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Fiesta con bombas

Escolios

Es el testimonio de Elías Canetti sobre los años en que Inglaterra se convirtió en el baluarte de la resistencia a la barbarie, con las bombas como telón de fondo
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La Segunda Guerra Mundial se volvía más cruenta, las bombas llovían sobre Londres; sin embargo, en las casas amenazadas, bullía un conglomerado cosmopolita, brillante y variopinto, ávido de saber, conversación y diversión. Bajo el estruendo bélico, se discutían las traducciones de poetas chinos antiguos, los mitos de culturas remotas, los avances de la lógica matemática, el arte contemporáneo, los asuntos políticos o los deslices amorosos. En ese mundo, deambulaba alguien que pocos identificaban, un inmigrante capaz de interesarse y mantener conversaciones informadas en casi todas las disciplinas. Se trataba de un escritor, Elías Canetti, que apenas había publicado una novela en alemán y que estaba tan entregado a una obra (su futura Masa y poder), que no se permitía las “distracciones literarias”. Sin embargo, acaso por supervivencia, el misántropo se comportaba como un hombre sociable y se integraba a los más diversos círculos. Fiesta bajo las bombas. Los años ingleses (Galaxia Gutenberg, 2003) es el testimonio de Canetti sobre los años en que Inglaterra se convirtió en el baluarte de la resistencia a la barbarie y, con las bombas como telón de fondo, hace una animada puesta en escena sobre el carácter inglés y sobre la vida intelectual y política del periodo. Es un libro cruel y lúcido, de fina lengua viperina, que combina los ejercicios de admiración hacia figuras eminentes de la época (Arthur Waley, Herbert Read o Franz Steiner) con las confesiones de antipatía y desdén (T. S. Eliot, Iris Murdoch). Canetti es un observador abierto a todas las manifestaciones humanas y se deja impresionar lo mismo por el talento que por el dinero, el carisma político o el linaje. Por eso, hace un magnífico collage entre la historia intelectual, la memoria íntima y la crónica de sociales. Sus recuerdos son impecables perfiles narrativos hechos con inteligencia y mala fe. Canetti tiene oídos agudísimos, buenas maneras y una educada hipersensibilidad tanto al rechazo como al halago. En Inglaterra no siempre se siente aceptado y conserva algo de resentimiento; sin embargo, disfruta y admira el vigor de la discusión pública, el respeto profesado a la palabra y la auténtica pluralidad y tolerancia de sus élites intelectuales y políticas: “En el Parlamento un diputado podía expresar todo lo que le preocupaba contra el parecer de los seiscientos restantes, y se le dejaba hablar hasta el final. 

Mi admiración por este sistema parlamentario, en un mundo donde caudillos de todo pelaje llevaban la voz cantante, creció hasta lo inconmensurable”. En efecto, como atestigua Canetti, la curiosidad, la apertura y la responsabilidad, intrínsecas al carácter inglés, permitieron que, aun en los momentos de mayor agobio y peligro externo, cuando hubiera sido factible inducir una unanimidad forzada, los intelectuales y políticos ingleses encontraran en el cultivo a su libertad y en el respeto a sus diferencias su mayor fortaleza y virtud.

@Sobreperdonar

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