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El cuarteto aventurero de Dumas

Personerío

José de la Colina nos indica porque los mosqueteros de Alejandro Dumas, han resistido el paso del tiempo
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En la escuela decíamos “los tres mosqueteros son cuatro: D’Artagnan, Portos, Athos y Alanís”, pero es falso, porque al final de la primera novela dedicada a tales personajes D’Artagnan no es todavía mosquetero sino un meritorio que tiene que dar mucho espadazo antes de pasar a ser el protagonista primero de la novela. D’Artagnan llega a París a ser un aventurero “oficial” antes de merecer el cargo en que se ocupan los otros tres protagonistas; sueña con una vida aventurera y no merecería ser un personajazo de la obra si no lograra éxitos adecuados a este sueño. Entonces interviene el destino en forma de lo novelesco dumasiano: el amante de la reina recibe de ésta un regalo del que Richelieu, cardenal ansioso de poder y de mando, es informado, creando un laberinto que los mosqueteros aludidos deberán recorrer para que todo termine bien para la reina.

Dumas es un novelista que concibe el género como multiplicación de la acción. Lo novelesco para él es la intriga como argumento esencial de las páginas. Así, desarrolla ese intríngulis de acciones atribuyendo en principio otros sueños que corresponden cada uno a los cuatro personajes. Athos es un noble que una mujer ha despojado de su breve reino; Portos, el menos soñador, solo quiere vivir de su florete y de aventuras amorosas; Aramis, sin ningún misticismo, sueña con ser un príncipe menor de la iglesia; y D’Artagnan mismo es el que en realidad sueña con un prolongado destino de aventurero, una especie de pequeño Don Quijote que incluso va a caballo de un jamelgo ridículo pero que él estima como si fuese un Rocinante logrado. Tales personajes comienzan retándose con el más joven de ellos, que es D’Artagnan, pero finalmente ante la enemistad de los guardias del cardenal Richelieu se unen en un cuarteto que para Dumas debió ser casi musical: cada uno representa una actitud distinta ante la vida: Athos, la nobleza puesta a prueba por la constante pérdida; Portos, la despreocupada busca del placer físico y la fuerza del bruto simpático; Aramis, la delicadeza del oficio garantizado por la condición eclesiástica; D’Artagnan, el soñador, el buscador de amoríos y peleas heroicas. Así, las líneas se entrecruzan en un enredijo aventurero que para Dumas es la fuerza de lo novelesco.

Dumas no parte nunca de lo real y busca en documentos arreglados por sus plumíferos una “carne” novelera que justifique la acción. De este modo, a partir de unas memorias de un capitán noble en el sentido de aristócrata, despliega toda la novelería que le es condimentada con detalles que a veces rozan el plagio por sus ayudantes de escritura.

Los tres mosqueteros es un libro divertido y emocionante como novela de aventuras, pero ha alcanzado más categoría como la pervivencia de un cuádruple mito que sostiene una línea de tensión entre otras muchas semejantes. Esa es la aventura a su vez del escritor generoso y pícaro que tenemos en Alexandre padre y con ello no solo cumple con lo narrativo puro, sino que además obtiene una gran categoría de autor que impone sus personajes a través del tiempo.


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