Hay un estigma justificado hacia las clases altas: Santiago Mohar

Entrevista 
Santiago Mohar, director de Los Muertos, platicó sobre su más reciente película.
Santiago Mohar, director de Los Muertos, platicó sobre su más reciente película. (Especial)

Un accidente cambia el sentido de una noche de juerga. Inmersos en un escenario de violencia y pasividad, los personajes de Los muertos deberán de replantear su sentido de la vida. Bajo la influencia de Roberto Rossellini, el realizador Santiago Mohar estrena su segundo trabajo, un filme que se erige como una metáfora sobre la apatía y el caos social.

¿Por qué hacer de la muerte el tema de la película?

Escribí el guión hace más de tres años. Surgió de las ganas de reunir en una misma película una serie de sucesos que me ocurrieron a mí y a otras personas cercanas para después contrastarlos con mi percepción de México. Quería hacer referencia a dos muertes, una literal y otra alegórica, sobre quienes son insensibles a lo que pasa a su alrededor.

Cuando habla de sucesos personales, ¿a qué se refiere?

A la muerte de familiares por situaciones vinculadas con la delincuencia, de amigos por situaciones accidentales que se retratan en la película.

¿Por eso es que la cinta ocurre de noche?

La noche aporta oscuridad y misterio. Quería transmitir la sensación constante de que algo está por ocurrir.  

En paralelo, otra lectura del filme se relaciona con una crítica a los juniors.

Nunca pensé en hacer una denuncia deliberada, no era una de mis preocupaciones. Creo que si se lee de esa manera es por la forma que tenemos de relacionarnos con estos temas y la polarización que vive el país. Hay un estigma justificado hacia las clases altas y sus formas de vida, dadas las condiciones de desigualdad en México. Pero al menos en mi cine éste es el hábitat natural, no lo hago como una forma de crítica.

¿Qué dificultades le supuso hacer una película coral?

Me permitió dibujar mejor el entorno y remarcar los contrastes sociales y de punto de vista. Además, me gustó la idea de contar una historia que paulatinamente va eliminando a los personajes hasta llegar a uno solo que es quien lleva la carga ética del filme.

La carga ética a la que se refiere es muy subjetiva.

Cierto. La abstracción del plano final tiene diferentes interpretaciones. El protagonista se mete a la alberca y no sale. Mi idea era construir una metáfora acerca de un hombre que renuncia a todo lo visto anteriormente.

El riesgo de esta estructura coral es dejar cabos sueltos.

Sí, pero tampoco es algo que me importara demasiado. Quería abandonar a los personajes y no cerrar todas las tramas. Creo que así despiertas la imaginación y permites que el espectador desarrolle su intuición.

Hay también un notable apoyo en elementos de luz y música como generadores de atmósferas.

Apenas terminé de escribir el guión trabajé la banda sonora con el músico. Las composiciones fueron muy estudiadas; mi propósito era usarlas como contrapunto, generar una antisonancia o una extrañeza tonal que permitiera ser más distante y analítico respecto a la imagen.

Hay una clara intención por hacer de la calle un personaje, incluso algunas tomas me hicieron recordar Los caifanes.

Vi Los caifanes por recomendación de un colaborador. Quería pensar en la ciudad de una forma distópica, como lo hace Rossellini en Alemania, año cero, donde por momentos la cámara se independiza de lo que es narrado para construir nuevas metáforas y darle un sentido colectivo a la tragedia individual.

Tanto su película como Güeros son piezas que apelan a una nueva forma de contar la Ciudad de México. ¿Hace falta una nueva narrativa de la metrópoli desde el cine?

Hace falta impulso para incluir a la Ciudad de México y al país como personajes. Me gusta el cine que acerca a las personas con el lugar donde viven.