Del gozo de hallar y difundir textos a la deriva

En Facebook hay una página dedicada recuperar la zona de creación de José Emilio Pacheco ajena a su bibliografía oficial. De sus orígenes y logros escribe el administrador de esta cuenta
'José Emilio Pacheco: textos a la deriva', ubicada en Facebook
'José Emilio Pacheco: textos a la deriva', ubicada en Facebook

Igual que la de muchos lectores, mi deuda con José Emilio Pacheco es inmensa. Las circunstancias de mi acercamiento a su obra poco importan, solo apuntaré que su “Inventario” influyó de manera decidida en mi vocación y sus poemas enriquecieron mi modo de ver el mundo, de percibir el amor y la pérdida.

Interesarme por su obra visible me llevó a advertir que había también otra más amplia, menos conocida y, sin embargo, asequible en librerías de viejo. La aparición de José Emilio Pacheco ante la crítica (1987), de Hugo J. Verani, con su vasto índice hemero–bibliográfico, proveyó el norte a tales exploraciones que, aunque menos frecuentes en décadas posteriores, se mantuvieron vivas.

En 2014, el inesperado óbito del poeta encendió la certeza de que era necesario hacer algo para intentar, si no saldar esa deuda, sí descargarla. A los pocos días, en Laberinto fue publicado un llamamiento de Gabriel Zaid titulado “Inventario: la obra de José Emilio Pacheco” que se volvió edicto:

Hay que admirar y agradecer el amor al oficio y a los textos ajenos que demostró Pacheco. […] Hizo talachas a las que nunca “descenderían” hoy muchos becarios, periodistas culturales e investigadores que tienen cosas más importantes que hacer que cuidar los intereses del lector anónimo.

Hay que cuidar de esa manera su obra, respetando los libros que él mismo organizó y revisó, pero recogiendo lo que está a la deriva. […] Hay que hacer inventario, y proceder a la pepena, por lo pronto tal cual. […] No hay que esperar a terminar. […] Con buenos cimientos, se puede construir algo perdurable.

A sabiendas de que la incuria y la amnesia son rasgos de nuestra memoria cultural —rasgos contra los que Pacheco batalló en todos los frentes—, el 12 de febrero de ese año apareció en Facebook el primer post de José Emilio Pacheco: textos a la deriva. Desde entonces se ha traído de nuevo a la luz una parte, aún mínima, de aquella zona de creación literaria excluida de la bibliografía oficial.

Entre los hallazgos más sorprendentes a lo largo de tres años está el que, contra las endechas, Pacheco prologó libros de autores mexicanos y extranjeros vivos. Los hasta hoy localizados son, entre otros, para el yucateco Raúl Cáceres Carenzo: Para decir la luz (UNAM, 1973); el juarense Enrique Cortázar: La vida escribe con mala ortografía (Ediciones de Cultura Popular, 1987); el defeño Alberto Blanco: Dawn of the Senses (City Lights, 1995) y para el novelista oriundo de Mexicali Arturo López Corella: Le falta una cruz a mi trago (Editorial Artificios, 2010). A ellos hay que sumar los redactados para el poeta de Sri Lanka, Indran Amirthanayagam: El infierno de los pájaros (Editorial Resistencia, 2001) y el español Vicente Cervera Salinas: Escalada y otros poemas (Editorial Verbum, 2010).

Muchos son los amigos —nuevos y remotos— que han aportado valiosos testimonios. Ellos, y en primerísimo lugar el generoso consentimiento de Cristina y Laura Emilia Pacheco, contribuyen a que en esta página se cumpla el precepto de Alfonso Reyes que, con frecuencia, citaba José Emilio: “Todo lo sabemos entre todos”.


*Lector, melómano y administrador de la página José Emilio Pacheco: textos a la deriva, ubicada en Facebook.