ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

 El cineasta español expone su pasión por la música y su rechazo a la etiqueta de vanguardista

Fernando Trueba: una historia nace asociada a un tono

El cineasta español Fernando Trueba.
El cineasta español Fernando Trueba.

No tiene teléfono móvil y presume de ello. “No lo tengo por egoísmo, no me interesa estar permanentemente comunicado”, comenta quien hace unas semanas recibió el Premio Nacional de Cinematografía en España. Ganador de un Oscar por Belle Époque (1993) y de un Oso de Plata en Berlín por El año de las luces (1985), ha filmado también Calle 54, El milagro deCandeal y Chico y Rita, trilogía que puso a flor de piel su admiración por la música.

 

Menudo escándalo montó hace unas semanas cuando declaró que no se sentía español.

Tienes razón. Miles de personas han firmado una carta contra mí. La falta de tolerancia sucede en España y en cualquier país. Con mi comentario no le he faltado el respeto a nadie. Cada quien está en su derecho de pensar lo que quiera, así que déjenme en paz. He rodado por la República Checa, Cuba, Brasil, Chile, Francia, Estados Unidos, Portugal. Soy un tipo al que le interesan todas las culturas, lenguas y músicas.

 

En especial la música; ahí están filmes como Calle 54 y Chico y Rita.

A quién no le gusta la música, la literatura o el cine. A quien no le interesan estas cosas es un tarado… a menos que no haya tenido la oportunidad de apreciarlas. Del jazz estadunidense se habla mucho pero del latino no, así que quise hacerle justicia con Calle 54.

 

Los narradores beats escribían a ritmo de jazz, incluso Cortázar tenía esta pretensión. ¿Hay un rodaje sincopado?

No, soy muy clásico en cuestión de narración cinematográfica. Tengo mis preocupaciones formales y estéticas, pero tiendo a la claridad y a la belleza, no a la ruptura del lenguaje. Me gusta la novela del siglo XIX, llegar a la gente y que me entienda. No soy un experimentador ni un director de vanguardia que busca cambiar el lenguaje.

 

¿No ha desarrollado teorías de la realización o del montaje?

Tengo mis teorías pero nunca como Eisenstein. Trabajo el montaje en función de cada película y el tiempo de la historia. Una historia nace asociada a un tono o ritmo.

 

¿Por qué sus películas suelen hablar de artistas?

Azcona, a quien considero mi maestro, me criticaba por eso. Entendía su cuestionamiento pero nunca lo compartí. ¿Cómo hablar de un minero si nunca he estado en una mina? Es como decir que a Shakespeare solo le interesaban los reyes, monarcas y nobles; sus temas en realidad eran la muerte, la ambición, el amor.

 

Recibir el Premio Nacional de Cinematografía en España ¿lo llevó a hacer un balance?

En absoluto. No me produce ninguna reflexión. Soy un estudiante perpetuo, eso es lo más bonito de la vida. Envidio a los sabios no porque quiera ser como ellos sino porque dominan muchas ramas.

 

¿A qué cineasta considera sabio?

Hay una sabiduría sobre la vida y el arte en Renoir; a su manera, Rossellini también la tenía. No sé si hay muchos más, a lo mejor Chris Marker, quien utiliza el cine para reflexionar y replantearse la mirada. En su última etapa, Bergman mostraba un gran conocimiento de la vida. Woody Allen es como el amigo con el que cenas cada semana. Ya no hay muchos como ellos porque  el cine es ya una disciplina demasiado condicionada por el dinero y la economía.

 

Dicen que el cine es todavía un arte joven, apenas lleva cien años.

No sé si es joven. Algunos dicen que el cine ya murió. No lo creo pero debe luchar contra muchas cosas para sobrevivir, como el dominio económico de las corporaciones.

 

Hace poco Francis Ford Coppola decía que el futuro del cine estaba en la escritura.

En una época vio el futuro del cine en el digital. Fue uno de los profetas y adelantados de los decorados virtuales. Quizá se ha cansado de eso. Es más bonito cuando uno rueda un rostro humano de verdad. Los efectos especiales y la tecnología se usan si hace falta; no hay que ser su esclavo ni dejar que condicionen lo que haces.

