Jarett Kobek. La estrella salvaje

La novela 'Odio la Internet' (I Hate the Internet) ha encendido las alarmas en Silicon Valley y convocado la adhesión de miles de lectores.
Jarett Kobek
Jarett Kobek (Especial)

El escritor estadunidense Jarett Kobek actúa como si debiera explicar a un montón de gente desorientada y que vive fuera de tiempo cómo funciona el mundo de hoy. “Mi primer deber es entretener; lo segundo, y más importante, es informar”, dijo en entrevista telefónica con Der Spiegel desde su casa en Los Angeles, poco antes de tomar el avión hacia Frankfurt, donde participó en la Feria del Libro en calidad de estrella salvaje. A partir de la idea de entretener surge la diversión, aunque también, y muchas veces, una feroz polémica hacia su nueva novela I Hate the Internet (Odio la Internet, 2016).

Se trata de una entretenida sátira que cuenta las aventuras de una exitosa dibujante de cómics llamada Adeline en San Francisco, de sus amigos escritores y del linchamiento digital al que la lleva la publicación de un video ilegal en YouTube. En realidad, el libro de Kobek es una guía a través de Silicon Valley y el universo de la tecnología de Google, Apple y Twitter —350 páginas de un iracundo discurso contra la manipulación de las personas, ejercida a través de las grandes corporaciones y la política de Estados Unidos. 

Odio la Internet describe la indignación de una comunidad que se siente “como si la estuvieran pateando y, aun estando en el suelo, se le sigue tundiendo una y otra y otra vez”. La novela ha tenido un gran éxito, al menos en el mercado estadunidense, por lo que Kobek se ha convertido en la sorpresa del año, sobre todo a raíz de que en marzo recibiera excelentes comentarios y apareciera en la primera página de la sección cultural de The New York Times, donde los críticos ubicaron la escritura de Kobek a la par de la de Thomas Piketty en El capital en el siglo XXI y de Michel Houellebecq en Sumisión.

Desde las alturas, Kobek se ve a sí mismo en un escenario apocalíptico. El servicio de mensajes cortos de Twitter es descrito como “una emisora de noticias breves mediante la cual adolescentes incitan a otros adolescentes a suicidarse, obsesionados con tener sus cinco minutos de fama”. En las torres de oficinas de Wall Street, un mal vestido corredor de bolsa vocifera, con acento de Nueva Jersey: “me cogería por el culo a la madre de cualquiera y luego me rociaría champagne en los genitales, de ése que tiene pepitas de oro”.

Acerca de esta novela, el escritor Jonathan Lethem ha confesado: “La devoré. Su lectura necesita guantes a prueba de fuego”. Kobek recuerda cuán alucinado se sentía: “Durante 14 meses anduve con el manuscrito en mano, de aquí para allá, recibiendo negativas de los agentes literarios. ¡Fue un desastre! Cuando finalmente me decidí a publicarlo, un día vi en un número de la revista cultural francesa Les Inrockuptibles una enorme foto”. En ella aparecía Bret Easton Ellis recostado sobre una cama enorme, concentrado en la lectura de la novela de Kobek. “Ahí me di cuenta de que algo se encaminaba hacia una dirección alucinante”.

Kobek tiene 38 años, es de ascendencia turca y trabajó algunos años para la industria de la tecnología en San Francisco. Desde hace un par de años vive en Los Angeles y ha escrito, entre otras cosas, una larga historia sobre Mohammed Atta, uno de los terroristas islámicos que participó en los atentados de Nueva York. En Odio la Internetdeja que un fornido escritor turco grite orgulloso desde lo alto de una colina en la ciudad: “En realidad soy el único escritor en Estados Unidos que tiene idea de cómo funciona la tecnología. Internet fluye por mis venas. Desciendo de Internet. Sé que toda la información que se transmite por la red, y consideramos necesaria, es desarrollada por nerds en quienes se reconoce su predilección por pésimas novelas”.

