De mala calidad

Artes visuales
La artista conceptual Jill Magi
La artista conceptual Jill Magi (Especial)

La controversia y el chisme (ese que abordara conceptualmente Ulises Carrión) son el eje de la exposición de Jill Magid, cuya obra pasa a segundo plano para desgracia (o fortuna) de la artista estadunidense. La atracción de la muestra Una carta siempre llega a su destino. Los archivos Barragán, que se exhibe en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), es el morbo, tal como las cabezas de los periódicos sensacionalistas tan hojeados por la sociedad contemporánea. Nos gusta el entretenimiento.

Resulta decepcionante que las piezas exhibidas no sorprendan, que la propuesta no encienda la curiosidad, que no dispare el cuestionamiento. Demasiada expectativa y diatriba que borra lo que debería ser la protagonista: la obra. Quizá la exposición quiere contar una historia o el viaje de esa carta que no siempre llega a su destino. Un relato que de estar bien narrado podría ser entretenido. No se trata del “personaje”, que en esta telenovela del arte contemporáneo podría ser ficticio, estrategia utilizada por muchos artistas, por cierto, sino del trabajo en sí.

Al recorrer la muestra, resalta lo prístino de la disposición de piezas. Me sorprende la reiteración tanto como la asepsia. ¿Sería así si se tratara del finlandés Alvar Aalto? Leo la correspondencia en papel y tablets, muchos formatos, muchos documentos que se quedan en el limbo. Si bien las ideas pueden conmovernos y los conceptos pueden adquirir volúmenes exquisitos y reveladores, en esta propuesta extraño ese instante revelador en el que la mirada embona en la obra, cuando uno se siente tocado, con o sin explicación, o cuando se intuye que hay algo más por develar.

Si el escándalo es la fuerza de la pieza, el performance extendido de Magid funciona. Si su objetivo es cuestionar al sistema capitalista, resulta pretenciosa y autocomplaciente: ¿dónde está la crítica? Demasiado marketing que distrae. Barragán no es el centro de la pieza, es el pretexto; sin embargo, las estrategias para dar forma al contenido no se integran con esa argucia como lo vimos con Kapoor o como se ve en la expo de al lado de George Schneider. No es fácil contar historias, tampoco no contarlas.

Veo el anillo con el diamante producido con las cenizas de Barragán, imagino qué gran obra maestra hubiera sido si el fiancé millonario hubiera optado por comprar las cenizas del arquitecto mexicano para hacer un anillo de compromiso único para Federica, su prometida. Quizá lo pensó, pero sabía que aún si hubiera utilizado todas las cenizas y no solo poco más de 500 gramos, como lo hace Magid, la calidad de la joya hubiera sido mala, como hoy lo vemos.