Letras, pasos y cartuchos

Danza
Nellie Campobello
Nellie Campobello (Especial)

Este 2017 la Escuela Nacional de Danza Nellie y Gloria Campobello cumple 85 años; es la primera escuela de danza que existió en México. Actualmente opera desde la que fue la última residencia de la autora de Cartucho y aún conserva la fachada de la casa con sus pisos de madera y las escaleras que rechinan al paso apresurado de sus alumnas.

Cruzar sus puertas y pasillos es un viaje en el tiempo que se consuma con el encuentro del retrato de Nellie en el descanso de las escaleras para evocarla y pensarla haciendo danza de masas y escribiendo relatos sobre personajes que la historia oficial rebajó a la categoría de bandidos, para después ser anulada del Index de autores “reconocidos” de la Revolución, colocarse en un polémico foco para el gremio de la danza y desaparecer físicamente en las circunstancias que permanecen dudosas hasta hoy en día.

Pensar a Nellie Campobello supone un tránsito por la polémica personalidad de la bailarina y escritora que puede abordarse desde su integralidad en dos ramas del arte: la danza y la literatura. Conocemos de la bailarina, pocas veces de la literata, y podría ser aún más enriquecedor pensarla como ambas.

Fue pionera en pensar la danza desde su naturaleza local, convencida de la importancia de llevarla a espacios poco convencionales y masificar el gusto por este arte. Con ballets como Obertura republicana, Alameda 1900 y el emblemático 30-30 abordó los temas nacionales y “revolucionarios” no de modo gratuito, por ser la tendencia hegemónica de la época, sino por la estrecha relación que tuvo con el proceso revolucionario, particularmente en territorio de Francisco Villa y los Dorados reflejados en su literatura.

La reivindicación de los bandidos a través de historias y danzas, y a pesar de todas las incomprensiones, estableció un modo de creación vinculado estrechamente a la realidad que presenció y de la que dejó testimonio. Una postura que tuvo que defender, en más de una ocasión, a punta de pistola.

Vincular su literatura con su quehacer dancístico arroja una poética cuya propuesta plantea un arte que refleje nuestro cotidiano: las preocupaciones y realidades que vivimos, aun cuando ese cotidiano sea violento y duro, como entonces, como ahora. Una danza y una literatura vinculadas con los nuestros y con nuestra tierra.


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