¿Vigente o perfectible?

La Constitución de 1917 fue obra de una facción, es decir, de una corriente revolucionaria que no representaba toda la Revolución

Me refiero al grupo encabezado por Venustiano Carranza que había derrotado a Pancho Villa, llevándolo a recluirse en el cerro para iniciar una guerra de guerrillas que duró hasta 1920, y a Zapata, quien también estaba acorralado y acosado. En 1917, Carranza ya tenía el decisivo reconocimiento de Estados Unidos y a partir de ello convocó a un Congreso Constituyente que se realizó en Querétaro, integrado únicamente por sus correligionarios. Esto es muy importante porque explica la presencia de artículos antirreligiosos que diez años después provocarán la Cristiada. Un congreso más incluyente no habría dejado pasar estos vacíos.

Durante muchos años, varios historiadores advertimos que la meta principal de la Constitución de 1917 era instaurar un poder federal fuerte alrededor del presidente para evitar lo que pasó con Porfirio Díaz. Hay que resaltar también las dimensiones sociales de la Constitución: los derechos de los trabajadores y la justicia agraria en el campo.

No obstante, nuestra Constitución ha sufrido más de 600 enmiendas a lo largo del siglo, lo que significa que distaba mucho de ser perfecta o que, como lo creo, estamos muy equivocados en la concepción de una constitución. En muchos países cabe en pocas hojas; en cambio, en México es un libro parecido al directorio telefónico. Un documento de este tipo debe definir los grandes principios institucionales de un país. Con la división de poderes, la firma de la soberanía y la garantía de los derechos humanos sería suficiente. Es el caso de la constitución de Estados Unidos o de muchas europeas. Inglaterra no tiene constitución sino una práctica constitucional.

Tal parece que aquí no hemos aprendido porque el Congreso Constituyente de la Ciudad de México está cayendo en el mismo error, de tal manera que esta legislación, en lugar de ser un instrumento de gobernanza, está siendo un catálogo de derechos que incluye hasta los derechos de los animales. Una constitución no puede preverlo todo. Ya veremos cómo cada año habrá enmiendas y al final tendremos otro directorio amarillo.

Historiador. Su más reciente libro es Estrella y cruz. La conciliación judeo-cristiana 1926-1965.


Raúl Bringas

La Constitución de 1917 fue muy avanzada para su época. Fue la primera con contenido social y se adelantó a la soviética. Reflejó las aspiraciones de las clases populares después de un periodo tan lesivo como el Porfiriato. Por otro lado, es innegable que es obra de Carranza y Obregón; es una constitución carrancista pero que supo escuchar opiniones de los villistas y zapatistas. Por ejemplo, Carranza era enemigo del reparto agrario y aun así accedió a las presiones zapatistas. No obstante, creo que lo que le faltó entonces fue lo mismo de lo que carece ahora: trató de remediar males sociales y por lo tanto acotó al sector privado; destruyó la estrategia porfirista que había funcionado para crear una sociedad más productiva. Claro que entonces era necesario obstaculizar los excesos del Porfiriato.

Históricamente, la Constitución de 1917 representa la formación del México actual, el rompimiento con la explotación salvaje del siglo XIX, la idea de un país que quiere ser soberano con su artículo 27. Representa el orgullo de México aunque en este momento su valor es prácticamente histórico porque muchos de sus preceptos están rebasados.

A lo largo de su historia ha tenido más de 600 modificaciones. Uno de sus grandes problemas es que es muy extensa y quiere regir todo. Vemos este vicio en el Constituyente de la Ciudad de México, por eso se tardaron tanto en su redacción. Una constitución debe ser un marco rector en general y las cortes deberán dirimir posteriormente las controversias. El problema del legislador mexicano es que confunde constitución con regulación. Ahí está el meollo del asunto.

Doctor en Historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.


