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Futbol inimaginable

Toscanadas

Nuestra Academia de la Lengua ingresó por primera vez la palabra “fútbol” en el diccionario de 1927, tres años antes del primer campeonato del mundo
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La definición es harto desangelada: “Juego que consiste en lanzar con el pie un balón, según determinadas condiciones”. Leyendo tal cosa es difícil imaginar que se estuviese hablando de un deporte apasionante; más bien parece un concurso de feria o una actividad parecida al lanzamiento de bala; además, decir “determinadas condiciones” es lo mismo que no decir nada. Pero esa ha sido siempre la debilidad de los diccionarios: son poco reveladores.

La misma edición de 1927 estrena también el lema “balompié” sin ninguna referencia cruzada con “fútbol”, y cuya definición resulta aún más desorientadora: “Juego parecido al del balón, del cual se diferencia en que la pelota o balón se juega con el pie”. Luego guarda completo silencio acerca de ese deporte llamado “balón”, a secas.

Supongo que se refiere a un juego popular en el siglo XIX, sobre todo en Italia, del que tengo pocas noticias, y del que Rossini hace referencia en La Cenerentola, cuando Dandini canta: Alfine sul braccial / Ecco il pallon tornò/ E il giocator maestro/ In aria il ribalzò. Por el contexto, se nota que habla de una jugada maestra, pero no puedo ni figurármela.

Lo mismo ocurre con el futbol. Para conocerlo, hay que practicarlo o verlo. Las palabras son débiles para hacer que forme parte de un mundo correctamente imaginado.

Ya unos antropólogos irlandeses lo intentaron. Llevaron grabaciones radiofónicas de diversos partidos de futbol a gente que no lo conocía. Luego de escuchar alrededor de quince partidos, los trasladaron a una cancha, les dieron un balón y les dijeron: “Jueguen”. El resultado fue una calamidad en la que, según cuentan, corrían con el balón al estilo rugby, gritaban “gol” cuando derribaban a alguien al suelo y terminaron descolgando las redes de la portería para cazarse como animales de presa.

Por eso, aun cuando la RAE haya expandido su definición, que ahora dice: “Juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuyo objetivo es hacer entrar en la portería contraria un balón que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos, salvo por el portero en su área de meta”, se sigue quedando corta, incapaz de ilustrar de veras qué es este deporte, cómo es la cancha, qué es una portería, un área de meta o por qué contagia de locura al mundo cada cuatro años.

Esa locura cuya definición sí queda clara: “Privación del juicio o del uso de la razón”.

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