El diablo en pantaletas

A fuego lento
Demencia (Alfaguara, México, 2016) refiere las calenturas de tres amigos en la frontera de los treinta.
Demencia (Alfaguara, México, 2016) refiere las calenturas de tres amigos en la frontera de los treinta. (Especial)

Valoremos las frases siguientes: “Abrí mi corazón y le dije que últimamente no estaba seguro de las cosas que me estaban ocurriendo”; “Sería imposible, aparte de absurdo, negar mis sentimientos, decirme que no lo quiera, cuando toda la vida he sentido lo contrario”; “Todavía, a veces, por las noches, sin poder dormir, me pregunto si todo aquello sucedió en la realidad o si, acaso, fue un breve sueño ardiente y febril”; “Su pasión fue mi pasión. Y yo caí rendido a sus pies”; “una pasión que ella anhelaba desesperadamente antes de que yo mismo siquiera lo deseara”. No, no provienen de la telenovela de la barra vespertina sino de otra más de las novelas tan al gusto de Eloy Urroz, con garañones sexualmente superdotados y hembras con orgasmos en la punta de la lengua.

Mientras va produciendo ese tipo de frases al mayoreo —y haciendo que los personajes columbren, admonicen, aduzcan—, Demencia (Alfaguara, México, 2016) refiere las calenturas de tres amigos en la frontera de los treinta. Se supone que son jóvenes proclives a los bienes espirituales, aunque se vayan de putas o fumen mariguana de vez en cuando: Rogelio se ha hecho cargo de su madre y hermanas después de que su padre se ha declarado una loca en busca de “mancebos rubios y morenos”; Néstor proyecta la novela del padre de Rogelio, con todo y algunas incursiones a un agujero de la Zona Rosa donde transexuales y travestis someten a sus presas a un riguroso escrutinio; Fabián es músico y está por interpretar las sonatas Opus 30 de Beethoven. Dejo que los compasivos lectores de Urroz descubran el tamaño de sus calenturas y el curso que toman.

Si algo tiene cierto atractivo es la serie de hechos inexplicables que rondan a Fabián. En las primeras páginas, dos policías irrumpen en su departamento —en un remedo de El proceso de Kafka— para interrogarlo sobre la muerte de una de sus vecinas. Poco después, la que sabía muerta llama a su puerta en busca de un poco de azúcar. El asesinato de una joven, cometido en un parque cercano y solitario, amenaza también su tranquilidad pues conoce a un individuo que asegura tener una pista. Conforme avanzamos, la salud mental de Fabián parece dispuesta a quebrarse: cree haber vivido algunas experiencias y a la vez cree haberlas soñado o proyectado como alucinaciones. Pero nada más desconcertante que la aparición de una hermosa mujer que a un tiempo es mentirosa y suplantadora, sibilina y escurridiza y, cómo no iba a ser de otra manera, quiere llevárselo a la cama. Por supuesto que hay gato encerrado y que nada es lo que parece ser… porque, sí, señoras y señores, la hermosa mujer no es otra que el mismo diablo, de piernas “musculosas, morenas y peludas”, representando el horror a la propia homosexualidad. ¿De modo que su Alteza Serenísima se toma demasiados trabajos para conseguir un acostón? ¿Basta con semejante ordalía para atreverse a escribir una novela? ¿Qué está pasando, qué república de las letras es ésta, en la que el patetismo imposible de aguantar pregona sus baratijas?

Demencia

Eloy Urroz

Alfaguara

México, 2016