Retorno a Highway 61 Revisited

El folk no era suficiente. Un reclamo tan intenso requería de una letra audaz que transmitiera la ironía del desprecio
Con Peter Yarrow y John Hammond en Nueva York, mediados de la década de 1960
Con Peter Yarrow y John Hammond en Nueva York, mediados de la década de 1960 (Taschen)

Estrechar los secos sonidos del ragtime con la cortante inquietud del rock. Separar los sonidos aprendidos e integrarlos bajo una nueva poética. Mezclar el impulso salvaje, la destreza armónica, el fantasma de Dylan Thomas, los libros sagrados, la rebeldía de los beatniks, la agonía del profeta y el despertar de su generación.

Una melodía comenzó a escalar sobre los acordes del órgano, entre  pulsiones rítmicas y barullo de guitarras. Algo resonó en la memoria: la imagen de una hermosa mujer a quien solía verse como muñeca, dando tumbos entre amantes ridículos que alentaban el vacío de su vanidad y la gracia desvelada de su orgullo, como quien no tiene secretos porque su vida le pertenece a todos: “Like a Rolling Stone”. 

El folk no era suficiente, tampoco el rock ni el blues. Se trataba de reinventarlo todo. Una revisión de los sonidos profundos de América. Una manera de renunciar al portavoz de las buenas conciencias. Por eso la furia, el desenfado y la voracidad sonora.

La aparición de Highway 61 Revisitedfue celebrada, pero ha padecido el estigma de muchos discos de entonces: una lectura sesgada por la época jipi y la guerra de Vietnam. Factores condicionantes a la hora de analizar su influencia.

En cuanto a lo musical, se percibe una instrumentación que sirve como eje conductor que representa y refuta algún estilo, por ejemplo: la distribución rítmica del rock and roll en “From a Buick 6”; el folk revolucionado en “Like a Rolling Stone”; o la reinvención rebosante de la balada en “Queen Jane Approximately”; pasando por los destellos de ragtime, cajun, country y soul.

Su poética goza de una riqueza especial, en la que se hallan algunas variantes que asimiló con la lectura de Auden, Thomas y Ginsberg. Sus líneas muestran la cadencia versal y acentual que lo distingue:

 

You’ve gone to the finest school all right, Miss Lonely
But you know you only used to get juiced in it
And nobody has ever taught you how to live on the street
And now you find out you’re gonna have to get used to it

 

Su narrativa teje lo fantástico con lo real, a partir de figuras simbólicas que interactúan en un mosaico carnavalesco. El universo de Bob Dylan responde a los planteamientos estéticos que Eliot desarrolló en sus Cuartetos: una suerte de multirreferencialidad en la que conviven el culteranismo, los textos religiosos, lo popular y los gestos provenientes de una oralidad cotidiana: “Alabado sea el Neptuno de Nerón/ El Titanic zarpa al alba/ Y todo el mundo grita / ‘¿De qué lado estás?’/ Ezra Pound y T.S. Eliot/ Luchan en la Torre del Capitán/ Mientras cantantes de calipso se burlan de ellos/ Y los pescadores cuelgan flores/ Entre las ventanas del mar/ Donde se deslizan deliciosas sirenas/ Y nadie debe pensar mucho/ En el Pasaje de la Desolación”.

El análisis literario más importante sobre su lírica es Dylan poeta: visiones del pecado del académico Christopher Ricks, quien enardeció a la crítica por sus intentos de identificarlo con el canon de poetas anglosajones. Su defensa ayudó a promoverlo para el Premio Nobel de Literatura, que este año recibe. Parece difícil que círculos literarios y académicos reconozcan en Dylan una contribución poética significativa; esto radica en las vías de recepción de su trabajo y en el debate entre alta cultura y cultura de masas. Si el Nobel sirve para divulgar la obra de un escritor relevante en un momento determinado, entonces Bob Dylan no necesita el premio; pero si la designación contribuye a leer mejor a esa otra herencia poética que el rock ha generado, me parece válido y justificable.

¿Qué hace a un poeta ser aceptado como miembro del clan?: sus aportes a la comprensión y al desarrollo de una lengua, la inventiva de un universo propio que represente a la condición humana, una obra inmersa en el espíritu de su tiempo, la capacidad de asimilar una tradición que habla a través de su obra reinventándola. Eliot enfatizó en su discurso del Nobel: “Cuando un poeta habla a su propio pueblo, las voces de todos los poetas de otras lenguas que lo han influido hablan también a través de él. Al mismo tiempo, él mismo está hablando a los jóvenes poetas de otras lenguas, y esos poetas comunicarán algo de su visión de la vida y algo del espíritu de su pueblo”. En muchos sentidos, Bob Dylan cumple con estos criterios. Aun así, la fama pareciera cuestionar su investidura.