Golpe de desaliento

Teatro
La obra dirigida por Martín Acosta se presenta miércoles y jueves en el Teatro Benito Juárez
La obra dirigida por Martín Acosta se presenta miércoles y jueves en el Teatro Benito Juárez (Especial )

Tres jóvenes vestidos con traje sastre, que frente a un pastel de boda y de cara al espectador bailan al ritmo de “Payaso de rodeo” del grupo Caballo dorado es la acción que da inicio a Esta semana lloverán pájaros. La escena, simpática por el sesgo ridículo que adquiere sobre el escenario, hace pensar a quienes no hemos leído Fiebre, de Daniel Krauze, texto en que se inspiró Hassam Díaz para escribir esta obra, que quizá ese sería el tono del montaje, pero una vez finalizado el baile tienen lugar tres angustiantes historias de adolescencia.

La propuesta del dramaturgo Díaz con crudeza expone conflictos enquistados en la incomunicación y el temor de los jóvenes a relacionarse con sus padres, sus pares o un pariente que habla otro idioma.

Homosexualidad joven incomprendida por los padres, barreras entre una incipiente pareja, discriminación y violencia son parte de los obstáculos que frenan el ímpetu adolescente. 

Esta semana lloverán pájaros propone personajes comunes en un entorno hostil que parece devorarlos por encima de sus deseos. Como si se tratara de personas de segunda que sobreviven en un plano casi invisible para los adultos, los jóvenes no ven horizonte posible, ni deseo alcanzable, aunque por momentos haya un humor ácido que incomoda, como cuando se establece un amargo juego entre uno de los estudiantes y un grotesco súper héroe de su invención, que lo atosiga y violenta.

Sobre un escenario abierto, sin piernas ni telón de fondo, el espacio está delimitado por tres largas y delgadas lámparas de luz blanca que penden de cables metálicos, y que accionados por los actores mediante tres manivelas en uno de los laterales se elevan o descienden para instalar una banca, mesa, o pretil que establezcan el espacio necesario para cada escena. El mejor ámbito del diseño de Natalia Sedano es la alberca, delimitada por luz al fondo, mientras una orilla es la balsa salvadora de un chico que huye de su hundimiento interior.  

Pareciera que los personajes están condenados, por más que se llegue pronto a un final que pareciera tener la intención de sobar en algo el golpe de desaliento que propina la anécdota.

La dirección de Martín Acosta guía a este joven elenco por un camino que da seguimiento puntual a los sucesos planteados en la obra, pero pareciera haber una confusión en cuanto a la aparente sencillez de cada historia y la contundencia que requiere su solución en escena.

Si bien hay momentos brillantes, como la segunda vez que el joven se protege del acoso paterno a la orilla de la piscina, da la impresión de que el montaje corre de manera automática, como si no necesitara cuidado, pausas, transiciones, nuevas operaciones actorales que nutran cada acción y cada palabra.

Esta semana lloverán pájaros es una obra que tiene cosas por decir, emite alertas que desde el escenario podrían cobrar otra dimensión, pero es necesario reencontrar su verdadera densidad, por encima del número de veces en que éstas suceden en la vida real y que se interpretan en la escena, aunque se acerque un paradójico final que en algo intente ser feliz y cerrar eficazmente.