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Federico Fellini

Reseña

El 31 de octubre de 1993, en la ciudad de Roma, murió Federico Fellini, uno de los grandes directores cinematográficos del siglo XX
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Con sus películas, Fellini creó un mundo de sueños y obsesiones, de seres que buscan desesperada e infructuosamente la felicidad y el amor, como lo cuenta en el libro Hacer una película, publicado por Paidós.

En un viaje a través de la memoria revisita, con incomparable humor, su infancia y juventud, habla de su relación con otros directores y revela los misterios y el origen de películas como La strada, Las noches de Cabiria, Amacord y Ocho y medio, con la que ganó el Oscar a la mejor película extranjera en 1963.

Caricaturista, guionista de radio y cine, junto a su amigo Alberto Lattuada debutó como director con Luces de variedad en 1951. Un año después emprendería su carrera en solitario con El jeque blanco, en la que contrapone el realismo y la fantasía, el miedo y la temeridad. En el mundo de Fellini tienen lugar la crueldad y la extravagancia, pero también la ironía y aun el sarcasmo. En sus películas son frecuentes las fiestas, el vodevil, la noche, la música (el compositor Nino Rota escribió para casi todas ellas bandas sonoras inolvidables). 

En Las noches de Cabiria, protagonizada por su esposa Giulietta Massina y en cuyo guión colaboró Pier Paolo Pasolini, otro de los genios del cine italiano, una prostituta ingenua y bondadosa se enamora, sin escarmentar nunca, de vividores que se burlan de ella y la estafan. Es una película triste, y sin embargo no deja de tener una luz de esperanza.

Fellini amaba a sus actores. Sentía por ellos estimación, simpatía y complicidad. Pero para sus películas no los elegía por su talento actoral, sino por sus caras: “Busco caras que digan todo de por sí en cuanto aparecen en la pantalla”, decía.

Por eso eligió a Marcello Mastroianni como protagonista de La dolce vita. No quería a una estrella como Paul Newman, propuesto por el productor Dino de Laurentiis, sino una cara cualquiera. Y esa cara cualquiera fue la de Mastroianni, quien interpreta magistralmente a ese reportero que vive con intensidad los días pero sobre todo las noches de Roma y en cuyo camino se cruza la exuberante Anita Ekberg, cuyo baño en la Fuente de Trevi es una de las escenas más recordadas en la historia del cine.

Federico Fellini fue un mago de las imágenes, un enamorado de su trabajo, como enseña este libro en el que escribe: “Nunca había creído que llegaría a ser director, pero luego, desde el primer día, desde la primera vez que grité ‘¡Cámara! ¡Acción! ¡Corten!’, me pareció que lo había hecho siempre, que no podría hacer otra cosa: aquel era yo y aquella era mi vida”.

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