La íntima vocación

Ensayo. En principio, no quería perder tiempo entremetiéndome en la tan expuesta vida privada del dotado escritor que, por azares del destino, ha sido presa del periodismo “frívolo y chismográfico”.
Ensayo La íntima vocación por Armando González Torres.
Ensayo La íntima vocación por Armando González Torres. (Especial)

México

Cuando, en mi adolescencia, cayó en mis manos La tía Julia y el escribidor, la novela de tintes autobiográficos de Mario Vargas Llosa, me enamoré del personaje de la tía Julia y me simpatizó mucho el narrador, ese artista cachorro tan vulnerable como audaz, que conquista a su hermosa pariente política, desafía a su familia y realiza un juramento indeclinable por su vocación de escritor. Hace poco, un amigo me regaló una copia de Lo que Varguitas no dijo, el libro que Julia Urquidi, la célebre tía, escribió sobre los años al lado de su ex marido, como réplica a la novela y, sobre todo, a una versión televisiva de dicho libro.

En principio, no quería perder tiempo entremetiéndome en la tan expuesta vida privada del dotado escritor que, por azares del destino, ha sido presa del periodismo "frívolo y chismográfico" que tanto condena. Sin embargo, mi morbo fue mayor y, desplazando lecturas urgentes, pronto me vi atrapado en la otra versión del relato sentimental que tanto gocé en mi juventud. Aunque permeado por una mezcla de pasión y resentimiento hacia Vargas Llosa y una inocultable animadversión hacia su sobrina y segunda esposa del escritor, el libro de Urquidi se lee con fluidez, pues dosifica la trama y maneja el sentido del suspenso. Por lo demás, coincide en general con la muy conocida narración del romance que hace el Premio Nobel en su novela autobiográfica: Julia, una década mayor que Mario, conoce a su sobrino político desde que es un niño; no obstante, cuando ella, divorciada, vuelve a Perú el infante se ha convertido en un impetuoso artista joven con quien pronto hay un flechazo.

La familia comienza a sospechar de su relación y se alarma por la juventud del enamorado, los tórtolos huyen de Lima, se casan clandestinamente y el drama familiar estalla. Por presiones del padre del escritor, Julia es obligada a un exilio de poco más de un mes, amenazada con ser denunciada como pervertidora de menores. Pasada la tormenta, los esposos inician su vida en común marcada por el amor pero también por los apremios materiales, al grado que el aspirante a escritor se consigue siete trabajos, entre ellos el de hacer la lista de muertos para un cementerio.

El relato de los años subsiguientes del matrimonio es el recuento parcial de una mujer que se siente traicionada por su ex marido y parte de su familia, y quiere dar su propia versión del drama. Sin embargo, pese a ese previsible tono, en el testimonio de Urquidi se percibe cierto ánimo de contención y equilibrio y resulta significativo por varias razones: es el retrato de una mujer con gran independencia de espíritu que se enfrenta a los prejuicios de los clanes y las burguesías criollas de la época; es un relato a veces desbordado de un amor borrascoso pero intenso y, sobre todo, es un testimonio que, más allá de sus intenciones vindicatorias, resulta profundamente revelador de los difíciles inicios del escritor, sus círculos íntimos y sus peripecias editoriales. De modo que, al lado de los altibajos de un matrimonio, se vislumbra otra historia, la más valiosa, que sugiere que una vocación literaria debe estar blindada y ser resistente a todas las adversidades, pasiones mundanas y fatigas.