"Los jóvenes no saben lo que significa la muerte": David Bowie

Memoria
Rivera Bowie
Rivera Bowie (Masayoshi Sukita)

Muchas veces renegó de la etiqueta de intelectual: "Soy cantante pop, por el amor de Dios. Soy bastante sencillo". La naturaleza finita de la existencia humana comenzó a resonar hace catorce años con las canciones de su disco Heathen. Algo ocurrió con David Bowie. Había cumplido 55 años y no estaba enfermo; sin embargo, un golpe de conciencia lo hizo percatarse del transcurrir de la vida: "Lamento tanto ver pasar el tiempo frente a mí". Se encontraba en un momento de aceptación.

Durante varios años, Bowie sufrió de ansiedad severa. "Este es el motivo principal de mi trabajo y de mi búsqueda interior. No dejo de darle vueltas al asunto ni de pensar cómo a varios artistas que admiro les sucede lo mismo: vuelven una y otra vez a este tema, lo llevan a cuestas", reconoció en una entrevista concedida a Der Spiegel en 2002 tras el lanzamiento de Heathen, cuya portada —donde aparece con rostro lúgubre y ojos en blanco— es un homenaje al surrealismo de los años treinta, al trabajo del fotógrafo Man Ray, a Dalí, a Un perro andaluz, de Luis Buñuel.

El tema homónimo es interpretado por Bowie con una tristeza que parece provenir de su dolorosa experiencia de vida, la cual, al mismo tiempo, lo sumerge en un estado de éxtasis, casi de felicidad. "Me encanta la vida, pero esta vez he enfocado mi trabajo en el lado sombrío de la existencia, donde se concentran el miedo, la duda, la depresión, la pérdida, la decepción. Me encuentro enganchado en aquellos aspectos que engendran la condición de miseria humana".

Bowie dejó de ser el cantante que alguna vez celebró el lado divertido de la vida con canciones como "Rebel Rebel", lo que tampoco significó que se sintiera avergonzado de haberla escrito. "Vamos a ponerlo de esta manera: con 55 años, me resulta un poco problemático cantar algo que describe el sentir de un adolescente de 18. Por lo menos, es difícil cantarla sin cierto estilo".

En la década de 1970, su manera de vivir lo llevó a jugar literalmente con la muerte. Se mantuvo fiel al lema del rock: morir joven y dejar atrás un cadáver bien parecido. La muerte no le importaba: "Ese juego con la muerte no era más que una idea romántica de heroísmo con la que coqueteábamos todos los jóvenes. Era la continuación de los poemas de Byron y Shelley que lees en la primera juventud. Entusiasmados, nos imaginábamos en calidad de hermosos perdedores teniendo una muerte prematura. Visto desde hoy, me parece una completa tontería porque los jóvenes que nunca han visto a nadie morir no saben lo que significa la muerte, no tienen idea, carecen de profundidad y experiencia".

A esos episodios de ansiedad lo acompañaban otros problemas personales que Bowie logró resolver a través de los años:

Nunca me sentí cómodo en la sociedad. Tenía la sensación de no saber cómo comportarme ni cómo interactuar socialmente. Siempre tuve miedo y me sentí muy inseguro en las relaciones amorosas. La única forma de sentirme seguro era estando completamente solo o sobre un escenario. Nunca he escuchado a nadie, pero ahora, en este momento de mi vida, me siento mucho mejor. Poco a poco voy sintiendo que me gusta estar aquí y empiezo a disfrutar esta etapa de búsqueda. A veces me digo: ¡Estoy en un gran lugar!

Estoy bien en este mundo. Ahora puedo establecer conexiones con otros seres. También por eso es que a estas alturas me molesta la finitud de la vida, me ahoga. Ahora que por fin he logrado entenderme, a mí y a otros, debo morir. ¡Qué tipo de mierda es este juego! ¿No hay nadie con quien se puedan volver a revisar las reglas del juego? Me gustaría cumplir 200 o 300 años, pero si no hay más remedio... Cuando la muerte te sonríe, ¿qué más puedes hacer excepto devolverle la sonrisa?

Bowie también solía decir: "A medida que envejezco, las preguntas se reducen a dos o tres: ¿por cuánto tiempo y qué hago con el tiempo que me queda?". Como todos los artistas que van a morir, y lo saben, Bowie preparó con sumo cuidado la última de sus sorpresas: la producción del disco Blackstar, al que desprendió de todo impulso nostálgico. En él va inscrita la clave de sus pensamientos: "No soy una estrella pop, no soy una estrella de cine, no soy una estrella porno, no soy un gánster, no soy una estrella errante. Soy una estrella negra".

Bowie manejó el concepto de universo como eje de su temática musical e influyó en varias de sus personificaciones. No resulta extraño que decidiera concluir el espectáculo de su vida convertido en una estrella negra, un astro al que los astrónomos muy raras veces detectan, dadas sus características de invisibilidad. Bowie se consideraba único, el eterno intangible. Desde esa perspectiva concibió una elaborada analogía que lo mantendrá gravitando por siempre en el paisaje cósmico.

Desde su retorno en 2013 con el álbum The Next Day, no volvió a conceder entrevistas; permaneció oculto los últimos años. La única manera de comunicarse con sus fans fue a través de su obra. De acuerdo con las reseñas de los medios alemanes, la música de su último disco sigue manteniendo el espíritu de un hombre exigente, obstinado y extravagante. Tal como lo recordaremos.