Soy una heterodoxa: Clara Janés

Entrevista
La poeta y traductora barcelonesa, Clara Janés ocupará la silla U de la Real Academia de la Lengua Española.
La poeta y traductora barcelonesa, Clara Janés ocupará la silla U de la Real Academia de la Lengua Española. (Especial)

La poeta y traductora barcelonesa, autora de Lapidario, Fósiles y Creciente fértil, entre otros libros, ocupará la silla U de la Real Academia de la Lengua Española, cargo que alternará con la escritura de ensayos y libros de viaje. En esta conversación, hace el elogio de las muchas vidas de las palabras y de su oficio de traductora

La escritora Clara Janés (Barcelona, 1940) fue electa en 2015 para ocupar la silla U de la Real Academia de la Lengua Española. Dueña de una obra vasta, polifacética y compleja que abarca, además de la poesía, la traducción, la novela, el libro de viajes y el ensayo, es considerada una de las figuras centrales de la poesía española contemporánea. En esta conversación comparte el significado de tal acontecimiento en su vida, y los retos por venir.

Es la décima mujer electa miembro de la Real Academia de la Lengua en España. ¿Qué supone esta distinción?

Soy la décima en 300 años. Es un honor, por un lado; por otro, es una gran responsabilidad y supone que debo poner todo mi esfuerzo, todas mis reflexiones sobre el lenguaje para poder aportar algo a la Academia. De hecho, ya estoy haciendo una lista de palabras que no están en el diccionario, para llevarlas y discutirlas. Se pueden traducir. Palabras nuevas o antiguas. Por ejemplo, una palabra que sale en el barroco es jiraspes; no está en el diccionario y casi nadie sabe lo que es. Puede ser una forma de papel, una forma de bordado. Hay que definirla. Se utiliza para referir a las imágenes en Semana Santa. Si me aceptan esta palabra, me pongo a investigar y me voy a un imaginero a ver si sabe su significado, porque esta palabra la he encontrado en un poema del siglo XVII.

¿Se sigue usando esta palabra en la tradición popular?

Creo que sigue en uso porque en Internet aparece esto: se utiliza para papeles y bordados en las figuras que salen en las procesiones de la virgen en general. Pero no hay una imagen.

¿Y su contenido?

Hay que ir al lugar. Para saber más tengo que ir y ver: me voy a Córdoba y busco quién me explique exactamente su contenido; hablo con el que se ocupe de estas imágenes, si es que lo sabe.

Antes de este reconocimiento, ¿cuál era su percepción de la Academia?

He oído algunos discursos de los nombramientos de académicos. Fui al de Carlos Bousoño, al de Claudio Rodríguez y al de alguno más. Me parecían actos muy solemnes, tan solemnes que cuando estás fuera no puedes percibir lo que hay en su interior. Luego seguí de cerca el momento en que se nombró a la primera mujer. Estaban en lid Carmen Conde y Rosa Chacel. Fue una cosa terrorífica en la prensa. Digamos que como si se produjeran enfrentamientos encarnizados. Las dos tenían categoría pero, a mi juicio, Rosa Chacel tenía más categoría para ser académica, y no fue así. Este tema de la Academia lo veo todavía muy de lejos, en el sentido de que no he entrado aún: hasta que no haga mi discurso no soy más que académica electa. No soy de número. Cuando voy allí, no puedo ocupar el puesto de los académicos, sino entre los otros, los que no son de la Academia. Por ejemplo, el 13 de marzo, cuando dio su discurso Félix de Azúa, estuve al lado del presidente de la Academia de Ciencias, no del de la Real Academia Española. Y me he encontrado en los actos a los que he ido, que son muy pocos, con académicos correspondientes, de academias hispanoamericanas. El lugar es otro. Lo que yo pueda hacer mientras tanto es casi nada. Tengo una presencia pero participaré hasta que haga mi discurso.

