El signo de la fragilidad

'Grietas' reúne a dos personajes vulnerables y devastados por el sismo del 19 de septiembre de 2017
La pieza escrita y dirigida por Javier Rodríguez Cano se presenta de jueves a domingo en Teatro en Corto
La pieza escrita y dirigida por Javier Rodríguez Cano se presenta de jueves a domingo en Teatro en Corto (Especial)

Grietas equivale a una mirada retrospectiva en la memoria de quienes vivimos el temblor del 19 de septiembre de 2017 en la Ciudad de México. La obra remite al espectador a la persona que fue antes del sismo al reunir a dos desconocidos durante los diez minutos que algunos tuvieron para rescatar lo que consideraban sus pertenencias más importantes, antes de que fuera demolido lo que hasta entonces fuera su hogar.  

Escrita para el vilipendiado formato de micro teatro, o teatro en corto, como fue bautizado para su presentación en una casona de la colonia Nápoles, esta puesta en escena tiene lugar en una habitación, entre piedras, polvo y libros caídos, que otorgan pistas sobre lo que pudo haber vivido quien habitaba ahí durante el sismo.

A cuatro días de la ansiada espera para ingresar de nuevo a su hogar, un joven entra al departamento del vecino para ayudarlo en el momento en que le caen encima los recuerdos, la rabia, el dolor, la conciencia de los quince años que invirtió en trabajar para pagar un techo que ya no tiene y no sabe cuándo podrá volver a conseguir, mientras los minutos corren sin saber qué debe llevarse consigo.

La diferencia entre ésta y la infinidad de historias sobre lo que vivieron miles de personas en la Ciudad de México es que un joven dramaturgo eligió esos minutos de gracia otorgados por el gobierno citadino para desarrollar una escena entrañable, en la que dos personas se confiesan, como si exhalaran un largo suspiro que libera en parte la carga instalada en su interior.

El texto plantea con sencillez y equilibrio los puntos de unión entre dos seres humanos que perdieron mucho más que una rutina cotidiana que les permitía una existencia benigna, rota a partir de las grietas abiertas en su edificio, que siguieron su rumbo desde el muro, pasando por el piso y los objetos, hasta una parte de su interior.

Escrita y dirigida por el joven dramaturgo Javier Rodríguez Cano, Grietas escapa al perfil de brevísimos textos que enuncian temas, como si con ese hecho bastara para apuntalar su estructura y contenido. El autor, oriundo de Chihuahua, desarrolla con eficacia la situación de dos personajes que en la urgencia del rescate de objetos, y habiendo salvado su vida, se toman unos segundos para valorar de otro modo lo que la supervivencia les ha concedido.

Autor de más de una docena de obras, Rodríguez Cano dirige a Enrique Alcocer y a Rodrigo Ruiz, que construyen el lastimado interior de dos hombres que al compartir su zozobra en algo contienen la posibilidad de irse a pique. Alcocer, en el papel del joven, hace transitar a su personaje del hermetismo solidario a la escucha y la generosidad ante una pérdida ajena, hasta permitirse la elaboración de su propio pesar que traduce en palabras y desde ahí a la posibilidad de seguir adelante. Rodrigo Ruiz, en el papel del hombre mayor, revela los matices de una persona que se concede unos minutos de empatía, para ver su desgracia desde otro ángulo al conocer la de quien le da la mano.

Al interior de la casona que oferta quince minutos de teatro, donde se escenifican nueve obras a la vez, en algunos casos de nivel endeble, Grietas —que cuenta con un elenco dinámico en el que puede tocarle al espectador ver a dos actrices, a una actriz y un actor, o a dos actores como en esta oportunidad— es una propuesta que nos remite a los textos de Emilio Carballido, en cuanto a situaciones y personajes cotidianos que hablan al espectador de lo que vive y padece en su entorno inmediato.

Grietas refleja fielmente, con sensibilidad y sin pretensiones, el desasosiego y la desolación que cubren a infinidad de habitantes en una ciudad que ha descubierto su fragilidad permanente.