 

 

 

 El cineasta español expone su pasión por la música y su rechazo a la etiqueta de vanguardista

 

Entrevista

Fernando Trueba: “Una historia nace asociada a un tono”

Héctor González

No tiene teléfono móvil y presume de ello. “No lo tengo por egoísmo, no me interesa estar permanentemente comunicado”, comenta quien hace unas semanas recibió el Premio Nacional de Cinematografía en España. Ganador de un Oscar por Belle Époque (1993) y de un Oso de Plata en Berlín por El año de las luces (1985), ha filmado también Calle 54, El milagro deCandeal y Chico y Rita, trilogía que puso a flor de piel su admiración por la música.

 

Menudo escándalo montó hace unas semanas cuando declaró que no se sentía español.

Tienes razón. Miles de personas han firmado una carta contra mí. La falta de tolerancia sucede en España y en cualquier país. Con mi comentario no le he faltado el respeto a nadie. Cada quien está en su derecho de pensar lo que quiera, así que déjenme en paz. He rodado por la República Checa, Cuba, Brasil, Chile, Francia, Estados Unidos, Portugal. Soy un tipo al que le interesan todas las culturas, lenguas y músicas.

 

En especial la música; ahí están filmes como Calle 54 y Chico y Rita.

A quién no le gusta la música, la literatura o el cine. A quien no le interesan estas cosas es un tarado… a menos que no haya tenido la oportunidad de apreciarlas. Del jazz estadunidense se habla mucho pero del latino no, así que quise hacerle justicia con Calle 54.

 

Los narradores beats escribían a ritmo de jazz, incluso Cortázar tenía esta pretensión. ¿Hay un rodaje sincopado?

No, soy muy clásico en cuestión de narración cinematográfica. Tengo mis preocupaciones formales y estéticas, pero tiendo a la claridad y a la belleza, no a la ruptura del lenguaje. Me gusta la novela del siglo XIX, llegar a la gente y que me entienda. No soy un experimentador ni un director de vanguardia que busca cambiar el lenguaje.

 

¿No ha desarrollado teorías de la realización o del montaje?

Tengo mis teorías pero nunca como Eisenstein. Trabajo el montaje en función de cada película y el tiempo de la historia. Una historia nace asociada a un tono o ritmo.

 

¿Por qué sus películas suelen hablar de artistas?

Azcona, a quien considero mi maestro, me criticaba por eso. Entendía su cuestionamiento pero nunca lo compartí. ¿Cómo hablar de un minero si nunca he estado en una mina? Es como decir que a Shakespeare solo le interesaban los reyes, monarcas y nobles; sus temas en realidad eran la muerte, la ambición, el amor.

 

Recibir el Premio Nacional de Cinematografía en España ¿lo llevó a hacer un balance?

En absoluto. No me produce ninguna reflexión. Soy un estudiante perpetuo, eso es lo más bonito de la vida. Envidio a los sabios no porque quiera ser como ellos sino porque dominan muchas ramas.

 

¿A qué cineasta considera sabio?

Hay una sabiduría sobre la vida y el arte en Renoir; a su manera, Rossellini también la tenía. No sé si hay muchos más, a lo mejor Chris Marker, quien utiliza el cine para reflexionar y replantearse la mirada. En su última etapa, Bergman mostraba un gran conocimiento de la vida. Woody Allen es como el amigo con el que cenas cada semana. Ya no hay muchos como ellos porque  el cine es ya una disciplina demasiado condicionada por el dinero y la economía.

 

Dicen que el cine es todavía un arte joven, apenas lleva cien años.

No sé si es joven. Algunos dicen que el cine ya murió. No lo creo pero debe luchar contra muchas cosas para sobrevivir, como el dominio económico de las corporaciones.

 

Hace poco Francis Ford Coppola decía que el futuro del cine estaba en la escritura.

En una época vio el futuro del cine en el digital. Fue uno de los profetas y adelantados de los decorados virtuales. Quizá se ha cansado de eso. Es más bonito cuando uno rueda un rostro humano de verdad. Los efectos especiales y la tecnología se usan si hace falta; no hay que ser su esclavo ni dejar que condicionen lo que haces.