“Me interesa el cine reflexivo”: Michael Rowe

Manto acuífero explora las emociones de una niña que, tras el divorcio de sus padres, crea un universo personal a la medida de sus frustraciones y carencias
Manto acuífero
Manto acuífero

Después de haber ganado la Cámara de Oro en Cannes por Año bisiesto, su ópera prima, el realizador Michael Rowe vuelve con Manto acuífero, un manifiesto inspirado en un relato del australiano Tim Winton acerca de la soledad y el proceso emocional que vive Caro (Sofía Macías), una niña cuyo universo familiar se desmorona ante el divorcio de sus padres.

¿Qué vio en el cuento de Tim Winton para adaptarlo al cine?

Es uno de mis escritores preferidos. Leí el relato en un aeropuerto y me hizo llorar al menos por media hora. Se trata de una niña a la que su madre lleva a vivir con su nueva pareja, quien intenta suplir la figura paterna. Pasaba por una situación parecida y por eso el relato me tocó profundamente.

¿Por qué le dedica la película a Vicente Leñero?

Leñero me enseñó todo lo que sé. Estuve once años en su taller permanente. Desgraciadamente, no le alcanzó la vida para ver la película. Fue un gran maestro no solo de literatura, también de vida. Me enseñó a escribir de tal manera que, sin ser el director, pudiera sugerir la posición de la cámara. Gracias a esto, mi transición de guionista a realizador fue más fácil. En mi trabajo es fundamental concebir los emplazamientos de cámara desde el guión.

En Manto acuífero todo se cuenta desde el punto de vista de la niña. ¿Qué tan importante es definir la perspectiva narrativa en una película?

Es básico. En los divorcios los menos escuchados son los niños; la pareja no hace caso de su voluntad. Con la película quería darle voz a la menor y otorgarle su debido peso; mostrar cómo vivía esta situación. Los adultos no solemos pensar en su vida interna y eso es una falta de respeto. En lo que me ha tocado ver, se suele creer que son decisiones de adultos y a los niños solo se les informa.

El personaje de la niña es muy contenido: no llora, no se enoja…

Sí, porque absorbe las frustraciones de la madre y el padrastro, incluso del padre, que ni está. Hay cierto tipo de niño que a partir de un divorcio se vuelve casi un adulto. Las circunstancias lo obligan a vivir emociones y adversidades que no le tendrían que tocar; por ejemplo, se ocupa de proteger a la madre. Mi personaje entra en este rango. Desde fuera se le puede ver como ejemplo de madurez, pero para mí es un ser al que se le arrebata la niñez.

¿Cómo trabajó la dirección de la menor?

Mucho fue casting. Sofía es una niña muy responsable, una gran actriz. No creo en los ensayos, así que usé un par de trucos. A Arnoldo, quien hace el personaje del padrastro, le pedí que dentro y fuera del rodaje se comportara seco con ella. Al final ya le caía gordo. A la actriz que escenifica a la madre, no la dejé que conviviera con la niña antes de la filmación porque quería un distanciamiento. No sé de dónde saqué este procedimiento pero funcionó. Los niños no saben actuar y es mejor ponerlos en situaciones emocionales acordes al comportamiento que necesitas.

Trabaja con cámara fija. ¿Esto obedece a una inclinación por la plástica, la pintura quizá?

Es por rigor y por reducir los elementos a lo más básico. Una buena película necesita de un gran guión y notables actuaciones, lo demás es paja. No uso música ni hago emplazamientos de cámara porque creo que son formas de manipulación emocional. Soy muy riguroso para estas cosas. Sobre la plástica, la realidad es que me cuesta trabajo ser visual. Tengo nociones básicas de composición y con eso la voy llevando.

¿No le gusta el cine de género?

Lo veo como diversión. Hay dos tipos de cine: el de espectáculo y el reflexivo. A mí me interesa el segundo. Lo otro es válido pero es una forma de escapismo que no me interesa. Una película de ciencia ficción es como ir a Six Flags.

¿En su caso la edición se supedita al guión?

En mi caso sí, a lo mejor me permite cambiar el ritmo pero nada más. Soy escritor ante todo, la parte creativa más importante de una película es el guión. Nada se compara con parir una historia de la nada. A nivel social, la figura del director está sobrevalorada.