ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

En 1977, el colombiano Andrés Caicedo publicó ¡Qué viva la música!, uno de sus libros más celebrados. Casi cuarenta años después, el realizador ofrece su versión homónima de la obra, no sin dejar de asumir el riesgo que supone meterse con un autor de culto.

“Asumimos el riesgo de parecer frívolos”: Carlos Moreno

'¡Qué viva la música!' en su versión cinematográfica.
'¡Qué viva la música!' en su versión cinematográfica.

En 1977, el colombiano Andrés Caicedo publicó ¡Qué viva la música!, uno de sus libros más celebrados. La novela mostraba el espíritu revolucionario de María del Carmen Huerta, una joven que bajo el influjo del rock y la salsa recorrió a pie juntillas los bajos fondos de Cali. La novela marcó a una generación, entre quienes se encontraba el cineasta Carlos Moreno. Casi cuarenta años después, el realizador ofrece su versión homónima de la obra, no sin dejar de asumir el riesgo que supone meterse con un autor de culto.

 

¿Qué tipo de relación tiene con la obra de Andrés Caicedo?

La relación de un lector porque cuando él se suicidó yo era un niño. Es un escritor de culto, underground, que uno suele encontrar cuando está en la universidad o es adolescente y con el que es fácil identificarse porque habla de fantasías, ideales e invita al desenfreno.

 

Al principio advierte que la película está inspirada en la novela y que no es necesariamente una adaptación. ¿Lo hizo para curarse en salud?

No quisimos traspasar la obra ni convertirla directamente en un guión. Hicimos una historia inspirada en ese manifiesto. Decidimos contarla en otra época y momento. Somos conscientes de la riqueza que plantea el universo de la novela y de la complejidad que implicaba llevarla al cine. Por eso nos centramos en una chica que se rebela contra su sociedad y se inicia en el mundo del sexo, las drogas y la fiesta.

 

Aunque respeta el monólogo que predomina en el libro de Caicedo.

La novela está contada en primera persona porque era la mejor forma de mantener la intimidad con la chica. En cierto momento dudamos en usar el monólogo pero, finalmente, ahí está.

 

Se inspiró en el espíritu de la novela pero respetando su estructura literaria. ¿No  es un poco contradictorio?

Más que una contradicción, es un riesgo. No estoy diciendo que nuestro camino sea el único posible pero tampoco queríamos irnos por el lado fácil. Nos pareció más interesante 

abrir la novela al público y restarle densidad para que se sintiera como una invitación a la novela. Asumimos el riesgo de parecer frívolos pero cada autor tiene una forma distinta de exponer su lectura de una novela y ésta es la nuestra.  

 

¿En qué momento sintió que dejaba de lado el libro de Caicedo para convertirse en una película de Carlos Moreno?

Cuando reescribimos el guión. Ahí fue cuando decidimos no delimitar la época.La variante era llevar la historia a una situación atemporal, ponerla en un contexto más incierto e incluirle otro tipo de música que no necesariamente la ubicara en los años setenta.

 

A pesar de que en la novela la época es fundamental. Por ejemplo, la música de los Stones alimenta el espíritu revolucionario de la protagonista.

Claro, y estábamos con un mensaje posterior a ese, quizá más cercano al punk. No pudimos tener a los Stones por una cuestión de derechos; era incosteable tener una canción suya. A cambio incluimos otras canciones similares. Creo que al final conseguimos mantener un espíritu correspondiente a lo que vive el personaje.

 

La Cali que usted propone es una ciudad más contemporánea y ya alejada del estigma de la violencia.

La ciudad siempre fue un tema en la obra de Andrés Caicedo. Hay que pensar que todo esto se escribió antes de que viniera la revolución social del narcotráfico. Entre otras cosas, parte de la justificación de mostrar Cali radica en el cataclismo que supuso la revolución del crimen organizado. Queríamos tender un puente y mostrar que la novela es premonitoria.

 

¿Enfocarse a la parte del desenfreno y no a la melancolía o cuestiones más personales del propio personaje fue por una concesión al público?

Realmente no pensamos en eso ni en llevar más público a las salas. Queríamos ofrecer una película que tuviera una claridad cinematográfica sin ahondar en la experimentación. Si lo ves como concesión está bien, para nosotros era la manera correcta de invitar a que la gente se acerque a la literatura a través del cine.