sagrada.

El libro ofrece también apuntes sobre la fotografía y el discurso cinematográfico; sobre la historia y los vaivenes de la adaptación cinematográfica, de la que participó Carlos Fuentes en repetidas ocasiones, como sucedió en las películas El gallo de oro y Pedro Páramo, basadas en las obras homónimas de Juan Rulfo. En la primera, hizo la adaptación con Gabriel García Márquez y en la segunda con Carlos Velo y Manuel Barbachano Ponce. Guionista de películas como Tiempo de morir, con García Márquez, Fuentes escribió argumentos basados en sus propias historias. Por ejemplo, los de Un alma pura y Las dos Elenas, del libro de cuentos Cantar de ciegos, del que Sergio Olhovich llevó al cine “La muñeca reina”. Ríos Gascón se detiene en cada uno de estos relatos en los que asoma el drama, la tragedia, la comedia y la parodia de nuestro país.

El cine de Carlos Fuentes reflexiona sobre el trabajo de un autor cuya mayor aspiración —dice Ríos Gascón— era condensar “la armonía de los dos lenguajes”, el literario y el cinematográfico. Esto sucede en La región más transparente, plena de imágenes y matices de los “lugares comunes” del cine mexicano; sucede con Aura, un relato fantástico que —según Christopher Domínguez— “avalaba al primer narrador total de nuestras letras”. Resulta inocultable el entusiasmo de Ríos Gascón por Los Caifanes, filmada en 1967 por Juan Ibáñez con guión de Fuentes. Esta película —afirma— “es una especie de compendio de lo mejor y lo peor que habita en La región más transparente. (…) Es el “viaje a través de la noche de una pareja de burgueses y un cuarteto lumpen”, en el que la Ciudad de México no es escenario sino “protagonista principal de este naif choque entre culturas”.

En 1972, con la adaptación fílmica del cuento de Juan Rulfo “No oyes ladrar los perros”, concluye el oficio cinematográfico de Fuentes, pero no, desde luego, su pasión por el cine. En su libro, Ríos Gascón habla asimismo de la novela Gringo viejo, filmada en 1989 por Luis Puenzo; rememora su amistad y conocimiento del cine de Luis Buñuel y el efímero romance con Jean Seberg, que daría origen a su libro Diana o la cazadora solitaria

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