Cervantes el poeta

Poesía en segundos
'El Viaje del Parnaso', texto y contexto (1614–2014), México, 2017
'El Viaje del Parnaso', texto y contexto (1614–2014), México, 2017 (El Colegio de México)

Al leer a autores como James Joyce, William Faulkner, Vladimir Nabokov, Macedonio Fernández o Julio Cortázar rara vez recordamos que eran poetas —no solo por el hecho de utilizar en sus novelas un fuerte impulso lírico sino por la comprensión que poseían de la originalidad del verso—. De igual manera, cuando pensamos en la siempre renovada presencia de Miguel de Cervantes casi nunca distinguimos sus múltiples poemas y su deseo, vehemente, de formar parte de las no pocas y arriesgadas empresas de la poesía.

Varios de los libros de Cervantes están presididos por poemas o, como en el caso de Don Quijote de La Mancha, la trama incluye romances y sonetos. A través de sus personajes, el autor reflexiona aquí y allá con hondura e ironía sobre el mundo poético y, lo que es todavía más divertido, sobre la psicología de los poetas. Así, en la segunda parte del Quijote, aparece un gracioso escritor joven, don Lorenzo, un mozo muy distinto a los de hoy, porque el tierno rapsoda de Cervantes hace gala de humildad y conciencia de leer a los grandes poetas de la lengua y de la Antigüedad. Cervantes, en la voz del Quijote, alargando su sarcasmo, le hace saber al aspirante lírico que en los certámenes —como sucede en nuestros días— el primer lugar está arreglado.

Pero donde mejor podemos ver toda la inquietud y sabiduría poética del expansivo “manco de Lepanto” es en el largo poema, elaborado con tercetos encadenados, Viaje del Parnaso. En este texto hallamos una suma de recursos poéticos y de imaginación notables. La composición nos cuenta cómo el propio Cervantes, ahora como comediante de su ficción, es convocado por Apolo para luchar en el Monte Parnaso contra los malos poetas, poetastros y poetambres. De esta forma, la pieza es una crítica (broma, vejamen, sarcasmo, desahogo personal o política literaria) y, a la vez, delirante ficción con viaje a través del Mar Mediterráneo en una nave construida de versos (dísticos, octavas, sonetos…), y con salto a través del sueño (Somnium), de regreso a Madrid. Por todos lados, el lector no dogmático, sin “aparatos verbales” rioplatenses o texanos, puede regocijarse con versos como “hizo de ojo y dio del pie a las olas” o —al hablar de una giganta igual que Baudelaire y José Luis Cuevas— como estos otros: “Ésta que hasta los cielos se encarama,/ preñada, sin saber cómo, del viento,/ es hija del deseo y de la fama”.

Podemos leer Viaje del Parnaso de manera espontánea y sin la red de correspondencias literarias que una obra implica, porque esta pieza de Cervantes —como toda buena creación— se nos ofrece y regala fresca y joven, pero también la podemos disfrutar de un modo actualizado en términos filológicos y retóricos pues ahora contamos con una nueva lectura crítica del poema (doce buenos ensayos de distintos estudiosos) realizada en El Colegio de México: El Viaje del Parnaso, texto y contexto (1614–2014) (México, 2017). Es un nuevo regalo de esta institución, no solo a la academia sino a la literatura mexicana.