Fernando Escalante Gonzalbo

Seguimos gobernándonos con la Constitución de 1917 lo cual dice mucho de la calidad del documento jurídico y de la calidad de su acuerdo político. Las modificaciones de las cuales se quejan en el espacio público los intelectuales y algunos políticos, solo demuestran que es un documento flexible, susceptible de ser cambiado. Se ha actualizado constantemente y por lo tanto tiene perfecta vigencia.  

Su extensión o detalle me parece poco importante. Una admiración un poco pueril por los Estados Unidos y su constitución hace que se admire su aparente simplicidad y generalidad. No creo que tener artículos extensos y muy detallados sea una desventaja. La  Constitución de la Ciudad de México va en esta dirección. Entiendo que recogerá una gran gama de derechos y que establecerá otros como derechos: aspiraciones o criterios normativos. Definirá un programa político con el que coincide la mayoría de la población capitalina. Supongo que será más progresista y liberal que el resto del país.  

La Constitución actual tiene suficiente flexibilidad como para adaptarse a los tiempos. No considero necesario escribir otra. Los principios básicos se mantienen, dado que seguiremos siendo una república federal. Los 29 artículos que definen las garantías individuales tienen la misma vigencia. El 27, que regula el régimen de propiedad del suelo, subsuelo y recursos naturales se ha modificado muchas veces para actualizarse según los cambios de la estructura política y productiva. En cuanto a la soberanía, no ha cambiado el concepto. Lo que se ha modificado es el ejercicio de la soberanía, pero el concepto es el mismo y tiene igual vigencia.

Sociólogo. Autor, entre otros libros, de Ciudadanos imaginarios e Historia mínima del neoliberalismo.


Patricia Galeana

La Constitución de 1917 tiene un valor histórico y fundamental para la convivencia pacífica de la ciudadanía. Recordemos que el país seguía en guerra. Mientras debatían los constituyentes teníamos una invasión al territorio nacional al mando del general Pershing, quien había entrado a México en busca de Villa, después de que éste había atacado Columbus. Carranza exigió su salida pero los últimos efectivos no salieron sino hasta el día de la promulgación de la Constitución. Villa, por su parte, después de atacar Columbus cobró más popularidad y fuerza. Durante los dos meses de trabajo del Constituyente atacó poblaciones importantes como Camargo, en Chihuahua. En el sur, Zapata estaba triunfante porque tomó Cuautla y anunció que derrocaría a Carranza. En ese contexto era impensable que se invitara a los zapatistas y villistas. Sin embargo, aun cuando no se contó con estas corrientes, ni con los huertistas, el documento tuvo legitimidad.  

En el Constituyente se formaron bloques. Los jacobinos, encabezados por Francisco J. Múgica, Heriberto Jara —sobreviviente de la represión de la huelga de Río Blanco por el ejército porfirista— y Esteban Baca Calderón, quien estuvo en la huelga de Cananea, buscaron que se incorporaran las leyes para los obreros y campesinos. Los renovadores, más conservadores y cercanos a Carranza, decían que esto no debía estar en la Constitución por un asunto de técnica jurídica, que eso era propio de leyes reglamentarias o secundarias. Al final ganaron los jacobinos y se aprobaron por unanimidad los artículos 27 y el 123. Aquello fue una lección de política y patriotismo.

Las constituciones son producto de la cultura e historia de un pueblo. Tenemos que entender por qué ha crecido tanto y se le han hecho 699 reformas. Siempre nos preguntamos por qué en Estados Unidos hay una constitución tan pequeña, sintética y con tan pocas enmiendas; se trata de una constitución de declaración de principios y derechos. Su funcionamiento es de lo más complejo. Nuestra tradición es otra, proviene de España, con un gobierno absolutista con intolerancia religiosa.

Historiadora. Autora, entre más de una docena de libros, de La segunda independencia de México.


Álvaro Matute

La Constitución de 1917 es el documento fundamental con el que concluye la etapa armada de la Revolución mexicana. Recoge una serie de experiencias y anhelos de los revolucionarios, y sobre todo es una proyección a porvenir, dado que el nuevo Estado debía organizarse a partir de esta ley.