¿Cómo percibe su obra, vasta y polifacética, que ha mirado lejos y tiene gran cercanía con Oriente y su tradición mística, en el contexto del ingreso a la Academia?

No puedo valorarlo porque cuando he actuado, o he hecho algo, ha sido por el móvil. No me he propuesto un reconocimiento ni nada semejante, sino más bien un descubrimiento. Soy una descubridora y alguien se ha fijado, desde luego, en mis traducciones: me dieron un premio nacional de traducción, y tengo muchísimos reconocimientos como poeta. ¿Qué es lo que ha contado para que me hagan académica? Creo que la insistencia para que haya más mujeres en la Academia.

Me meto en cosas cada vez más complicadas. Me digo: esto aún no se ha dado a conocer. Por ejemplo, cuando hice la traducción de la poesía de Schrödinger, nadie sabía que existía. ¿Cuántos libros de la poesía de Schrödinger hay publicados en el mundo? Uno que hizo en 1949. Después hay algunos poemas recogidos, entre otras cosas, pero nadie ha hecho un libro exclusivamente con traducciones de poesía de Schrödinger.

Lo mismo pasó con los poetas persas contemporáneos. En España no había traducciones. Doy con esto a través de los clásicos y la música persa contemporánea. Veo que hay una música fantástica en la actualidad. Pienso: con una música tan buena tiene que haber una gran poesía persa actual. En efecto, la encuentro; he traducido a los antiguos. Y ahí aprendí el persa para poder, con otra persona, entrar en la lengua. Así lo hago. Casi todo lo que voy haciendo es así. Cosas poco conocidas. Nadie conocía la poesía de Bobrowski, un poeta alemán extraordinario, después de Trakl. Es el que da un paso estilístico. Primero le encargo a mi hermana, que es germanista, una traducción para la colección que dirijo, Poesía del Oriente y del Mediterráneo, pero el siguiente paso es hacerla con ella. Busco este primer paso, abrir una puerta. Lo demás, si viene, es bienvenido.

¿Ha llegado a su poesía esta recuperación de poetas importantes pero desconocidos en castellano?

Más que influencias los llamaría maestros. Por ejemplo, no puedo decir que la poesía de Hafez me haya influido pero ahí he hecho un trabajo enorme. Imagínate traducir un poema de Hafez que suene casi como el original, a base de oír, a base de transcribir fonéticamente. Es mucho trabajo: quiero expresar algo y mis herramientas son limitadas. Encuentro a otro poeta, que es Holan, quien me da más herramientas; ahí sí. Pero es un maestro; no es que sea una influencia. Es que expresa lo que quiero de una manera muy superior.

Luego hay otros casos: las confluencias de las que hablaba Günnar Ekelof, quien me parece un poeta fabuloso. Dice que no se trata de influencias sino de confluencias. Esto sí tengo: confluencias; las tengo con el mismo Gunnar Ekelöf, de quien acabo de sacar un libro, que es un mono–diálogo con él. Tengo confluencias con António Ramos Rosa. Cuando investigo lo que es la ciencia y la poesía, me encuentro con Ramos Rosa, quien adivino que está en el mismo tema. Lo voy a ver, le hablo de lo que entiendo, y a cada cuarto de hora se levanta y me da un libro, entusiasmado de ver cómo lo he entendido. Fue una cosa alucinante. Entonces sí, son confluencias porque estoy en unos temas, y de repente encuentro las afinidades. Claro, esto de un modo u otro te alimenta.

¿El contacto con estos maestros ha llevado a una transformación de su poesía?

Sí, pero se transforma no por los maestros. Se transforma porque lo que tienes que decir es distinto. Es decir, ¿qué es la poesía? Uno se lo pregunta continuamente. La poesía es música, es ritmo; es manifestación y es diálogo. ¿Qué quieres manifestar? En mi caso, primero un modo de estar en el mundo, y cómo me encuentro frente a otro hombre que no responde a lo que yo quiero que responda, que no me contesta. Hay ahí un estado de rebeldía. La poesía es un grito de rebeldía.

