Permanencia del instinto

Danza
Permanencia del instinto danza

El 29 de mayo de 1913 se estrenó en París La consagración de la primavera compuesta por Ígor Stravinsky para la compañía de Diáguilev, quien pidió a Vaslav Nijinsky realizar la coreografía. A 103 años de aquel polémico y poco entendido estreno podemos y debemos resaltar la maravillosa música creada por Stravinsky y la tremenda dificultad que supone realizar coreografías sobre temas y estructuras musicales que remiten de inmediato a lo primitivo, pero que en un sentido más profundo poseen una complejidad tanto rítmico–melódica, como temática.

La coreografía de Nijinsky fue poco comprendida y mal recibida por la crítica. La música gozó de mayor aceptación en las audiencias, pero representó —y representa— un reto para los creadores de danza. A partir de su controversial estreno, múltiples coreógrafos y compañías han tomado el reto de montar la obra, con mayor o menor éxito y aceptación del público; hacerlo implica una indagación intensa sobre la naturaleza primigenia del ser humano y su representación en escena a través de movimientos que dibujen y representen esta naturaleza.

Coreógrafos como Pina Bausch, Maurice Béjart, Gloria Contreras y Xavier Leroy han tomado el desafío, y varias compañías como el Ballet Nacional de Cuba o el Joffrey Ballet tienen también en sus repertorios esta pieza musical que alude, como lo explicara el propio Stravinsky, a rituales primitivos que celebran la llegada de la primavera, entre los que se incluye un sacrificio humano. No todas las coreografías retoman el tema del sacrificio, pero sí abordan el tono ritual, comunitario y tribal propuesto en la partitura.

El escritor Alejo Carpentier dedicó su última novela a una disertación sobre la historia social del ser humano tomando como eje conductor precisamente la obra de Stravinsky, y haciendo énfasis en la dificultad que ha implicado a través de la historia crear coreografía para la pieza, así como ha costado a la humanidad volver a los principios básicos sobre los que hemos fundado a la sociedad. La protagonista de la novela de Carpentier, una bailarina que transita por el mundo y sus conflictos, experimenta una serie de frustraciones al no conseguir una pieza danzada que verdaderamente empate con el carácter planteado en la pieza musical. Esta batalla coincide con sus esfuerzos no solo por entender una partitura, sino la historia misma del ser humano y su sociedad. Visita múltiples naciones, se confronta con diversas ideologías, padece guerras y revoluciones, conoce los distintos estilos de danza de las latitudes por las que sus circunstancias la conducen, y es en la Cuba prerrevolucionaria en donde agrupa a un conjunto de jóvenes en quienes encuentra la esencia telúrica que la obra musical requiere. Es en los cuerpos de los latinoamericanos donde la protagonista de Carpentier mira por fin la relación profunda con la música ritual de Stravinsky.

Ciento tres años de una pieza viva que despierta el instinto humano.