Alborotador contemporáneo

(Artes visuales) Felipe Ehrenberg amaba a México. Este hecho está en su obra, en su activismo, en la huella que dejó, y tatuada en su piel.
Felipe Ehrenberg
Felipe Ehrenberg (Especial)

Ciudad de México

Felipe Ehrenberg (1943–2017) amaba a México. Este hecho está en su obra, en su activismo, en la huella que dejó, y tatuada en su piel. Ese amor por este país lo impulsó a crear puentes con las corrientes artísticas contemporáneas más vanguardistas, para luego trazar provocativas y politizadas rutas urbanas que se expandieron de la Ciudad de México al resto del mundo. Fue un artista ocupado por engendrar una red global aun antes de la globalización. Es uno de los principales generadores del arte contemporáneo en México. Sin él y su generación (con artistas como Oliverio Hinojosa), el posterior boom de artistas conceptuales mexicanos no se entendería. Su curiosidad y gallardía creativa lo llevaron a experimentar medios que en los años sesenta, setenta y ochenta desafiaban la convención. Experimentador de lo formal, salió a las calles a recolectar estrategias plásticas que emergían de la cotidianidad, transformando esos hallazgos en piezas cuestionadoras.

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Fue un neólogo, como lo llamó Fernando del Paso tratando de definir a un artista que huía de las definiciones, pero que en la búsqueda de nuevos formatos, en la investigación vernácula, lograba conectar artistas, teorías y tendencias. Un artista Fluxus a la mexicana, que promovió el arte correo, editó libros de artistas, experimentó con el mimeógrafo, entre otras estrategias, marcando a las generaciones siguientes y despertando a sus contemporáneos. Desde su exploración fuera de México hasta su capacidad y energía para bajar esas teorías a su contexto, “Ehrenberg supo leer las condiciones de lo contemporáneo pero con una inquietud social y antropológica muy diferente a la Generación de la Ruptura”, dice el artista Juan–Iván González de León, quien además celebra la capacidad de Felipe Ehrenberg para inventar “sus propias condiciones, proyectos y públicos, revelándose y negándose a rendir tributo al Estado”.

Esa rebeldía no se limitaba a lo artístico. “Lo que más admiré en Felipe”, dice Mónica Mayer, “fue su espíritu peleonero y sus ideas sobre el sistema artístico. En los años setenta organizó una colectiva que itineró por varias delegaciones y logró que pagaran a los artistas. Esa fue una gran lección. Compartimos muchas batallas gremiales”.

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En su taller en Tepito, su vida jarocha, su paso por la colonia Portales, su exilio inglés, su momento brasileño… se preocupó siempre por crear redes. Artista, editor, maestro, experimentador, alborotador, su generosidad contribuyó al despertar de los ánimos mexicanos para participar del arte contemporáneo en una cultura global en la que, sin duda, Felipe Ehrenberg saboreó sus indicios.

AG