#Joder a México

Los paisajes invisibles
(Especial)
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Fiel a la costumbre de espetar frases desafortunadas (“no soy la señora de la casa”, cuando en 2011 le preguntaron si sabía cuál era el precio de la tortilla, o “la corrupción es un asunto cultural”, hablando en un foro de “líderes” sobre, precisamente, el espinoso tema de nuestra descomposición sistémica), Enrique Peña Nieto ha dicho en otro foro que “Nadie se levanta, un presidente no creo que se levante, ni creo que se haya levantado, pensando, y perdón que lo diga, cómo joder a México”. La locución (no sé si una paráfrasis espontánea o involuntaria del eslogan de su propia administración y que, encima, pronunció en Atlacomulco) apeló a la concordia (¿o la indulgencia?) de los oyentes que, para el caso, lo somos todos, pues el video se viralizó y hasta incitó un hashtag de alcances no precisamente positivos ya que si el que escucha aquello de “joder a México” es alguien juicioso y no uno de esos miles, millones de dolientes a los que el régimen actual sí ha jodido y de la peor manera, le podría otorgar el beneficio de la duda porque no es común, no es natural que un mandatario se ocupe de semejante despropósito: ese presidente hipotético por el que se pregunta Peña Nieto sería un hombre malo, muy pero muy malo, como para emprender el desastre monumental de su país y, sin embargo, en México parece que los malos no existen ni existieron y que solo hay malditos y varias hordas de adversarios que nos salen al paso y, tristemente, terminan jodiendo a México.

Y es que aunque ya sabemos que a Peña Nieto no le gusta leer, no estaría mal que le echara un vistazo a un librito para niños de Fernando Savater llamado Malos y malditos. Con el puro prólogo basta y sobra para que pueda discernir las categorías de los antihéroes literarios. Advierte Savater: “El título de este libro dice: ‘malos’ y ‘malditos’. Son dos formas de resultar culpable bastante diferentes. Los verdaderos malos son así porque quieren: podrían ser buenos, pero prefieren fastidiar al prójimo, abusar de los débiles y apoderarse de lo que les gusta sin respetar a nadie. De estos malos de verdad creo que hay bastante menos de lo que suele creerse. Los malditos, en cambio, abundan mucho más. Llamo ‘malditos’ a los que quieren ser buenos pero acaban haciendo pupa porque los demás no les ayudan, les rechazan o no les entienden. Más que malos, los malditos son buenos con mala suerte. Los malos auténticos se hacen solos; pero a los malditos les hacemos malos entre todos. […] También hay una tercera clase de tipos peligrosos, que no son malos ni malditos, a los que podemos llamar ‘adversarios’. El adversario nos amenaza y es preciso luchar contra él, pero no por eso podemos decir que sea malo: solo es malo para nosotros porque hemos chocado con él. Por ejemplo, un tiburón puede ser nuestro adversario si nos lo encontramos cuando vamos nadando por el mar: el bicho no es malo ni bueno, lo malo es… encontrárselo con hambre”. Hasta aquí la cita, y perdón por lo extensa pero la considero necesaria porque en México la clase política se conforma, quieran o no, de las tres especies que ilustra Savater. Malos, malditos y adversarios. Que cada quien juzgue y encasille a los personajes del pasado o el presente nacional según su apreciación, yo tengo la mía y quizá por eso no puedo estar de acuerdo con aquello de que ningún presidente se ha levantado del tálamo real pensando en cómo joder a México. La historia sugiere lo contrario.

@IvanRiosGascon