Abstencionistas y vigilantes

Este domingo 7 de mayo se celebra la segunda vuelta por la elección presidencial francesa entre Emmanuel Macron y Marine Le Pen. 
El 7 de mayo se celebra la segunda vuelta por la elección presidencial francesa
El 7 de mayo se celebra la segunda vuelta por la elección presidencial francesa (Especial)

Cuando se trata de elecciones, Francia es uno de los países más comprometidos al respecto: casi un 80% de su electorado acude a las urnas a votar, sobre todo si en juego está el puesto presidencial y más aún si la extrema derecha tiene una oportunidad real de victoria. El 7 de mayo es el día E, una cita histórica en la que el pueblo francés decidirá una elección cuyo resultado concierne no solo al país sino que, debido al entorno económico–político actual, tiene alcances de connotación internacional.

Una elección inédita

En los casi 60 años de existencia de la Quinta República, nunca se había tenido una elección como ésta. El desgaste de la clase política es sin duda el factor principal para que por vez primera los partidos tradicionales (la derecha y la izquierda) hayan sido eliminados en la primera vuelta de la contienda electoral. Once candidatos parecerían demasiados para elegir de entre ellos a un presidente y sin embargo son fiel reflejo de la pluralidad política que prevalece en Francia. Ecologistas, comunistas, centristas, anarquistas, cuasi fascistas, socialistas, soberanistas, liberales, todos tuvieron uso de la palabra en televisión nacional abierta para presentar sus programas; todos hicieron campaña cubriendo el hexágono francés; todos fueron ovacionados, insultados, ridiculizados o agredidos, y al final el tamiz democrático decidió que el duelo por la presidencia sea entre Marine Le Pen (Frente Nacional, extrema derecha) y Emmanuel Macron (En Marche!, centro independiente).

Este escenario está lejos de ser el anhelado por escritores, artistas e intelectuales. El hecho de tener que votar por un joven ex banquero con poca experiencia política o por la líder de uno de los partidos de extrema derecha más arraigados en Europa, no parece entusiasmar a nadie. El polémico escritor Michel Houellebecq, quien a finales de 2016 conminó veladamente a votar por Marine Le Pen, habla claro al respecto: “Por principio, yo prefiero la democracia directa, es decir, soy abstencionista. Por ende, me interesa poco la elección”. El autor de Sumisión, novela en la que anticipa la islamización de Francia, refiere sobre el candidato de En Marche! que “Es alguien extraño, no se sabe bien de dónde viene, es como un mutante, pero es innegable que ejerce cierta fascinación. He hablado con él pero no lo he entrevistado; se expresa bien aunque es imposible lograr que diga una verdad”. Por su parte, el Premio Nobel de Literatura Jean–Marie Le–Clézio es tajante en cuanto al resultado del 7 de mayo: “Si Marine Le Pen gana, revoco mi pasaporte francés”. Además opina sobre el proyecto europeo que “las restricciones del Espacio Schengen son una vergüenza. Con ello cerramos Europa a África, al Oriente, a América Latina y nos encerramos en nosotros mismos. Deberíamos eliminar las fronteras para permitir que la gente circule”.

Debido al perfil de ambos candidatos, el abstencionismo puede tener un papel decisivo el domingo 7 de mayo. Ganador del Goncourt de Primera Novela y del Renaudot con su obra Naissance, Yann Moix lo explica en estos términos: “Yo no voto. Desde 1988 no lo hago. Considero que la democracia no es solo echar una boleta a una urna, es algo más. Es escribir artículos, hacer discursos, preparar coloquios, participar en reuniones… Nunca me ha bastado con emitir el voto. A veces olvidamos que la democracia no es un ejercicio estrictamente electoral; podemos hacer otras cosas, y es lo que hago durante el año. Para mí, ésa es una manera de votar”. Sin embargo, también está la otra cara de la moneda, la de la total implicación, caso del escritor de origen marroquí Tahar Ben Jelloun, quien advierte un claro peligro con la llegada de la extrema derecha al poder. Ben Jelloun apunta que “La democracia es así. A veces engendra aberraciones. Hemos olvidado definir y enseñar los valores de la democracia, recordar que no es un simple asunto de cifras. El gesto de votar es solo una parte del acto democrático; hay que votar por los valores que engendran progreso, humanismo, solidaridad, fraternidad”. Su interés es tal que, de hecho, se ha permitido aconsejar al candidato de En Marche! para que no haya sorpresas el día de la elección. Esta incertidumbre latente es factor común en el medio literario, un punto álgido que puede resumirse mediante la pregunta que la escritora Marie Darrieussecq se hace desencantadamente: “¿Si Marine Le Pen gana, habrá elecciones en 2022?”.

