ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

A ritmo de melodrama, 'Asteroide' gravita en torno a relaciones familiares disfuncionales, escindidas para siempre.

 


Se vive a través de la culpa: Marcelo Tobar

'Asteroide', escrita por Marcelo Tobar.
'Asteroide', escrita por Marcelo Tobar. (Conaculta)

Con el regreso de Cristina (Sophie Alexander–Katz), los fantasmas del pasado reviven en una pareja de hermanos. La distancia y el tiempo, más que unirlos, han cavado una brecha entre ambos y su reencuentro abre viejas heridas. A partir de una experiencia personal, el realizador mexicano Marcelo Tobar escribe Asteroide, película en la que reflexiona sobre los lazos familiares, la soledad y el abandono.


¿Qué detona Asteroide?

Nace de una fractura familiar que tuve con un hermano al que ya no veo. Quería hablar de las controversias que provoca descubrir que las personas más cercanas se convierten en extraños.  La película no cuenta exactamente mi historia pero sí trata de la toxicidad de algunas relaciones consanguíneas.


Habla de la culpa, y las culpas heredadas por la familia.

Eso es muy judeocristiano. Se vive a través de la culpa. Construí la historia a partir de personajes que toman decisiones incorrectas, como sucede con la mayoría de nosotros. Usar estos elementos me parecía más poderoso que hacer una película con moraleja. Por otro lado, me interesaba cuestionar al individuo más que a la familia porque, finalmente, cada uno tiene la capacidad de cambiar.


¿Cómo llevó una experiencia personal a un plano familiar y luego artístico?

El proceso creativo consiste en encontrar el tema y conectar con una idea básica. Después los personajes fluyen solos.  El problema de las películas mexicanas es que luego no se sabe de qué tratan y saltan de género.


Hay directores que apuestan por la porosidad de los géneros.

Sí, pero no me convencen. No soy purista pero los géneros no tienen que ver con una cosa académica, sino con la relación con la audiencia y el mensaje que quieres transmitir. Considero que el problema de fondo es el desconocimiento de los géneros. Hay muchos directores mexicanos que se empeñan en emular la tragicomedia estadunidense, cuando lo nuestro es el melodrama. Aquí nos revolcamos en nuestras propias miserias, es lo que hemos vivido.


¿Cómo define el melodrama?

El melodrama muestra a un personaje que está colgado e intenta zafarse de la cuerda pero no puede. Y entre más se mueve, más le aprieta la soga; gravita dentro de un mundo que no cambia. En la tragicomedia, el personaje aprende algo y ve la luz.


En el melodrama hay algo que redime. ¿Dónde queda la redención en su película?

La redención está en el melodrama maniqueo. En mi caso, no sabría decir si la hay o no, en todo caso quería establecer una relación entre la audiencia y el personaje para propiciar un cambio interno.


¿Por eso la contención dramática?

Esa fue por una cuestión de dinero. El ochenta por ciento de la historia se filmó dentro de una casa porque de otra manera no habríamos terminado. Regla número uno: escribe con inteligencia y de algo que puedas realizar.


¿No le parece que su acercamiento al tema del alcohol o la marihuana tiene una carga moral?

No creo. No lo muestro como el principal problema de Mauricio (Arturo Barba). Es un pretexto, un símbolo y, en dado caso, un resorte. Me sirve para decirle al mundo que está jodido; su manera de violentar a la sociedad era ser un alcohólico. Su regreso al alcohol me sirve para simbolizar su derrota, pero nunca quise hacerlo como un juicio moral. 


A su película se le ha puesto la etiqueta de cine indie. ¿Por qué se ha hecho de esta clasificación una especie de subgénero?

Has dado en el clavo cuando dices que al cine independiente lo volvieron un género. Algunos autores piensan que tiene reglas e incluso una estética. Esto es falso y ha desvirtuado al auténtico cine independiente. La esencia de estas propuestas radica en los recursos, no en la temática y menos en la estética.