La patética propaganda

Hombre de celuloide
'Yo, Daniel Blake', de Ken Loach
'Yo, Daniel Blake', de Ken Loach (Especial)

Suele suceder con Ken Loach. Uno comienza realmente entusiasmado con sus películas. No solo con la historia, que en este caso no fue escrita por él. Es todo: la actuación, la dirección y, en suma, el arte. Yo, Daniel Blake tiene un inicio muy bueno. Uno se involucra de inmediato con el protagonista, el viejo desempleado inglés que lucha contra la pobreza y se encuentra un día en una oficina de gobierno con una madre soltera tan atractiva como la historia misma. Caen bien los personajes. Parecen extraídos de un suburbio del primer mundo. Loach tiene el ojo de quien sabe mirar a la gente en un autobús. Y uno quisiera reconsiderar entonces las críticas que ha lanzado contra la Palma de Oro en Cannes. Confesar que esta vez Yo, Daniel Blake realmente merece la distinción. Que ha triunfado el cine.

Pero vuelve a suceder: Ken Loach se embarca en un discurso que termina fastidiando. No se trata solo de que el autor acabe por justificar a un personaje que, decían las abuelas, “busca trabajo rogando a Dios no encontrarlo”; la verdad es que la historia termina desmoronándose. Y no es que la denuncia social sea inoportuna. El cine inglés se caracteriza por comedias que giran en torno a personajes de clases bajas que luchan duramente por sobrevivir. Full Monty en 1997, por ejemplo, divierte y da conciencia. Están también, en Bélgica, los hermanos Dardenne con su discurso cristiano y social. Entonces ¿qué es lo que hace Ken Loach que uno termina con este discreto dolor de cabeza? Su narrativa resulta tan tendenciosa que uno sale realmente fastidiado. Aquí están el sistema, la burocracia, la policía, la prostituta buena, el viejo que ha perdido el trabajo, el hombre negro que se ha vuelto pirata de zapatos deportivos. Todo termina por ser un cliché pues Loach más que amar a sus personajes los utiliza para hacer ideología. No está mal de ninguna manera el cine socialista. Al contrario, con el giro político que ha dado el mundo es el mejor momento para esta narrativa pero Yo, Daniel Blake es cine moralista. Más que un mundo, es la caricatura de un mundo en que uno reconoce la injusticia social y al pobre hombre que se ve completamente trascendido por las computadoras y los teléfonos inteligentes, pero no importa: uno sale del cine con sabor a propaganda.

Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake).Dirección: Ken Loach. Guión: Paul Laverty. Fotografía: Robbie Ryan. Con  Dave Johns, Hayley Squires. Reino Unido, 2017.
@fernandovzamora