Monstruos privados

La guarida del viento
(pxhere.com)
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¿Quién no ama a sus monstruos? En 1946 Jean Cocteau filma La Bella y la Bestia, una película magistral sobre la antigua leyenda francesa. En ella la “bestia” tiene ojos violentos,  el rostro peludo, y dos colmillos sobresaliendo. Cuando por obra del amor, la bestia se convertía en el rostro angelical de Jean Marais y la película terminaba, se dice que Greta Garbo, sentada en la platea, murmuró: “Devuélvanme a mi bestia”.

Los monstruos han ejercido una fascinación sobre todos nosotros, desde Polifemo hasta versiones modernas tan distintas como King Kong y Gregorio Samsa. El primero de enero se han cumplido 200 años de Frankenstein, la novela de Mary Shelley, que hizo famosa la reunión en 1816 en la Villa Diodati, frente al Lago Ginebra, de un grupo de escritores. Allí estaba el esposo de Mary, el gran Percy Shelley, y por supuesto el anfitrión Lord Byron y su médico John Polidori. 

La novela de Shelley cuenta la historia del doctor Victor Frankenstein que vive con la ilusión de crear un cuerpo vivo en base a trozos de cadáveres. Frankenstein imagina que va a crear el ser más bello posible. Cuando consigue insuflar vida al cuerpo, se encuentra con un monstruo. El doctor escapa del lugar, presa del remordimiento por el ser que ha creado, al que luego atribuye la muerte de su hermano. Cuando por fin se encuentran, el monstruo le revela que su aspecto lo ha llevado a vivir una vida solitaria. Todos lo rechazan. Solo ha podido hacerse amigo de un anciano ciego. Desesperado, le pide al doctor que le cree una compañera igual a él, pues él también tiene derecho de ser feliz. Si lo hace, le promete que huirá con su novia a las selvas de Sudamérica. El doctor Frankenstein trabaja en la creación de una novia para el monstruo pero cuando ve que él lo observa, destruye el cuerpo femenino. El monstruo afirma que en su soledad, solo le queda el suicidio.

El subtítulo de la novela, “Prometeo moderno”, puede verse como una protesta romántica contra el desarrollo deshumanizado de las ciencias. También es una pregunta romántica sobre las limitaciones del alma atrapada en los confines de su cuerpo. Algunos han aventurado otra explicación. Victor era el nombre de pluma de Percy Shelley. En febrero del 1815, Mary perdió a su hija de dos semanas de nacida. En ese momento, Percy renovó su affaire de siempre con su media hermana, la voluptuosa morena Claire Clairmont. Frankenstein está escrita para recordarle a Shelley su crueldad. Todos adoramos a nuestros monstruos.