Cuando los cisnes deben protestar

Danza.
Cuando los cisnes deben protestar.
Cuando los cisnes deben protestar.

La nota que en días recientes ocupó la agenda dancística nacional e incluso trascendió al ámbito internacional fue la del conflicto laboral desatado en la Compañía Nacional de Danza, la más importante del país. Esta crisis laboral propició una cascada de opiniones, manifestaciones de apoyo y, por supuesto, una seria reflexión sobre las condiciones laborales bajo las que trabajan los hacedores de danza en México, pues si la compañía con mejores prestaciones para bailar atraviesa una crisis, qué se puede decir de compañías con menor apoyo o, peor aún, de los proyectos independientes.

Los bailarines de la Compañía Nacional de Danza arrojaron sobre la mesa muchos temas relevantes sobre el funcionamiento de las compañías profesionales y sus respectivas direcciones, ya que en muchas ocasiones se confunde el valor que la disciplina tiene para los ejecutantes de danza con el de la obediencia ciega y sin sentido, y se cae con facilidad en el acoso laboral y el trato indigno.

También evidenciaron una situación por todo el gremio conocido, pero que no suele cuestionarse y menos se actúa por modificarla; esto es, la dinámica insana de someter a los bailarines a una competencia muchas veces desventajosa por conseguir un lugar en las compañías o proyectos que ofrezcan condiciones mínimas para trabajar, proceso que se convierte en una verdadera carnicería pues la mayoría de las veces los bailarines se ofrecen por menos de lo que dignamente corresponde, convirtiendo la dinámica en un círculo vicioso de trabajar por lo menos posible “con tal de bailar”. Esto deriva además en una forma de trabajo marcada por la amenaza constante de no quejarse y aceptar malas condiciones laborales para no perder el puesto.

Esta situación dramática, por decir lo menos, empobrece las condiciones materiales bajo las cuales los bailarines desarrollan su trabajo, pero también infecta el desarrollo escénico de la danza puesta en escena. ¿Cómo podemos aspirar a procesos artísticos creativos y propositivos de las compañías de danza cuando lo que primeramente importa es garantizar el trabajo? Los factores artísticos e interpretativos pasan, evidentemente, a segundo término.

Otros grupos artísticos que comparten muchas de las dinámicas viciadas que aquí hemos planteado padecen esta condición, a la que sumo, por último, la designación de directivos que aunque hayan pasado por el medio o hayan sido parte de las compañías que ahora dirigen, o conozcan las generalidades del medio artístico, carecen completamente de la sensibilidad, inteligencia y preparación para dirigir, tomar decisiones y, sobre todo, anteponer el interés de los espacios que encabezan sobre sus personalidades. Muchos de ellos no se despojan de su ego para subordinarse a las necesidades de un proyecto de mayores dimensiones y son incapaces de reconocer un camino erróneo. Es entonces cuando los cisnes escapan del cuento y deben protestar.