Un payaso de pelos rojos

Un payaso de pelos rojos
Eso (It). Dirección: Andrés Muschietti. Guión: Chase Palmer, basados en una novela de Stephen King.
Eso (It). Dirección: Andrés Muschietti. Guión: Chase Palmer, basados en una novela de Stephen King. (Especial)

Reconocer la importancia de Stephen King no significa caer en la trampa del escritor de culto. Lo que King tiene son fórmulas entretenidas que en Eso no cuajan porque Andrés Muschietti no ha sabido (o no ha podido) respetar la idea original. El monstruo de Eso se alimentaba de los miedos infantiles, lo cual incluía el desconcierto ante el despertar sexual. La cosa está muy aligerada en esta adaptación. Los personajes originales de El club de los perdedores eran niños salvajes en pueblo gringo: llenos de malas palabras, racismo y sueños perversos que, en efecto, hubiesen asustado a cualquiera que entrara en ellos. La chica del club, por ejemplo. En la novela estaba decidida a ser el primer amor de todos estos perdedores que son, como es evidente, la representación de esas minorías que siempre exalta la pluma de King. El problema estriba en que estas minorías no son inocentes. Son humanas, algo que parece haber olvidado Muschietti para acentuar no la metáfora psicológica (que es lo que hace de King un tipo interesante) sino la metáfora política, lo que hace de esta trama un lugar común. Porque es cierto: un payaso de pelos naranja habita las entrañas de Derry y otro la Casa Blanca, un grupo de niños blancos atosiga al Club de los perdedores igual que los supremacistas blancos gritaban en Charlottesville. Esto es el Deep America, sí, pero la historia de Eso giraba más bien en torno a fantasías húmedas y miedos de niño, a cultura pop en 1950. ¿Por qué la adaptación se ha trasladado a la década de 1980? Porque la segunda parte tendrá lugar en nuestro tiempo, lo cual permite adivinar que el comentario político será todavía más evidente.

Con todo y todo, los fanáticos del horror y la fantasía saldrán fascinados de la sala después de ver Eso; comentarán las similitudes con Cuenta conmigo y asistirán enternecidos al beso entre la guapa y el tartamudo. Dirán además que el plagio es una cuestión de estilo, el estilo de King, “el escritor de culto”. Por su parte, los amantes del cine tal vez aprecien lo cuidado de la imagen pero terminarán fastidiados con el susto que se construye con gritos y música y no con los sueños que, cuando éramos niños, no nos atrevíamos a recordar.