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Sábado , 22.09.2018 / 22:33 Hoy

Debatir sin imaginación

Bichos y parientes

El debate de mañana será el segundo round de unas luchas en lodo.
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Lo más extraño es que se haya debatido tanto sobre una tecnología que vive su ocaso: el petróleo como combustible y los derivados plásticos desechables. Es necio continuar con una economía que requiere inversiones brutales para convertir recursos no renovables en basura indestructible, pero ningún candidato ha dicho pío sobre algunos temas que urgen: las nuevas fuentes de energía y el desarrollo tecnológico en ecología. En las redes no solo hay resentimientos; abunda la esperanza, pero los candidatos ni la ven ni la entienden. Carecen de imaginación y ni siquiera tienen en cuenta que para los jóvenes, la población votante más numerosa, el cuidado ecológico no es una conveniencia sino un asunto de ética y de viabilidad política.

Hay sustitutos para plásticos hechos de algas, papa, tapioca y mandioca, maíz y cualquier almidón. Todas cuestan entre dos y tres veces más que el plástico. Pero también, todos los fabricantes dicen lo mismo: es cosa de escala y volumen; si los dejan competir, sus costos serían equivalentes y hasta menores. Y lo mismo con la generación de energía. El Estado es un gran inversionista en construcción. ¿Por qué no apuesta por todos esos materiales que pueden funcionar como generadores fotovoltaicos? Ya hay cementos, vidrios, pintura que pueden conducir y transformar luz y calor en energía eléctrica. ¿Y si la construcción pública, en vez de tender cableados y coyotear cobros, habilitara casas y edificios autosuficientes? Cada construcción cuesta un poco más, pero el ahorro es doble: para los dineros públicos, la eliminación de subsidios y burocracias; para las familias, el pago de un servicio malo y caro. Las nuevas tecnologías son sencillas, baratas, se pueden multiplicar por todo el país y usan recursos renovables. Pero, sobre todo, son “antifrágiles” (en YouTube: Antifragile de Nassim Nicholas Taleb; el libro es muy bueno y el autor, un pesado).

Pensar en pequeño es hoy mucho más productivo que la megalomanía metalmecánica de las combustiones y explosiones. Para no seguir oyendo necedades como la de construir refinerías, el dinamismo económico y social, las discusiones éticas y la inteligencia, debieran cambiar de escala. Ha sido un error de las modernidades suponer que la centralización no solo económica sino política en un Estado resulta en bien común. El Estado restringe libertades, instituye la dominación y empobrece a todos, excepto a los poderosos, que seguirán luchando en lodo.

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