El valor de levantarse

Danza
Nellie Hapee
Nellie Hapee (Conaculta)

Cuando era niña mi padre solía llevarme a la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM a ver al Taller Coreográfico. Ahí me gustaba imaginar mi cuerpo habitado por la inspiración que veía en aquellos bailarines y pensaba en hacer lo necesario para expresarme de ese modo. Así conocí a Gloria Contreras.

También asistía a Bellas Artes a ver a la Compañía Nacional, dirigida entonces por Nellie Hapee. Recuerdo bien el Carmina Burana creado por ella, que me mostró las posibilidades de la danza clásica más allá de los cuentos de hadas. Nellie acostumbraba agradecer al final de las funciones elevando la mirada y el brazo. A mí me gustaba pensar aquel gesto como una invitación a ese universo, sentía que aquella mujer invitaba a cruzar del mundo de lo cotidiano al de lo extraordinario. Siempre interpreté su gesto como una invitación a la danza.

El pasado 15 de octubre se realizó la segunda entrega de la Medalla Gloria Contreras que la UNAM otorga a destacadas trayectorias de la danza. Ahora la galardonada fue Nellie Hapee y coincidieron así dos figuras fundamentales para la danza mexicana y para mi historia personal.

La ceremonia de premiación fue un mosaico de estilos cuya curaduría fue un viaje por la trayectoria de la galardonada y que simultáneamente recordó el legado de Gloria Contreras. Este mosaico lo armaron el Taller Coreográfico, el Ballet de Monterrey, la Compañía Nacional y el Ballet Folclórico de Amalia Hernández.

Así la UNAM, generosa como es, abrió sus puertas no solo a talentos de su comunidad, sino que reconoció el mérito de quienes cumplen con la misión universitaria desde otros espacios.

Nellie tomó el micrófono y despojada de toda solemnidad conmovió a la audiencia con palabras repletas de experiencia, recuerdos y sentencias. Rememoró su encuentro con Gloria Contreras para trabajar la obra Vitálitas y habló de su trabajo al frente de la Compañía Nacional. Fue entonces que resaltó su gusto por saludar hacia el fondo del teatro, ahí donde la niña que era yo la observaba, y confirmé la naturaleza de aquel gesto en mi memoria.

Ahora, al recibir la medalla, se dirigió a la audiencia y dijo: “No tengan nunca miedo de expresarse; el mejor premio para un luchador es levantarse una y otra vez”.

Más de uno hicimos nuestro el llamado de esta guerrera de 86 años.