Cosas de niños

Reportaje
Los libros infantiles representan el 13.4% de la producción editorial.
Los libros infantiles representan el 13.4% de la producción editorial. (Especial)

En México hay aproximadamente 40 millones 200 mil niños. Los datos del Instituto Nacional de Geografía y Estadística precisan que 19.7 millones son niñas y 20.5 millones niños. Es decir, más de una tercera parte de los mexicanos son menores de edad.

Su impacto en términos de consumo cultural es considerable.

De acuerdo con datos de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, los libros infantiles, juveniles y didácticos representan el 13.4% de la producción editorial, solo detrás de los libros de educación básica y de texto para secundaria. En cuestión de ventas genera poco más de 780 millones de pesos, lo que implica el 7.3% de la facturación total.

La Asociación Mexicana de Internet (AMPICI) expone que el 92% de los menores considera que Internet es un medio de comunicación necesario. La cifra se ampara en que dedican tres horas diarias a navegar en la red desde cualquier tipo de dispositivo. Los números se justifican en zonas urbanas donde la penetración de la computadora es del 70 por ciento.

No menos relevante es lo que sucede con el cine. Dentro del listado de los filmes más taquilleros en México durante 2015, elaborado por la Cámara Nacional de la Industria de Cinematográfica y del Video, ocho son cintas destinadas a menores de 18 años: Avengers: Era de Ultrón, 784.01 millones de pesos, 15.7 millones de asistentes; Minions, 724.79 millones, 16.1 millones de asistentes; Mundo Jurásico, 685.84 millones,13.8 millones de asistentes; Intensamente, 485.87 millones, 10.8 millones de asistentes; Hotel Transylvania 2, 400.10 millones, 9.8 millones de asistentes; Los juegos del hambre: Sinsajo. El final, 249.19 millones, 5.1 millones de asistentes; Ant-Man: El hombre hormiga, 244.21 millones, 5.2 millones de asistentes; Bob Esponja: Un héroe fuera del agua, 242.59 millones, 5.5 millones de asistentes.

En lo que toca al Top Ten nacional, cuatro producciones tuvieron por destinatario al público infantil: El gran pequeño obtuvo 148 millones 320 mil pesos, 3 millones 342 mil 259 espectadores; Don Gato: El inicio de la pandilla, 54 millones, 1 millón 469 mil 428 espectadores; Guardianes de Oz, 21 millones 820 mil, 542 mil 615 espectadores; Por mis bigotes, 16 millones 710 mil, 433 mil 540 espectadores.

Si de algo sirven los números es para obtener un panorama sobre el acceso de los niños a los contenidos culturales. Una vez establecida la dimensión del nicho o mercado que representan, conviene cuestionarse: ¿qué tipo de contenidos consumen?, ¿cómo trabajan los artistas mexicanos dedicados a generar contenidos para este sector de la población?

Nuevas reglas, nuevos tiempos

Liset Cotera es testigo activo de la generación de públicos infantiles para contenidos audiovisuales. Fundadora y directora de La Matatena A. C., desde hace más de dos décadas organiza el Festival Internacional de Cine para Niños (y no tan niños), que se desarrolla durante el verano en la Ciudad de México y próximamente en Tijuana y Michoacán. Además, la asociación imparte talleres de video para menores de edad. “En los años del festival nos ha tocado ver cómo se ha multiplicado la oferta. En el primer encuentro exhibimos tres largometrajes y en la última edición tuvimos 70  materiales de 35 países”, detalla.

Con la vocación de generar una oferta cinematográfica distinta a la predominante en las carteleras comerciales, maneja una audiencia que oscila entre 10 mil y 13 mil espectadores en la Ciudad de México. Pese a la permanencia del proyecto, admite que le gustaría llegar a más foros a nivel nacional. “Hay naciones que promueven prioritariamente el cine infantil como género. En Francia y Alemania existe una política pública muy clara en este sentido, por no mencionar el ejemplo de Dinamarca, donde el 25% del dinero destinado al cine debe dedicarse a producciones infantiles que se exhiben en festivales, salas comerciales y escuelas”.

Director del filme La revolución de Juan Escopeta, escritor del guión de Por mis bigotes y realizador de programas infantiles para Canal 11, Jorge Estrada advierte un cambio en las audiencias y en los contenidos. “La oferta ha crecido exponencialmente. Los pequeños tienen una cantidad de información gigantesca. En su momento hablábamos de cine y televisión pero ahora hay más elementos a considerar: Internet, los videojuegos. Quienes hacemos este tipo de contenidos nos tenemos que asomar a todo ello”.

Las reglas de formatos y los códigos de comunicación están cambiando. Estrada asegura que la televisión está en franca revolución. “Cuando éramos niños veíamos los programas a determinada hora y con una duración de treinta minutos o una hora. Ahora los chicos eligen el momento en que ven los contenidos. Tienen la capacidad de hacer varias cosas a la vez. Pueden estar en YouTube y chatear mientras ven una serie de Netflix, todo al mismo tiempo. Esto ha propiciado que los contenidos sean más breves. Ahora las cápsulas audiovisuales son de cinco minutos. Son los nuevos tiempos y los dictan las generaciones más jóvenes”.

A nivel nacional el reto es construir una audiencia que permita consumir contenidos hechos en casa. Las grandes cadenas televisivas prefieren ir sobre seguro antes que arriesgarse y producir algo local. “Somos muchos quienes estamos intentando cosas, pero para los canales masivos les resulta más fácil y barato apostar por materiales ya hechos y de éxito probado. La consecuencia de ello es el rezago”.

