Chéjov contemporáneo

Toscanadas
Anton Chéjov
Anton Chéjov (Especial)

En el cuento “En casa”, Anton Chéjov nos habla de un funcionario que recibe cierta información de la institutriz sobre su hijo llamado Seriosha: “He notado que fuma”, le dice, “y cuando trato de amonestarlo, se tapa los oídos con los dedos y se pone a cantar a gran volumen para ahogar mi voz”. El funcionario le pregunta a la institutriz por la edad de su propio hijo. “Siete años”, responde ella, y explica que el tabaco lo roba del escritorio.

Podemos anticipar la reacción de un padre contemporáneo, pero el de Chéjov reacciona con una sonrisa. “Imagino al querubín con un cigarro en la boca”, dice, y sin dejar de sonreír, cierra los ojos e imagina al niño con un enorme puro, de un metro de largo, en medio de nubes de humo de tabaco.

Entonces recuerda su propia infancia, cuando los niños fumadores provocaban en sus maestros y parientes un “extraño e irracional terror”. Dice que “los niños eran azotados sin piedad y se les expulsaba de las escuelas, volviendo sus vidas miserables como castigo por fumar, a pesar de que ningún maestro o padre supiese exactamente en qué consistía el daño o el pecado de fumar. Incluso las personas inteligentes no tenían reparos en hacerle la guerra a un vicio que no comprendían”. Y al final llega a esta conclusión: “Entre menos se comprenda un mal, más feroz y severamente se lucha contra él”.

Y pese a sus ideas liberales, asume el papel de padre y se dispone a regañar al niño. Sin embargo, opina que un muchacho de carácter es aquel que sigue fumando pese a los golpes y castigos.

Le pasa por la cabeza dar una tunda a su hijo, pero se sabe miembro de una nueva generación. “En el pasado la gente era más sencilla y pensaba menos, por eso enfrentaba los problemas con agallas. Ahora pensamos demasiado, nos devora la lógica. Entre más civilizado es un hombre, más se pone a reflexionar y se deja derrotar por sutilezas, más indeciso y escrupuloso se vuelve, y también más cobarde para actuar”.

Al final, decide contarle a su hijo un cuento sobre un gran reino: el emperador tenía un hijo pequeño, su único heredero, quien muere a la edad de veinte años a consecuencia de ser un fumador. El anciano padre queda sin quién lo ayude, sin quién se haga cargo del reino. Llegan sus enemigos, lo matan y destruyen el palacio. Y en el jardín ya no quedan cerezas, ni aves ni campanillas.

El niño queda muy impresionado. “No volveré a fumar”, dice, y el padre a su vez se impresiona ante el hecho de que un cuento haya sido más poderoso que cualquier sermón, razonamiento, amenaza o castigo.

Pero aun más poderoso que el cuento del padre, es el mismo cuento de Chéjov. Habría que leerlo entero, y no solo el fragmento comentado que aquí presento. El buen lector sabrá que el texto habla de mucho más que de un padre, un hijo y el conflicto del tabaco; sabrá también que no solo habla de la Rusia de finales del siglo XIX, sino de algo muy global y contemporáneo; sabrá que la no ficción apenas sabe iluminar a toro pasado, mientras que la buena ficción es una luz permanente que lo mismo alumbra las huellas que el camino. La buena ficción. El buen lector.