Ficción por correspondencia

Ensayo. Nadie puede explicarnos cómo hemos de escribir una novela. Sería tanto como plantear un método para hacer el amor correctamente.
Vargas Llosa ilustra y pormenoriza en su carta didáctica cada uno de los aspectos técnicos del oficio del novelista.
Vargas Llosa ilustra y pormenoriza en su carta didáctica cada uno de los aspectos técnicos del oficio del novelista. (Especial)

México

Acababa de terminar de leer por tercera vez La guerra del fin del mundo, de nuevo con los ojos llorosos y las piernas temblando, cuando me decidí a escribirle allí mismo una carta para el autor. No recuerdo, por cierto, una sola de las líneas que compuse a lo largo de seis cuartillas fervientes y, a mi parecer, indispensables. Esa clase de parrafada urgente que uno pergeña sin mayor objetivo que el de cumplir con cierto requisito íntimo y presuroso. Esperaba respuesta, yo supongo, toda vez que creía que era el mío un desplante infrecuente, y no me daba el tiempo para preguntarme qué novelas podría ya escribir Vargas Llosa, si se mirara en la necesidad de responder cada una de las misivas exaltadas con que sus seguidores lo abrumábamos.

Supe que éramos muchos el día que cayó en mis manos la respuesta a mi escrito: Carta a un joven novelista, un libro breve y a su modo afectuoso, publicado con el fin de atender a infinidad de solicitudes de quienes, como yo, habíanle planteado al autor de Conversación en La Catedral una misma pregunta en todas las variantes concebibles. ¿Cómo diablos se escribe una novela?

¿Técnica, inspiración, obsesión, persistencia? Desde el primer renglón, me asumí plenamente como destinatario, pues lo ahí escrito tenía mucho que ver con los intríngulis del quehacer novelístico, pero antes de eso, por encima de eso, el texto rezumaba una emoción palpable y contagiosa. El mismo sentimiento tentador, juguetón, goloso, voluptuoso, cosquilleante, que experimenta uno durante la lectura de las mejores páginas del peruano, mismas que de por sí pecan de inagotables.

Nadie puede explicarnos cómo hemos de escribir una novela. Sería tanto como plantear un método para hacer el amor correctamente. Y si bien Vargas Llosa ilustra y pormenoriza en su carta didáctica cada uno de los aspectos técnicos del oficio, lo hace con el afán de que el alumno digiera y enseguida olvide sus palabras, pues al fin lo que cuenta no es tanto ya la técnica como el impulso de ir hacia adelante por encima de obstáculos, carencias y temores.

No se escriben novelas por causa del deber, sino bajo el influjo de un deseo tenaz e irreductible. Fue eso lo que aprendí de la esmerada carta del autor. Si quería hacer novelas, tenía que empezar sin dilación. Dar el salto sin más, en la vaga certeza de que sobre la marcha encontraría el camino. No recuerdo mejor invitación, ni he escuchado consejo preferible desde que resolví que sería novelista, como quien ha firmado un pacto con el diablo.

Sería probablemente un despropósito afirmar que Carta a un joven novelista se cuenta entre los grandes textos de Mario Vargas Llosa, pero si me preguntan insistiré en que lo hizo para mí, que era su remitente y lo necesitaba. Nunca terminaré de agradecérselo.