La izquierda liberal

El mundo del cine en Francia tiene fama de ser de izquierda, tradición que se remonta a la época de Jean Renoir y Marcel Carné pasando por Goddard, Resnais, Varda, Costa–Gavras y hasta nuestros días, en los que actrices como Juliette Binoche o la productora Michelle Costa–Gavras lo reivindican e incluso contribuyen financieramente a las campañas. A menudo se suele aludir a esta izquierda moderada como la gauche caviar, ese mundillo intelectual de Saint–Germain que vota por tradición y que en esta primera vuelta vio al candidato de la izquierda desaparecer con un mínimo histórico de votos. Ahora bien, el cine en Francia tiene un peso específico muy alto en el sector cultura. El hecho de que se apreste a dar su apoyo a un liberal acostumbrado a manejar grandes presupuestos no es coincidencia.

Alguien muy involucrado en este proceso electoral es el cineasta Luc Besson, quien de hecho ha firmado un texto en el que califica al Frente Nacional de “bonita PyME que agrupa a la elite del fascismo a la francesa”. En su escrito titulado “La gran ilusión”, como la película de Jean Renoir, invita a los electores a impedir que Marine Le Pen llegue al poder. El director de Nikita consigna haber leído los 144 puntos del programa lepenista y refiere que “tres o cuatro son interesantes, cincuenta inaplicables, y el resto publicidad electoral. Lo que la gente quiere escuchar para entregar su voto”. En su texto, publicado también en inglés, Besson apela a la memoria y se pregunta “¿En qué periodo de la historia y en qué país replegarse en sí mismo ha funcionado? En ninguno. El encierro implica aislamiento. El aislamiento conduce al totalitarismo. El totalitarismo lleva al fascismo. Y el fascismo a la guerra. […] Estamos abatidos por los tres millones de desempleados y nueve millones de pobres que viven en Francia. […] Marine Le Pen no los salvará, al contrario, su programa no hará más que aumentar esas cifras y nuestra angustia”.

El filósofo Michel Onfray es crítico de la izquierda liberal reivindicada por el Séptimo Arte. En su prefacio a la obra sobre el abstencionismo No vote, de Antoine Bueno, señala que “¡Pase lo que pase la política no cambiará! Cambiaremos al líder del proyecto, pero no al proyecto en sí que perdura desde 1983, fecha en la que los socialistas dejaron de ser de izquierda y se convirtieron al liberalismo, una política que nos tiene hoy contra la pared. La prueba: en 1981 el Frente Nacional tenía menos del 1% de votos. Hoy nos encontramos con una intención de voto del 25% [en la primera vuelta]”. En el mismo sentido, el sociólogo Edgar Morin comenta al respecto que “Macron y Le Pen tienen en común antes que nada el hecho de haber roto la hegemonía de los dos partidos tradicionales en Francia. Su ascensión oculta la división izquierda–derecha, que se ha vuelto invisible en economía y en política exterior”. El padre del pensamiento complejo sostiene con escepticismo que “[esta elección] es una aventura, un salto al vacío. Por un lado, lo ya conocido, por el otro, lo incierto. Hay que saber que todo voto será una apuesta riesgosa. Incluso la abstención conlleva un riesgo. Esta manera de pensar nos mantendrá vigilantes y evitará ilusiones y decepciones”.

Con programas diametralmente opuestos casi punto por punto, ambos contendientes han tenido dos semanas para convencer a los votantes de otros partidos. Sin embargo, el lema “Ni Marine, ni Macron” es la voz que más se escucha en vísperas del día E.