"La retórica del odio es real, no ficticia", Jonás Cuarón

Jonás Cuarón presenta un thriller sobre el hambre de supervivencia de quienes atraviesan el desierto en la frontera de Estados Unidos con México.
Gael García Bernal protagoniza "Desierto"
Gael García Bernal protagoniza "Desierto" (Especial)

Según la revista The Hollywood Reporter, Jonás Cuarón es uno de los diez directores jóvenes prodigios. Tras debutar con Año uña y coescribir el guión de Gravity, el realizador presenta un thriller sobre el hambre de supervivencia de quienes atraviesan el desierto en la frontera de Estados Unidos con México. A decir de su autor, Desierto, cinta protagonizada por Gael García Bernal y Jeffrey Dean Morgan, hace un llamado para alertar sobre los riesgos de la retórica del odio hacia un fenómeno como la migración

¿Desierto surgió como una respuesta al discurso anti-inmigrante en Estados Unidos?

Durante algunos años viví fuera de México. En Tucson, me dieron un tour por el consulado y escuché unas historias horribles. Fue entonces cuando me interesé en el tema y en particular en la retórica anti–inmigrante. Sin embargo, más que la experiencia de quien deja el país, me interesaba explorar el odio y la forma en que los migrantes son usados como chivos expiatorios. No encontré mejor manera de hacerlo que a través de una película de acción, también porque quería llegarle a un público más amplio y que no necesariamente esté interesado en el tema.

¿No cree que al final cae en la victimización del migrante?

La retórica de odio es muy agresiva y últimamente se ha incrementado, tanto en redes sociales como en círculos políticos. Me ha tocado ver cómo muchos espectadores simpatizan con el personaje racista. La película es una metáfora de hacia dónde nos puede llevar este discurso.

El desierto, en tanto o más que un personaje, es casi el protagonista.

Totalmente de acuerdo. El desierto es la causa número uno de muerte para quienes cruzan la frontera con Estados Unidos. Más allá de eso, me interesaba como medio natural porque la naturaleza no distingue entre gringos y mexicanos, no perdona ni a unos ni a otros. Si no entendemos que las fronteras son arbitrarias y que antes que nada somos humanos, seguirá habiendo ese tipo de discursos.

Otra forma de ver su película es como una historia de supervivencia.

Creo que el guión tiene muchas lecturas, desde las más arquetípicas, como la metáfora de subir a la montaña para confrontar al monstruo, hasta la lectura política. Pero tienes razón, al final es una historia de supervivencia.

¿Por qué un final abierto?

No quería mostrar un final trágico porque hubiera sido muy frustrante para el público; al final del viaje tenía que haber una satisfacción pero tampoco el típico final feliz en el que llegan a Estados Unidos y todo está bien. Mi caso fue afortunado porque nos fuimos para que mi papá dirigiera Harry Potter y nos fue bien, pero la realidad casi nunca es así. Muchos de los migrantes que conozco batallan día a día. Quería dejar claro que aunque se terminó ese episodio, la travesía sigue.

En las últimas semanas la película ha entrado en el juego político, y se le ha usado para criticar a Donald Trump. ¿Politizarla tanto no le resta contundencia?

En diciembre lanzamos el tráiler en Estados Unidos y desde entonces ha generado comentarios que me impresionan. La retórica del odio es real, no ficticia, y me interesa recalcarlo. Ya no está solo en la boca de un político, se está transmitiendo a muchos ciudadanos que empiezan a pensar como Trump y eso es lo que me da miedo.

Por otro lado, no plantea una crítica al trato que se le da a los migrantes en México. ¿Por qué?

Justo por eso quise que Desierto incluyera pocos diálogos y hacer una campaña para un lanzamiento mundial. La migración es un tema universal. Irónicamente, ha habido más deportaciones de México a Centroamérica que de Estados Unidos a México. Como mexicanos, tenemos que vernos en el espejo de la película y ver lo que estamos haciendo como país.

Aunque en la película no está propiamente dicho...

La película tenía que ocurrir en un lugar determinado, me hubiera encantado hacer cuarenta películas e incluir a Palestina, Guatemala, pero me tomó seis años hacer una. Espero y creo que al ser una película tan arquetípica, va a señalar esto no solo en Estados Unidos y México, sino en todas las fronteras.