También los niños quieren ser dios

Hombre de celuloide
'Doctor Strange'
'Doctor Strange' (Especial)

La verdad es que Doctor Strange no se toma demasiado en serio. El director incluso se cura en salud y hace decir a su héroe: “¡Por favor! No me vengas con ‘filosofía’ New Age”. La verdad es que todo en esta película resuma New Age.

Como se sabe, el filme está basado en un cómic que desarrollaron Stan Lee y Steve Ditko, creadores de Spider Man. La gracia de la versión 2016 estriba en que el director revive el espíritu de aquellos años sin que esto se traduzca en la inocencia medio boba de un mundo que Internet ha dejado muy atrás. Los millennials disfrutarán la película justamente por eso. Sus papás y sus abuelos tal vez solo por la nostalgia.

Y es que la historia original apareció en 1963; ha sido llevada al cine en 1978 y no hace mucho, en 2007, en una animación bastante efectiva. Justo por lo trabajado del tema, si tenemos la impresión de que ya vimos esta o aquella escena, quizá sea cierto. El cómic, a pesar de estar más o menos olvidado, influyó a una generación de cineastas. Aquí encontramos, por fin, el origen de La Fuerza de George Lucas, muchos de los chistes de Karate Kid y todo aquello con lo que se ríen los guionistas de Kung–Fu Panda.

El director y la producción han sabido darle a Doctor Strange una imagen propia del siglo XXI, a pesar de que la trama es tan clásica que resulta avejentada: luego de un aparatoso accidente, un exitoso cirujano pierde la destreza manual. Para remediar el trauma se va a Nepal donde encuentra una gurú que le enseña sánscrito en un santiamén. En el tiempo en que Luke Skywalker apenas está saludando al viejo Yoda, nuestro doctor ya está abriendo portales entre Katmandú y la cima del Éverest.

Esta película es claro ejemplo de la razón por la que los ejecutivos de Hollywood están tan interesados en revivir personajes de cómic. No se trata de amor al pasado sino de que en la adaptación de un cómic ya tienen hecha la parte más dura del trabajo, más en una historia tan trabajada como ésta. El director puede concentrarse así en la parte visual.

Salpicado con todos los clichés imaginables, Doctor Strange es cine para niños que tiene dos o tres cosas interesantes para el adulto. No solo la lucha entre el bien y el mal, algo que subyace en todo drama hollywoodense, sino en la creación de un universo tan puritano que hay diablo pero no Dios. Este es el mundo New Age de Doctor Strange, uno en el que la voluntad todo lo puede, uno que favorece la competencia intelectual, el individualismo y aquello que en los años sesenta era parte de la cultura obrera de Estados Unidos. Que el país ha cambiado lo demuestra la contienda electoral entre Clinton y Trump y, sin embargo, a pesar de lo avejentado de la trama de esta película hay algo que sigue siendo cierto. Como habría dicho Malraux en La condición humana: todos los hombres, aun los niños que leyeron este cómic, aun los niños que ven este cine, todos aspiran a ser dios.

Doctor Strange: hechicero supremo (Doctor Strange). Dirección: Scott Derrickson. Guión: Jon Spaihts, Scott Derrickson y Robert Cargill basados en el cómic de Steve Ditko. Con Benedict Cumberbatch, Chiwetel Ejiofor, Rachel McAdams, Michael Stuhlbarg. Estados Unidos, 2016.

@fernandovzamora