Promover la interacción

Los códigos de las artes escénicas son distintos: promueven la interacción inmediata y presencial. Frida Fernández, al frente de la Compañía NOC MX, se dedica a divulgar la música de concierto en festivales, plazas públicas, entre audiencias de todas las edades. Con los menores desarrolla actividades que los ponen en contacto con los instrumentos. “A los niños hay que llegarles por la vía del juego, es su principal placer y quehacer. Así les llegan las buenas y malas influencias. He participado en varios programas de la SEP y recuerdo uno en especial, ‘Música en tu escuela’, que consistía en llevar agrupaciones a distintos planteles. En general, les gusta la música, solo hay que saber diferenciar el método conforme a la edad”.

La apuesta de Fernández es despojar a la música clásica del prejuicio que la considera aburrida. “La mejor manera de romper el estigma es el respeto. Si un joven no ha tenido acceso a cierta formación no hay que tratarlo con arrogancia. A mí me funciona contar la vida de los compositores como si fueran cuentos. Las biografías de Bach o Beethoven son apasionantes y los enganchan de inmediato”.

El desarrollo de la sensibilidad, el trabajo en equipo, el respeto y la espiritualidad, son algunas de las virtudes que promueve este arte. “La música despierta muchas cosas porque implica vibraciones que resuenan en el organismo. Me ha tocado ver a pequeños que se emocionan al punto del llanto cuando los dejo dirigir nuestro ensamble”.

Especialista en los públicos infantiles y juveniles, la Compañía Teatral 20 segundos concentra sus baterías en motivar la participación de su audiencia en los montajes. Su titular, Regina Arias, señala que la propuesta del conjunto conformado por egresados de la UNAM consiste en explotar la imaginación. “Todo nos lo dan ya digerido. Los niños están sometidos a un bombardeo de imágenes y crecen en un entorno donde el teléfono celular se ha vuelto una extensión del ser humano, sobre todo en los circuitos urbanos. Nosotros preferimos ir a contracorriente y promover la lectura como divertimento”.

Cuestión de fondo

Las múltiples vías de información han motivado una apertura temática para los menores. Los tópicos tabú son los menos pues los niños son capaces de acercarse a contenidos relacionados con la violencia, la discriminación, el terror o la violencia. Muestra de ello es la colección A la orilla del viento del Fondo de Cultura Económica. En 2016, la serie celebra 25 años de vida. El saldo de su primer cuarto de siglo es la publicación de 225 títulos. Socorro Venegas, coordinadora general de Obras para Niños del sello, plantea que el buen rumbo de la serie obedece al interés por publicar obras que no sean condescendientes con los lectores. “Buscamos historias que presenten un punto de vista original. Nos interesa acompañar a los niños en un mundo al que no podemos ver de manera idílica. Existen los divorcios, las familias con dos papás o dos mamás, la anorexia. Los menores saben las realidades que viven y no podemos temer hablarles sobre los temas que les rodean. La literatura está ahí como un reflejo del mundo en que viven”.

Para Nuria Santiago, ganadora del Premio Barco de Vapor de Literatura Infantil 2015 con el libro Olivia, el bosque y las estrellas, los pequeños están expuestos a información sobre bullying, acoso sexual o violencia. “Necesitamos poner más atención a lo que sucede en las escuelas porque son un espectro de la sociedad. No basta con abordar la problemática y decirles que existe el bullying, es necesario explicarles que es un reflejo del ambiente social en que viven”.

En el mismo sentido, Liset Cotera ubica un mosaico de tópicos amplio que va desde la discriminación hasta la guerra o la discapacidad. “El cine es un medio que ayuda a construir identidad y una ciudadanía distinta. En el contexto actual es preciso trabajar con los niños, motivarlos a exponer y dar sus puntos de vista. En el festival observamos que la temática es muy variada pero donde sí vemos una tendencia a la alza es en los filmes protagonizados por niños”.

Desde la Compañía Teatral 20 segundos, Regina Arias añade que los tópicos de sus puestas en escena se enfocan en las relaciones interpersonales. “Nos gusta hablarles del bullying pero también de la incomunicación y la forma en que impacta en la intolerancia o la inseguridad; motivarlos a que no se queden callados. La violencia infantil se ha disparado y es importante que aprendan a alzar la voz cuando ven algo extraño”.

Al margen de su carrera como realizador de cine y televisión, Jorge Estrada ha publicado relatos y novelas infantiles. La más reciente es Los cuentos negros de Ofelia, “una historia de terror que les encanta porque les contagia incertidumbre pero sin riesgo real”.

Asegura que una de las ventajas de la literatura es que cultiva la imaginación. “Es una especie de músculo que se ejercita cuando estás solo y concentrado. A los niños hay que hablarles de forma clara y honesta, sin maquillarles las cosas. Hay que hablar de lo que ven porque es su realidad. Lo peor que podemos hacer es procurar que vivan en el reino de la fantasía”.

Finalmente, Socorro Venegas es crítica con los medios de comunicación tradicionales y cuestiona su poca atención a los contenidos infantiles. “Los niños quieren que los sorprendan y los desafíen. Ante la oferta tecnológica, incluyendo los videojuegos, los editores debemos estar atentos y mirar a fenómenos como los booktubers. Su éxito se debe al poco espacio que los medios dedican a este tipo de literatura. A través de ellos encontraron un medio para comentar y dialogar sobre los contenidos que les interesan. Las nuevas audiencias dejaron de ser pasivas”.