De repente, la contemplación de un animal me sitúa en la naturaleza. Lo que quiero contar ahí es muy diferente. Entonces voy a buscar las herramientas para contar lo que quiero. Voy a los clásicos. Me releo todos los sonetos habidos y por haber. Surge Lapidario, surgen Fósiles. Todo esto está relacionado con lo que quiero contar, con el objeto. El objeto o el animal o el otro que no es hombre requieren un tratamiento estilístico diferente. Y qué sucede: del animal, la planta, el árbol, paso a las estrellas, primero por una etapa de erotismo, lo cual también requiere otro tratamiento. Me identifico, por ejemplo, con todos los dioses de la fertilidad de Mesopotamia, como en Creciente fértil. Tomo simbolismos, personalidades, dioses, representaciones. Eso me ayuda. En esto te vas significando, no con un estilo concreto sino con un símbolo, con toda una alegoría que va surgiendo. Aparece así Creciente fértil y también Los secretos del bosque, una leyenda inventada, basada en la alquimia. Y otra leyenda que tomo es la de Layla y Machnún en Diván del ópalo de fuego.

Vas aprendiendo según lo que quieras manifestar. Cuando doy el salto al tema de la ciencia, al libro que hago con Chillida, el concepto va dominado y dando forma. Interpretas qué quiere decir espacios sonoros. Quiere decir, como dice Basarab Nicolescu, que el vacío está lleno de vibraciones. Ahí voy entrando, y después hago el homenaje a Sor Juana en Orbes del sueño. Intencionadamente hago un viaje celeste en busca del conocimiento, igual que el Primero sueño de Sor Juana, que parte del Sueño de Escipión de Cicerón, que está relacionado con el Itinerarium extaticum de Athanasius Kircher, y con el Paraíso de Dante, etcétera. Hay aquí un trabajo complejo en el cual mezclo intereses científicos de sabios con mis poemas, todos relacionados con el cosmos. Luego doy un salto final, y viene por sí solo el conocimiento como forma de gozo. También está relacionado con la ciencia, y surge Ψ o el jardín de las delicias.

Como traductora y como poeta tiene herramientas; son las mismas pero utilizadas de otra manera. ¿Son caminos que se van encontrando?

Se encuentran porque la sensibilidad es la misma. Si para un libro puedes dedicar diez horas buscando una palabra —a mí me ha pasado—, a lo mejor para una traducción también. Eres tú misma la que traduce y es el mismo rigor, el mismo planteamiento el que ejerces.

Su obra, cobijada por afinidades, maestros, confluencias y saberes diversos, va a pasar a la Academia a través de un discurso de asunción. ¿Cómo piensa abordarlo?

En el discurso tienes que hacer un elogio del señor que ocupaba el sillón antes que tú. Yo voy a ocupar el U, de Eduardo García de Enterría, abogado y luchador por los derechos humanos. Escribió poesía y le interesaba todo.

Hay un tema que hace mucho tiempo me martilla, la relación del Cantar de los Cantares, fray Luis de León, san Juan de la Cruz y Benito Arias Montano. Es una cosa que se sabe pero no se conoce a fondo. Quiero hablar de traducción: ¿por qué, por ejemplo, se prohibió la traducción de la Biblia del hebreo y se impuso la vulgata latina?

¿Cómo es que el personaje de Salomón en el Cantar de los Cantares pasa a la cultura islámica? Pues bien, resulta que este señor García de Enterría se ocupó, entre otros temas, de fray Luis de León.

También hay otra cosa mágica: ¿quién es el primer señor que me felicita por lo de la Academia? Un joven llamado Álvaro Enterría, que conocí en Benarés, y tiene una editorial que me ha publicado un par de libros en la India y en inglés. Y me escribe: “Estamos contentísimos, yo y mi familia, porque vas ocupar el sillón de mi padre”. Inimaginable. Me escribe también la madre, contenta, y dice: “Te vamos a mandar algunos libros”. El primer libro que llega es Hamlet en Inglaterra. Hamlet, ¡mi personaje de toda la vida! Abro el libro y entre una serie de artículos se encuentra “Fray Luis de León y la Inquisición”.

