El Quijote hizo verdaderamente único a Cervantes: Francisco Rico

“Cervantes puede ser muchas cosas, pero a efectos de conmemorarlo es únicamente el autor de El Quijote”, afirma de forma sucinta el escritor, académico e investigador español Francisco Rico.
El académico e investigador español Francisco Rico.
El académico e investigador español Francisco Rico. (Marta Jara)

Madrid, Italia

“Cervantes puede ser muchas cosas, pero a efectos de conmemorarlo es únicamente el autor de El Quijote”, afirma de forma sucinta el escritor, académico e investigador español Francisco Rico.

En ese sentido, el también director de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española, uno de los máximos especialistas cervantinos, agrega que no cabe duda de que “las obras de Cervantes son de primera categoría, puestas en su tiempo y en su momento. La Galatea es una novela pastoril excelente pero como hay muchas en el Renacimiento europeo. El teatro es sumamente original, pero quedó muy olvidado a raíz del éxito de la fórmula de comedia de Lope de Vega. Como poeta, Cervantes a veces es gracioso pero nunca pasa de una medianía salvo en algunos espléndidos versos aislados. Las Novelas ejemplares son importantes y de gran categoría”,  y agrega que “con estas obras, Cervantes sería un escritor destacado pero no genial. Lo que le hace verdaderamente único es ElQuijote”.

En entrevista con Laberinto, Rico (Barcelona, 1942) considera que a nivel institucional en España “no se está haciendo absolutamente nada” por conmemorar la efeméride del cuarto centenario luctuoso de Cervantes. “Recordé ya, con motivo del cuarto centenario de la publicación de ElQuijote, que José Luis Rodríguez Zapatero, antes de ser presidente español, al llamar la atención sobre esa fecha e invitando a que fuera el principio de una renovación de la cultura española y de la contemplación de El Quijote, produjo en el Parlamento español no ya aprobación o desaprobación, sino burlas y risas entre el Partido Popular, que hoy gobierna y ha descuidado totalmente la efeméride, y ahora parece que se trata de cambiar esa línea. De hecho, se nombró una Comisión Nacional para la celebración, que no se había reunido nunca y que no tenía ningún proyecto”. 

Crítico también con la recuperación de los restos de Cervantes, llevada a cabo hace un año, Rico indica que se trata de una operación que data de mucho tiempo atrás, ya que la primera vez que se contempló ese proyecto fue en los tiempos de José Bonaparte. “Se tenía la idea francesa de crear un sentimiento nacional basado en la cultura. Y ya entonces se hicieron gestiones para conseguir identificar los restos. Pues bien, eso no es posible por las circunstancias en que Cervantes fue enterrado y lo que sufrió después el depósito de cadáveres del Convento de la Iglesia de las Trinitarias. Sin embargo, varias veces se volvió sobre el particular, y últimamente eso se ha convertido en una operación publicitaria, sobre todo por parte del Ayuntamiento de Madrid y su antigua alcaldesa para llamar la atención. Aquí también se nombró una comisión que, al final, contra toda evidencia, sin haber identificado ni siquiera un hueso con autenticidad, ha dado por hecho que se habían hallado los restos de Cervantes. Se ha puesto la lápida; en fin, todo y nada, la consabida utilización política sin ningún provecho real ni positivo”.

La razón por la que, en opinión de Rico, no tiene sentido buscar esos restos se debe a que considera que “el culto de los cadáveres es una superstición. El cadáver es el excremento de la vida y nadie conserva los excrementos de sus seres queridos, para decirlo en términos fuertes. Hasta el siglo XIX se había rendido culto solo a los reyes, soberanos y santos. Y hasta el siglo XIX a nadie se le había ocurrido conservar los restos de un gran escritor o alzarle un monumento, medida que en España fue muy mal recibida porque parecía que eso de las estatuas o los centenarios contribuía a crear, y es verdad, una religión laica, que la iglesia contempló con gran hostilidad. Pero la insistencia en los restos me parece una obscenidad”.

En un sentido histórico, los últimos momentos de Miguel de Cervantes, recuerda Rico, tuvieron lugar mientras el autor de El Quijote estaba acompañado y recibiendo los sacramentos. Y fue enterrado con el hábito de San Francisco. Sin embargo, Cervantes, agrega el académico, fue consciente de haber escrito una obra maestra. “Cervantes era muy vanidoso y creía muchísimo en sí mismo, con razón. Estaba contento del extraordinario éxito que había tenido El Quijote. Y en la segunda parte de la obra, la publicada en 1615, poco menos que en cada página hace que se evoque, por diversos procedimientos, ese triunfo espectacular de su obra. Ahora bien, creía que su obra maestra iba a ser la que dejó concluida en gran medida, pero no del todo porque faltaba una revisión, poner títulos a los capítulos y otros particulares, que es Los trabajos de Persiles y Segismunda. Esa es la novela de imaginación, no constreñida al realismo, pero al mismo tiempo con una idea de la realidad, que Cervantes consideraba que debía ser su obra maestra”.

Respecto a los hitos en la vida de Cervantes, Rico menciona que los señala el propio Cervantes: “Se enorgullece de haber estado en la batalla de Lepanto a las órdenes de don Juan de Austria. Otro hecho importante en su vida es cuando salió de España huyendo a consecuencia de un duelo cuando tenía 20 años. Los años de cautividad en Argel fueron muy importantes también, e intentó fugarse y estuvo en riesgo de muerte. Luego actuó de espía para el rey de Castilla en el norte de África, en Marruecos, y fue a parar a la cárcel varias veces por problemas relacionados con su gestión como recaudador de impuestos. Es decir, la suya es una vida que tiene muchos hitos significativos e importantes”.

