Elitista

Toscanadas
Adam Zagajewski
Adam Zagajewski (Especial)

Vuelvo al tema del Nobel de Bob Dylan, pero no para hablar sobre él, sino sobre el modo en que reaccionó mucha gente. Me topé con una buena cantidad de artículos y comentarios que celebraban casi a modo de revancha que la gran literatura no fuese algo elitista y de paso arremetían contra aquellos lectores, críticos, intelectuales o escritores de gustos más “exquisitos”, esos que pontifican “desde sus torres de marfil”. A esta alegría se sumaron, por supuesto, quienes ni siquiera leen, pues ahora la gran literatura se transmite en cualquier estación de radio, y los ignaros que de Sor Juana apenas se saben el “hombres necios que acusáis”, ahora pueden decir que conocen de memoria muchos versos de poetas enguitarrados.

Este esfuerzo por tachar la buena literatura de esnobista y hacer pasar la mala literatura por buena, ataca por varios flancos. Y, sobre todo, ataca desde dentro. Los emporios editoriales ponen toda la carne al asador para promover basura y cuasi basura; y van ahogando poco a poco cada vez más a la mejor literatura.

En las escuelas se prefirió adoptar la idea de que los niños son imbéciles, que su cabecita puede reventar si se les educa más de la cuenta, y les ofrecen un mundo de letras que apenas supera las canciones de cuna.

La propia Academia Española deja escapar la idea de que el Quijote está lleno de paja y encomienda a Pérez–Reverte su adaptación para sublectores. Otro célebre quijotista dice que la lengua de Cervantes es una lengua muerta y presenta un Quijote estupidizado y mal prosado, y el mismo Vargas Llosa se prestó a prologarlo.

Adam Zagajewski, un poeta de verdad, escribió: “La democracia no nos salvará de la vulgaridad”. Y es que el espíritu democrático nos volvió tibios en todo cuanto se refiere a las artes. Ya casi nadie se atreve a diferenciar entre la buena o mala literatura. Las estadísticas de las instituciones culturales hablan de libros leídos por año, y se dice que lo importante es leer, sin importar qué. ¡Bravo!, dicen las grandes editoriales, y echan a andar las prensas con más inmundicia; luego compran pequeñas editoriales literarias, no para publicar literatura, sino para sacarlas del mercado.

Pues no: las bellas artes han de ser la cumbre del espíritu humano, necesariamente tienen que estar en lo más alto, y sin embargo al alcance de todo aquel con sensibilidad, inteligencia, voluntad y, por supuesto, educación. Me da mucha pena que las escuelas fabriquen tanto mentecato, me da mucha pena que el autodidactismo sea tan infrecuente, me da mucha pena que la masa prefiera los estribillos que la poesía, que los cerdos prefieran el forraje que las perlas, pero por mucho que lo intenten, no convertirán la palabra “elitista” en un insulto. Los escritores de élite necesitan lectores de élite, y los libros de élite no son para cualquier paladar. Me da mucha pena, pero no lo son.