Joshua Gil: “El cine es una propuesta de tiempo–espacio”

La amistad de un par de ancianos campesinos en un paisaje desolado, la enfermedad terminal de uno de ellos y el empeño del otro en viajar a la Ciudad de México para filmar el guión que escribió ...
La maldad (2015)
La maldad (2015)

Son las premisas que plantea Joshua Gil en su ópera primaLa maldad (2015), que después de estrenarse en la Berlinale y recorrer diversos festivales llega a México.

¿Cómo nace 'La maldad'?

La película está basada en hechos reales. Rafael, el protagonista, fue un hombre que vivió en Izúcar de Matamoros, Puebla; era un familiar lejano. Un día me contó su historia y me compartió el guión donde narraba la manera en que su mujer lo había abandonado. Eran diez páginas escritas en forma de comedia musical, ranchera, algo muy folclórico. A partir de entonces me planteé la posibilidad de una película con su historia, pero en forma de docuficción.

¿Fue fácil convencerlo de hacer a un lado su idea del musical para realizar lo que usted tenía en mente?

Cuando filmamos ya tenía 83 años de edad y se había quedado sordo. Le comenté que haríamos la película que buscaba pero que lo primero sería dar a conocer las canciones que había escrito; por eso incluimos fragmentos de sus interpretaciones. Al mismo tiempo se interpreta como el campesino que va al IMCINE para pedir dinero, porque había ido a solicitar apoyo. Yo simplemente le dije que fuéramos de nuevo a la institución; de ese modo fuimos armando la docuficción. Por desgracia murió y no tuvo la oportunidad de ver el corte final.

Al final la muerte y el abandono son temas centrales del filme.

Son las líneas de la evolución de la historia. Él y su amigo están preocupados por lo que sucederá hacia el final de su camino. Uno de ellos está enfermo, pero no es muy consciente de ello, y el otro está muy preocupado por pagar su propio velorio. Al final hay una visión romántica sobre la manera en que nos preocupa terminar de manera digna y qué es lo que somos capaces de hacer con tal de cumplir nuestro sueño.

En este sentido, ¿la película se vuelve una metáfora del ciclo de vida?

Hay una metáfora, o mejor dicho, un discurso trenzado con valores como el amor, la muerte, la amistad y la trascendencia. Cada uno de mis personajes intenta contar su historia y sobrevivir en un México convulsionado.

Aunque en 'La maldad' es más importante el cómo que lo que se cuenta.

Quería un acercamiento con el documental para hablar de la verdad como valor principal de la imagen, para vincularla con la naturaleza y con México.

¿Por eso también los planos largos?

Eso obedece al tiempo de la naturaleza. El primer plano, que es el más largo, lo planteé como una introducción a lo que es el mundo de La maldad y a preparar al espectador para lo que viene después: un tiempo más pausado. Al final, el cine es una propuesta de tiempo–espacio.

Esto ha llevado a que algunos críticos ubiquen su filme como contemplativo. ¿Qué piensa de este término?

Ya ha habido propuestas bastante claras dentro de este término. Prefiero alejarme del término y de la manufactura de este cine. Mi búsqueda va por el lado de respetar los tiempos de la naturaleza del personaje y la historia.

Habla de docuficción y de verdad. ¿Hay una necesidad de historias reales?

México necesita conocer su historia y mantener informadas a las personas. La corriente de la ficción, donde abundan las comedias románticas, tiene un mercado muy claro, pero al menos yo intento contraponer historias tomadas del México más profundo y tomar elementos de la ficción me ayuda a exponerlas de manera más digerible.