¿Cómo podría afectar un reconocimiento así un trabajo como el suyo, que ha sido tan independiente y libre?

Va a seguir siendo independiente y libre. Si no, renuncio. Eso lo tengo muy claro. Voy a seguir como hasta ahora, trabajando con el persa, entre otras lenguas; con la poesía y la ciencia. A ver qué sale. Habrá cosas bonitas. Espero que esto no me perturbe. Sé que la obligación es ir un jueves al mes a las sesiones. Puedes ir todos los jueves, si quieres. No es una cosa que pueda perturbarte tanto, ¿no crees? Soy una heterodoxa.

¿Llegará a contaminar un poco el ambiente de la Academia con la heterodoxia de su plurilingüismo que vincula, entre otras cosas, poesía y ciencia?

Cada vez está más claro que hay muchos puntos de unión entre estas dos. Pregunto siempre por el tema de la conciencia. Acaban de pedirme que escriba un artículo sobre la conciencia. Bueno, pues leyendo a los filósofos que hablan continuamente de que si el objeto, que si el sujeto, de repente me acuerdo de la pregunta sobre si en este mundo eres libre o no eres libre; esto es algo que se pregunta Einstein y responde que ninguna persona es libre. Dice que va siguiendo a Schopenhauer, quien asegura que uno, por supuesto, puede decir quiero, pero ¿puede ser libre este querer? Él dice que no. Y Einstein dice que el destino del hombre está en sus glándulas endocrinas. Su matiz es distinto y yo estoy más cerca de Einstein, pero hay una frase del Mahabharata,que es fantástica. Dice: “El destino es poderoso pero la acción es igualmente poderosa”. Ambos juegan un papel prominente, pero la acción es más potente que el destino. Es la acción la que da forma al destino. George Steiner dice que la conciencia es una cuestión de electromagnética, que pronto sabremos lo que es. ¿Qué es lo que dice Schopenhauer? Que en la conciencia hay algo exterior que te impide la libertad. El Mahabharata tiene razón: uno puede llevar a cabo un acto que cambie el destino.

Estamos hablando de diferencias muy sutiles, infinitesimales, entre los seres.

En las plantas, en los animales, ¿entra la razón? No entra la razón. Pero sí la sensibilidad. Son entes sensitivos y actúan con su sensibilidad. El ser humano tiene la razón. Hay una diferencia muy sutil pero enorme porque te permite el pensamiento; te permite la manifestación. Es donde todo está mezclado; es el lenguaje, que es tan importante. ¿Qué es primero, el lenguaje o el pensamiento? Tienen que ir juntos y desarrollarse a la vez.

Son búsquedas muy profundas.

Pero son las búsquedas, quieras o no, que te aparecen en una traducción. ¿Por qué se ha usado cierta palabra? Ahora que estamos traduciendo un artículo de Einstein con Félix Schmelzer, encontramos una palabra que hemos traducido, en principio, como “cosa rara”, pero la leo en alemán y veo que podría denominarse como “cosa curiosa”. No hemos utilizado la palabra “rara”, sino “curiosa”, que es la que usó Einstein. Es una diferencia mínima pero importante.

 ¿Hay algo en particular que te gustaría hacer en la Academia?

No puedo saberlo, hasta que entre, y mientras tanto no sé cómo funciona este cuerpo. Es un misterio para mí. Pero haría un diccionario de las letras como símbolos científicos y matemáticos. ¿Te gusta? Por ejemplo, ¿qué significa la letra Psi (Ψ)? Significa la función de onda. Hay muchas cosas que no sabemos y que tendrían que estar en un diccionario. Pensamos que este lenguaje está reservado a los científicos, pero no debe ser así, porque de este modo no podremos conocerlo.