Narcotráfico y teoría del complot

Hombre de celuloide.
Benicio del Toro en 'Sicario', del canadiense Denis Villeneuve.
Benicio del Toro en 'Sicario', del canadiense Denis Villeneuve.

Ciudad de México

Sicario tiene dos estrellas: Benicio del Toro y un tono francamente documental. La película del canadiense Denis Villeneuve mezcla efectivamente la historia contemporánea del narco con temas bíblicos y comienza explicando que los sicarios fueron asesinos judíos que en tiempos de los romanos mataban al invasor uno a uno, desde la oscuridad. La cuestión progresa cuando emerge en nosotros la inquietud: ¿quiénes invaden y quiénes son invadidos? La principal virtud de Sicario está en que no ofrece una respuesta contundente, de modo que sicarios podrían ser los narcos mexicanos, colombianos o estadunidenses. Todo depende de quién es el invadido y quién el invasor. Una vez que entendemos que Villeneuve dice que los gobiernos de México, Colombia y Estados Unidos se están invadiendo respectivamente es posible abrir la pregunta aún más.

En el año 2000 Steven Soderbergh filmó un auténtico elogio de la DEA en el que, como es de suponer, los estadunidenses eran hermanitas de la caridad y se pintaban a sí mismos como La Civilización. Nosotros terminábamos siendo los bárbaros. También en Traffic, por cierto, Del Toro usó su acento colombiano aunque allá era un dislate porque se supone que estaba interpretando a un mexicano. Pero al margen de que Del Toro haya encontrado por fin una película en que funciona su acento latino, la pregunta más llamativa es: ¿no será que México es el verdadero poder imperial que como los romanos del siglo I todo lo va arrasando? Porque el punto de vista puede cambiar, incluso en el terreno bíblico. Si dejamos de ver al norte como La Civilización tal vez nos demos cuenta de que, con todo y narco (o más bien, justamente por el narco), los bárbaros no hemos sido nosotros.

Lo más flojo de la película, por otra parte, es la protagonista. Emily Blunt hace a una soldado que acaba de volver de Afganistán llena de ganas de salvar el American Way. Por cuestiones narrativamente muy forzadas, “los de arriba” la obligan a enrolarse en una misión de entrenamiento en México. ¿Para qué? Las razones no quedan claras y esto (que pudiese ser una virtud) enturbia un filme que de otro modo hubiese podido llegar a las alturas de la italiana Gomorra de Matteo Garrone. Y es que la actriz solo ofrece un punto de vista innecesario porque lo dicho: lo mejor de la película es el tono documental que, por definición, no tiene por qué ser subjetivo. Es como si un novelista se confundiera innecesariamente entre el uso de la primera y la tercera personas del singular. En todo caso, lo interesante de Sicario es que, a pesar de lo que se ha escrito sobre el tema, no se había visto una obra que diese un giro completo a las ideas políticamente correctas y otorgara a los mexicanos la dudosa cualidad de ser imperialmente bíblicos, un ejército romano que marcha silencioso, con sus finanzas, sus drogas y sus métodos, para lavar dinero. Va tanto hacia el norte como hacia el sur. Con el ímpetu de un país joven que se quiere adueñar de esta parte del mundo.

 

Sicario: tierra de nadie (Sicario), Dirección: Denis Villeneuve. Con Emily Blunt, Benicio del Toro, Josh Brolin, Jon Bernthal. Estados Unidos, 2015.