En brazos del sentimentalismo

A fuego lento
(Especial)
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Dos voces conducen la trama de El pacto de la hoguera, la primera novela de Alfredo Núñez Lanz: la de Amador Lugardo, un huérfano que en las Camisas Rojas ha encontrado el sustituto del hogar inexistente; y la de José Franco Romero, un hombre de fe que llega a la Ciudad de México huyendo de la persecución religiosa y el celo antialcohólico del gobierno de Tomás Garrido Canabal en el Tabasco de la década de 1930. Son voces ahora enemigas pero complementarias, y lo son porque compartieron la infancia y la juventud antes de ser vapuleadas por la Historia con rostro de fanatismo e intolerancia.

De modo que hasta nosotros llegan los ecos de un pasado idílico y el ruido de un presente que anuncia la construcción del socialismo mientras los ruines entre los más ruines imponen su vulgaridad sobre los más indefensos. Ese vaivén impone un ritmo de lectura que va de la introspección al dibujo acalorado de los hechos exteriores. Hay que reconocer el tino con el que, a través de los destinos individuales, Núñez Lanz logra capturar el temperamento convulso de aquella época. La piedad no cede frente a la quema de iglesias y efigies, la solidaridad se planta frente al espíritu faccioso, los hijos bendecidos por la revolución llaman a reivindicar a obreros, mujeres y campesinos, y al mismo tiempo violan y humillan a jóvenes indefensos.

Pero no todo es reinvención histórica. Junto al marasmo político avanzan las confesiones amorosas de Amador Lugardo, tan censurables para la voluntad dominante como el culto católico. Damos una y otra vez con ellas y no podemos sino lamentar su mala disposición. Dirigidas a José, el amigo, el casi hermano, una suerte de Abel visto desde los ojos de Caín, se presentan en una versión machaconamente edulcorada: “Por ahí se dice que el cielo es el mismo en todas partes, pero quiero ver el que miras tú”; “Pareces un viejo con miles de conchas saliendo de tu pelo, pedazos de mar que viven en verdes y azules; corales, esponjas y algas”… y etcétera. Hay demasiada poetry sin alcances pellicereanos.

Igualmente lamentable resulta el trance con el que Núñez Lanz despacha la vida de Amador Lugardo. Siguiendo los pasos de José en la Ciudad de México, y las de un hombre a quien su hermana profesa una devoción secreta, termina descubriendo que su hermana es en realidad su madre y que ese hombre, un médico pulcro y exitoso, es el padre ausente. Vaya, vaya: no conforme con ser vencido por el sentimentalismo, Núñez Lanz se arroja en brazos del melodrama que tantas lágrimas hizo derramar a los auditorios de la radio mexicana antes del triunfo de la televisión.


El pacto de la hoguera

Alfredo Núñez Lanz

Ediciones Era

México, 2017