Es una norma para todos, pero hecha por los vencedores. Se dejó fuera no solo a villistas y zapatistas, también a una parte de la población que no había tenido presencia como grupo revolucionario. De hecho, Carranza estableció que en el Congreso Constituyente no tendrían cabida los opositores. No obstante, mantuvo la vocación social que emergió en 1915.

El trabajo de los constituyentes fue entregado y honesto. Debemos analizar su contexto y en sus circunstancias lograron unificar criterios para arrojar un documento rico en contenido social. En contraste, una de sus debilidades, señalada desde el principio, es el reglamentarismo; es decir, particulariza con demasiado detalle cosas que deberían ser tema de una ley reglamentaria o de otra legislación derivada. Hoy en día la reglamentación es de un exceso que a veces la hace ilegible. Gracias a las modificaciones el texto actual es cinco veces mayor que el texto original.

Por desgracia, esta inercia se mantiene y lo vemos en el Constituyente de la Ciudad de México. No sé si es un patrón a seguir o aún no estamos lo suficientemente maduros como para pensar de otra manera y hacer las cosas más accesibles para todos.

Doctor en Historia por la UNAM. Es autor de La Revolución mexicana. Actores, escenarios y acciones.  


Javier Garciadiego

Con la Constitución de 1917 nace el México moderno, aunque asumiendo que el nuestro es un país grande y desigual. Ratifica, además, una tendencia histórica nacional: creamos constituciones después de grandes conflictos sociopolíticos y militares. Tras la guerra de Independencia se empezó a trabajar en la que se promulgaría en 1824. A mediados del siglo XIX, después del conflicto entre liberales y conservadores, se creó la de 1857. Y la de 1917 es producto de la Revolución y tiene un carácter nacionalista.

La Revolución produjo muchos documentos, la mayoría tienen la vocación de derrocar gobiernos. El más famoso es el Plan de San Luis contra Porfirio Díaz. El Plan de Guadalupe de Carranza contra Huerta tampoco tiene ninguna connotación gubernamental. Otros fueron sectoriales, como el Plan de Ayala, en beneficio de los campesinos del centro de México. Solo hubo dos documentos con vocación gubernamental: el proyecto de reforma de la Convención Revolucionaria y la Constitución de 1917. Ambos proponían construir un nuevo Estado y definir las relaciones entre gobernados y gobernantes, y entre los mexicanos en general. Aun así, la representatividad fue una diferencia notable entre uno y otro. La Convención fue elaborada por villistas o zapatistas, era popular pero reducida social y geográficamente. Otro problema es que lanzó su plan de reformas a los pocos días de que Villa fue derrotado en Celaya. No tenían fuerza para aplicarla. En cambio, la Constitución de 1917 estableció, primero que todo, que para ser constituyente era necesario ser electo en su distrito; y segundo, Carranza lanzó la propuesta una vez que venció, de modo que pudo aplicarla en toda la república, y en este sentido es comprensible que representara a los ganadores. Pensó: “No vamos a perder en el debate lo que ganamos en los campos de batalla”. No obstante, tampoco diría que la Constitución fue carrancista porque el constitucionalismo tenía muchos componentes, incluyendo algunos campesinos y populares.

Para analizar su estructura necesitamos reconocernos en la tradición hispánica. Nuestros antecedentes constitucionales van más allá de 1824; habría que remontarnos a Cádiz. Los juristas hablan de constituciones rígidas y flexibles. México es de constitución flexible o semiflexible. No me disgusta, es nuestra tradición y nos ha permitido transitar a lo largo del siglo XX. Las tradiciones son muy fuertes y son para cumplirse, por eso el Constituyente de la Ciudad de México trabaja una vez más en un documento muy detallado. Entiendo que haya gente que cuestione y promueva la realización de un nuevo documento, pero me pregunto: ¿con estos diputados o con esta clase política podemos imaginar una nueva constitución? No lo veo posible.

Historiador. Autor de Introducción histórica a la Revolución mexicana.