Con el tono de un guía de turistas, el narrador intenta describirle a una especie de provinciano predigital del área de la bahía el mundo de la informática y de la sociedad americana; retrata las relaciones entre hombres y mujeres, blancos y negros, ricos y pobres. Kobek presenta al fundador de Amazon, Jeff Bezos, como el creador de “un sitio muy rentable cuyo objetivo es destruir a la industria editorial”. Uno de sus personajes revela que “Internet es la última posición del Patriarcado, desarrollado por hombres instigadores para deshumanizar a las mujeres”. Kobek describe el sistema económico capitalista moderno como “un poder de manipulación cuyo único objetivo es hacer que las personas escriban la mayor cantidad de mierda posible en sus computadoras y teléfonos celulares. Cuanto mayor grado de reticulación se logre, mayor será el beneficio”. Todo ha sido creado para “tentar a las personas a adoptar un comportamiento tan repugnante como sea posible”.

La idea de la “literatura de alto nivel” y las “buenas novelas” incitó a Kobek a desacreditar, por ejemplo, el apoyo que el servicio secreto de la CIA otorgó durante la Guerra Fría a la revista neoyorquina Paris Review. La mayoría de los escritores estadunidenses a los que despreciaba, dice el autor, escribían “”sobre los aburridos asuntos de la gente rica de Nueva York, acerca de sus aventuras amorosas y escándalos, lo cual encuentro humillante y nada interesante”. Odio la Internet puede entenderse desde la perspectiva de una “novela mala” (que no una mala novela), escrita en señal de protesta —aunque con una trama muy fina—, que hace hincapié en las horrendas tensiones asociadas a una política socioeconómica bastante débil, una política de paja. Aquí, el pecado de la protagonista, Adeline, empieza cuando habla de su idea de progreso político y social a un grupo de estudiantes, y después de burlarse de los modelos de conducta supuestamente feministas de grandes estrellas como Beyoncé y Rihanna, se desata en las redes sociales una ola de odio y amenazas de muerte en su contra.

Kobek parece ser consciente de muchas paradojas. Por supuesto, ha escrito en una computadora; por supuesto, su novela se ha convertido en un fenómeno editorial mediante un bombardeo publicitario a través de Internet. “Así se han infiltrado las empresas en nuestra vida, de ahí que no podamos escapar de la Internet”, asegura. Antes de las muestras de júbilo expresadas por sus lectores, no tenía claro qué tan grandes son las heridas y el dolor infligidos a la gente debido a la locura de los medios electrónicos. A diferencia de muchos escritores que han creado libros críticos del poder que ejercen Google y Apple, Kobek comprendió que es inútil seguir discutiendo de manera objetiva y razonable contra el poderío de los nuevos amos. “Cualquier libro crítico de Silicon Valley, al menos los que conozco, confirma los valores que se manejan allí dentro. Mi libro no es el primero al que se debe atacar”.

Al científico estadunidense Ray Kurzweil —especializado en ciencias de la computación e inteligencia artificial— lo llama “el intolerable sumo sacerdote de la idiotez”; al fundador de Apple, Steve Jobs, y al director de cine George Lucas, no los baja de cabrones. Por el contrario, Kobek asigna a la escritora de ciencia ficción, fallecida en 1982, Ayn Rand (La rebelión de Atlas) una fuerza de pensamiento casi diabólica. Rand sigue siendo venerada por algunos importantes políticos estadunidenses por sus teorías sociales. Para Kobek, es quizá “la pensadora más influyente de los últimos 50 años”.

Jarett Kobek es el autor del libro más loco y belicoso que se haya escrito sobre el mundo de la red. Obsceno y repleto de buenos chismes, intenta describir nuestra realidad; al mismo tiempo, lanza las preguntas apremiantes de nuestro tiempo: ¿por qué aplaudimos el enriquecimiento de los CEO a expensas de los débiles y los pobres?, ¿por qué estamos regalando nuestra propiedad intelectual?, ¿por qué el activismo en el siglo XXI es una serie de lecturas moralinas tipeadas en los dispositivos construidos por esclavos? Kobek no se ve más que como el resultado de la cultura del odio repentino y de las extrañas teorías de la conspiración, a las que reprueba con vehemencia.

Der Spiegel, 15 de octubre de 2016
Traducción del alemán: Andrea Rivera