Sobre la posibilidad de que el Nuevo Mundo pudiera haber influido en la obra de Cervantes, quien se sabe que consideró cruzar el Atlántico, Rico relata que al volver de su cautiverio en Argel, en 1590, Cervantes intentó, en parte como reconocimiento a sus méritos como soldado en Lepanto y cautivo, que se le diera alguna comisión, oficio, empleo o cargo, y entre varios que solicitó hubo una prebenda en Nueva España. “Pero se le dijo que no. Podemos pensar lo que queramos respecto a qué influencia hubiera podido tener ese hecho de haberse producido; pero después de la publicación de El Quijote, Cervantes solo hizo la segunda parte y no escribió nada más que el Persiles, porque las Novelas ejemplares son anteriores al primer Quijote. Si en aquel 1590 Cervantes hubiera ido a América, a las Indias, posiblemente habría hecho fortuna, encontrado otros caminos, y no habría escrito El Quijote. Cervantes tuvo muchos oficios y actividades. Hacía de prestamista, de mediador financiero, jugador profesional casi; hacía negocios, decía su hermana. Yo creo que no habría escrito El Quijote”.

Aunque no podemos saber cuál fue la chispa que encendió la imaginación de Cervantes para escribir El Quijote, Rico acota que esta obra “empezó como una novela corta, una novela ejemplar en la que un personaje que luego sería don Quijote se volvía loco queriendo imitar a los héroes de los libros de caballerías y de los romances épicos. Escribió esa novela ejemplar, que seguramente tuvo olvidada como las otras durante años, y en un momento dado se le ocurrió recuperarla. Pero ese personaje no es el don Quijote que conoceremos. Al principio es un loco desatado, en efecto, y a lo largo de la primera y sobre todo de la segunda parte, va cambiando de carácter, teniendo una forma de pensar y actuar distinta. Así que el personaje no nace entero en el primer momento; se va haciendo a lo largo de la novela”.

En el siglo XIX, precisa Rico, había una idea sobre cuál había sido el detonante de El Quijote. “Gustaba decirse que había encontrado un personaje parecido en la realidad. Pero en todos los tiempos hay un personaje parecido: el loco que se cree Napoleón. En El Quijote mismo se habla de un loco que se cree Júpiter. En cualquiera de esos casos pudo surgirle la idea, pero no necesariamente, porque es un prototipo conocido”.

Sin embargo, a lo largo de la historia la crítica ha ido apreciando la obra de una forma distinta. “Al principio, en España, el Quijote fue visto simplemente como un personaje grotesco, cómico, desaforado, y solo con el paso del tiempo encontramos al personaje tragicómico. En un primer momento, cuando don Quijote libera a los galeotes, se pensaba: qué gracioso, qué absurdo, pero qué mal hecho. Y solo mucho después, siglos después, cuando don Quijote libera a los galeotes se ve como un aspecto positivo, como un elogio de la libertad, de la no represión, del injusto castigo de la sociedad. Hasta ese punto cambian las cosas”.

Rico sugiere que para transmitir y abordar El Quijote, especialmente frente a los estudiantes de secundaria, es recomendable “seleccionar algunos fragmentos graciosos y divertidos, y comentarlos muy bien, humanamente. Y solo después, quizá podrían hacer explicaciones de más hondura. Los alumnos de hoy están acostumbrados a leer más fragmentos de textos que textos enteros. El Quijote tiene la ventaja de que como todo mundo conoce o puede conocer el dato fundamental (el personaje que se cree un caballero), se puede ir leyendo sin necesidad de empezar por el principio y acabar por el final, porque además tiene una estructura fragmentaria. Y a quien tenga la suerte de no haber leído El Quijote, si no quiere leer seguido, que picotee aquí y allá, y algún día acabará cogiéndolo desde el principio hasta el final”.

En cuanto a la totalidad de la obra cervantina, cuyas obras completas que edita la Biblioteca Clásica de la RAE se engrosarán dentro de poco tiempo con la publicación del volumen de la poesía completa y unos meses más tarde con la edición del Persiles, Rico afirma que no solo esa obra, sino ninguna, se agota del todo. “Como decía un maestro mío, si nos ponemos a buscar, un día encontraremos las cartas de Dante a Beatriz. Así que por fuerza tiene que haber materiales inéditos de Cervantes por ahí. No sé qué materiales, pero puede ser. Hace pocos años (en 1991) apareció La Conquista de Jerusalén por Godofre de Bullón, una obra entera de teatro que acabamos de publicar en el tomo de teatro completo que forma parte de las obras completas de Cervantes de la Biblioteca Clásica de la RAE. Y hay varias que no son inéditas pero que están en disputa si son o no de Cervantes, como La tía fingida y otras”.

No obstante, al investigador, autor de obras como El sueño del humanismo, Figuras con paisaje y Tiempos del Quijote, entre casi una veintena de títulos, de Cervantes le interesa el texto auténtico, “que está maltrecho”, lamenta, “desde las primeras ediciones. Hoy, con todas las técnicas que conocemos, si no en su totalidad, algunas partes se pueden mejorar. Ahora sabemos cómo trabajaban las imprentas de la época. Por ejemplo, no hacían una página después de otra, sino varias páginas salteadas que primero tenían que cortar para formar toda la cara de un pliego. Luego hacían las otras páginas de otras caras de un pliego. Tenían que cortar o añadir muchas veces, y en bastantes casos se puede saber, a la luz de diversos elementos como el estilo o el léxico de un autor hasta los modos de trabajar de la imprenta, qué es lo que habían cortado y lo que habían añadido, no en grandes extensiones, sino una, dos, tres, cinco palabras, pero a lo largo del libro se pueden ver muchas veces. Y eso es lo que me interesa y es lo que ha ocurrido con El Quijote y con todas las obras de Cervantes, y casi con todos los libros españoles antiguos”.