“Los distribuidores prefieren invertir en comedias románticas”

'Los parecidos' se instala en ese territorio donde la ciencia ficción convive con el horror
'Los parecidos'
'Los parecidos' (Especial)

En la noche del 2 de octubre de 1968 cae una lluvia torrencial. Ocho desconocidos quedan atrapados en una estación de autobuses a las afueras de la Ciudad de México. En medio del caos, un extraño fenómeno los sorprende, apoderándose de sus cuerpos y convirtiéndolos en seres alienados. En Los parecidos, el realizador mexicano Isaac Ezban rinde homenaje a la ciencia ficción de los años sesenta y plantea una reflexión contemporánea sobre la identidad.

Los parecidos cabe perfectamente en lo que se llama una monster movie.

La película es una carta de amor a la ciencia ficción de los años sesenta. Crecí con estas historias: cada noche antes de dormir veía un episodio de La dimensión desconocida. Hay quien piensa que la ciencia ficción debe tener grandes efectos especiales y explosiones. Yo creo que lo más importante es la carga psicológica.

Es un género que se presta para metáforas sociales y políticas.

En la década de 1960 se usaba para hablar de la Guerra Fría, de los rusos y el miedo al holocausto nuclear. Yo quería hacer algo así, pero ubicado en México. Me gusta contar historias que sirvan como metáforas para temas que me inquietan. Así como en El incidente reflexioné sobre el tiempo, en Los parecidos hablo sobre la identidad.  

¿Por qué decidió usar el movimiento de 1968 para darle un sesgo social?

No hay demasiadas cintas sobre el 68 y menos aún que lo aborden desde la ciencia ficción. Los años sesenta significaron un punto de quiebre; el mundo comenzó a cambiar hacia lo que somos ahora. El movimiento estudiantil me interesa y lo he estudiado. Entonces, como ahora, había una gran inconformidad entre la juventud. Las autoridades nos tratan como si todos fuéramos la misma persona. A partir de ello me pregunté: ¿qué pasa si hago una película de ciencia ficción donde literalmente todos empiecen a volverse la misma persona? 

La identidad es uno de los grandes temas contemporáneos. ¿A qué lo atribuye?

El mundo está cada vez más globalizado. Conviven los miedos, las paranoias y las inconformidades. Somos sociedades homogéneas y la individualidad se diluye. Por eso quería hacer una reflexión sobre qué nos hace ser iguales cuando en realidad somos diferentes.  

El cine de género, como el que usted propone, tiene reglas. ¿Cómo no terminar haciendo filmes predecibles o esquemáticos?

Me gusta hacer películas donde el espectador se pregunte “¿qué pasaría si…?” y que se desarrollen en dos niveles: entretenimiento y reflexión.  La ciencia ficción que me interesa tiene toques del cine de horror pero también de humor, con una clara tendencia a lo bizarro. 

¿Cómo empató al guión con el diseño de producción?  

Hacer una película es crear un mundo con sus propias reglas, nociones y espacios físicos, sobre todo si es una película donde todos están atrapados en el mismo espacio. Antes de que escribiera el guión, ya tenía una visión de cómo debería ser la puesta en escena. El guión se apegó a las ideas que tenía en mi cabeza. Construimos la película con martillo y clavos a partir de lo que tenía en mente.  

¿Qué tan difícil es para un realizador joven la continuidad como cineasta de género?

Es contradictorio. Por un lado, es difícil porque a los distribuidores y a las marcas no les interesa apoyar al cine de género, prefieren invertir en comedias románticas, pero al mismo tiempo he encontrado apoyos gracias a que es algo diferente. Además, hablando de terror, en México hay muchos seguidores.