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Viernes , 14.12.2018 / 21:57 Hoy

Diario Vivo

Café Madrid

El nuevo periódico que llama la atención en Madrid no tiene como soporte el papel, la web o las ondas electromagnéticas
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Se edita solo cuatro veces al año y desparrama sus historias sobre un escenario teatral. El público llega a él —y no al revés— dispuesto a emocionarse con lo que le cuenten sobre las tablas y sin rechistar ante la prohibición de sacar fotografías o grabar. Sabe, de antemano, que se trata de un diario efímero y, por un rato, se dispone a desconectarse del mundo físico y virtual. Entonces un puñado de periodistas sale a escena y narra —interpreta como puede— el principal acontecimiento que ha marcado sus carreras profesionales. 

“La magia de este espectáculo consiste en que nos hace sentir que los miembros de una pequeña pero gran redacción nos cuentan una historia que llevan muy dentro de sí. Por eso se hace con mucha honestidad: para rescatar la emoción de cosas reales. Además de recuperar la esencia de los relatos, esto es algo que también tiene que ver con recobrar la credibilidad del periodismo en una época en la que los medios se encuentran en tela de juicio y hay una sobreabundancia de información. Bueno y, de paso, los periodistas nos humanizamos ante el público”, dice François Musseau, corresponsal del diario francés Libération en España y artífice de este evento que agota las entradas en tiempo récord. 

La idea surgió en Estados Unidos, hace casi una década, cuando el periodista estadunidense Douglas McGray armó una “revista en vivo” que arrancó en un pequeño teatro de San Francisco. Poco a poco, el público interesado fue aumentando y se trasladó a un escenario más grande y ha acabado llenando teatros por todo Estados Unidos. Pero el éxito de lo efímero fue tal que también hicieron una revista mensual impresa (The California Sunday Magazine) con reportajes de largo aliento sobre cómo es la vida real de un adolescente o sobre la supervivencia de las manadas de lobos en un refugio al norte de Seattle. Hace cuatro años, el documentalista Florence Martin–Kessler llevó la propuesta a Francia y, el año pasado, Musseau la trajo a España.

Hace unos días, en la segunda edición de este año de Diario Vivo, Iñaki Gabilondo, legendario locutor de la Cadena SER (la radio más escuchada en España), se subió al escenario para contar el día en que, por paradójico que suene, se sintió muy feliz por no dar una noticia. Hace 40 años iba en su coche por la carretera cuando, de pronto, un hombre desesperado le pidió que se detuviera. Era el encargado de una estación de tren que le soltó: “Tengo que cambiar una señalización para evitar un accidente y solo tengo siete minutos para hacerlo. ¡Maldita sea mi vida! Lléveme”. Gabilondo pisó el acelerador, pero llegaron a la estación más tarde de lo esperado. Por fortuna, el tren se había retrasado y no ocurrió una desgracia. Era domingo por la tarde y de camino a casa prendió la radio y respiró tranquilo al escuchar a sus compañeros dar las monótonas noticias del fin de semana. “Era el tardofranquismo, todavía la censura no se iba por completo, pero quizá por la implicación personal me alegré por no tener que informar de una tragedia”, concluyó el locutor.

Del dilema personal–profesional también se ocupó José Antonio Guardiola, director de En Portada, el multipremiado programa de reportajes de Televisión Española, y veterano corresponsal de guerra. Contó que un día, en Kosovo, en pleno cerco armado, una familia le rogó que llevara al hospital a su hijo herido. El hospital estaba ubicado en territorio enemigo. Lo pensó (“los periodistas no trabajamos de salvavidas, pero es verdad que antes que periodistas somos seres humanos”), lo escondió en la cajuela de su camioneta y en la aduana, cuando el guardia vio su pasaporte español, solo le dijo “¡Hala Madrid!” y lo dejó pasar sin revisar el vehículo. “El niño se salvó gracias a la pasión futbolera y yo he seguido trabajando con la conciencia tranquila”, subrayó.

Todos los que se suben al escenario de este espectáculo de profesionales de la información (seis en total) carecen del talento de los actores pero hacen uso de su sinceridad no para presentarse como “grandes sacrificados”, sino para que la gente se entere de qué están hechos los que cuentan las noticias. Pero también porque, como suele decir Carlos Marín, “las de los periodistas son grandes historias de pequeños hombres”. 

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